Andalucía Cicloturismo

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Cerrajón de Murtas: el hermano pequeño ha salido respondón.

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Estado del firme:**

Dureza:****

Volumen de tráfico:*

Consejos y sugerencias: paciencia y desarrollo adecuado para domeñar un puerto tan largo y con tan fuertes pendientes.

Vista desde el tramo central de tierra de 2,6 km. de longitud.

El “repentismo” en Murtas –en general en la Contraviesa- es un arte bien dominado por los trovadores que en sus cánticos populares improvisan versos en respuesta a los de su contrincante lírico, creando así una suerte de duelo dialéctico cantado con el acompañamiento de música folclórica. Pues bien, imaginemos que, como si de un trovo alpujarreño se tratase, el Cerrajón de Murtas, quizás la cima más emblemática de la Sierra de la Contraviesa, “repentizase” unas rimas en réplica a su hermano mayor, la Sierra de Lújar, y dejemos que el acompañamiento en este caso corra por nuestra cuenta y el de nuestra flaca… Os prometemos que el Cerrajón resultará un “contestatario” de altísimo nivel.

Las ruinas de la Venta del Chaleco desde la carretera que asciende al Cerrajón de Murtas.

Hasta su cima se asciende desde la encrucijada entre Murtas, Turón y Albondón donde aún se encuentran los restos ruinosos de la Venta del Chaleco a casi de 1.300 m. de altitud. Las posibilidades de acceso a Venta del Chaleco viables para nosotros son, pues, diversas y todas ellas de gran belleza y dureza. Sin embargo, ha sido el asfaltado del camino rural “Vista Alegre-Murtas” –aún por concluir en 2,6 km.- lo que ha convertido esta subida en todo un reto para cualquier cicloturista.

El arreglo de este camino rural, con tramos de asfalto y hormigón, nos permite ascender por esta nueva y durísima vertiente de Venta del Chaleco.

Sus números con casi 25 km. de longitud, más de 1.500 m. de desnivel y rampas que superan ampliamente el 20% hablan muy a las claras de la magnitud de la empresa que supone ascender este auténtico coloso.

Anodino inicio juntoa al mar (y los invernaderos) a la salida de El Pozuelo en dirección a Albuñol.

Para ello buscamos el punto de inicio más bajo posible, por lo que nos dirigimos hacia la localidad costera de El Pozuelo, una pedanía de Albuñol, y nos situamos junto a unas naves en sus afueras a una cota de 4 m. sobre el nivel del mar. Entre invernaderos ascendemos casi imperceptiblemente en dirección a la Rábita y Albuñol hasta que llegamos a un cruce en el que se nos advierte que la carretera está cortada. Se trata de una antigua incorporación a la N-340 y es este acceso el que está realmente cortado; sin embargo, nosotros encontramos salida girando a la derecha en una especie de rotondilla y pasando por un túnel bajo la mencionada nacional y la autovía en obras. Nos encontramos ya de lleno en la subida al puerto y, por si quedaran dudas, han colocado un cartelón que nos anuncia el camino de “Vista Alegre-Murtas”.

Al salir del túnel -y en su interior- las rampas se violentan.

Al salir de la rotonda y entrar en el túnel el firme pasa a estar compuesto de hormigón, característica ésta que se repetirá en varias ocasiones, tratándose de una de las peculiaridades de este puerto.

La carretera se ha estrechado (unos 3,5 m. de ancho aproximadamente) y la pendiente se dispara hasta el 20%. Afrontaremos casi 3 km. en que, a pesar de los descansillos, la pendiente media se sitúa ampliamente por encima del 10%.

Cierto que el paisaje en este tramo no acompaña, pero es que difícilmente podremos retirar los ojos del suelo con estas pendientes.

El desangelado paisaje que suponen laderas cubiertas de matorral se completa con continuos invernaderos. Es de suponer que la finalidad del camino sea la de dar salida a los productos que en ellos se cultivan, así que tampoco vamos a quejarnos por ello. Además, las fuertes rampas permiten ganar altura en un pispás, lo que unido al curveo nos hará gozar pronto de unas magníficas vistas sobre la costa y la rambla de Albuñol. Bueno, eso si podemos despegar la mirada del suelo, pues el segundo tramo de hormigón es de los más exigentes… Con rampas al 24% difícilmente podremos perder de vista la carretera.

En el cemento la pendiente se dispara hasta el 24%.

Por suerte se cierra este trecho con un descansillo –el puerto nos ofrece múltiples, como veremos-, aunque apenas nos hemos recuperado del “susto”, cuando vuelven a encenderse las alarmas. Y es que la trepidante continuidad de las empinadas rampas disparará nuestras pulsaciones a pesar de que apenas seamos capaces de rodar a más de 5 ó 6 km./h.

Pedaleamos en vertical por cemento, bastante irregular en este punto, y asfalto hasta coronar la loma del Hornillo, donde pondremos punto y final a este terrible inicio, aunque el puerto no ha hecho más que comenzar.

Ni todos los tramos de cemento son cuesta arriba, ni todos presentan un buen firme. Aquí, evidentemente, vemos un ejemplo de lo segundo.

El siguiente kilómetro, a pesar de que su pendiente media es de apenas un 2%, es de todo menos llano: varios descensos y repechos con fuerte pendiente se suceden. Si bien es cierto que ahora sí que vamos a poder coger aire y soltar las piernas. El entorno más próximo apenas mejora, aunque aparecen las primeras vistas de las cumbres de Sierra Nevada y el pueblo de Albondón encaramado en la Contraviesa. La rambla de Albuñol, tapizada de plástico por doquier queda ya muy abajo.

En la señal de stop llegamos a el cruce hacia La Tejera, una variante de la subida aún por asfaltar completamente. Giramos a la derecha y vuelven las rampas de cemento.

Pero esta relativa comodidad se acaba al llegar al cruce de La Tejera, otra posible variante durísima de este puerto, por cierto, aunque su inicio remonta una rambla y no está asfaltado. En este cruce, el retorno del cemento no puede ser más que nuncio inequívoco de elevados porcentajes: por suerte, tras trazar dos terribles herraduras volvemos a falsollanear.

Pero al punto nos vamos a sumergir en otros 3 km. de considerable dificultad, rampas del 17% y de hasta el 20% en una doble paella nos dejan a las puertas de una de las distintas aldeas que atravesaremos, La Balsilla. El entorno, ahora sí, más hermoso, más rural, por así decir, comienza a atraparnos. Cambiamos los invernaderos por almendros, higueras y, más arriba, por vides: la tríada de la Contraviesa.

Llegamos a La Balsilla, primera de las aldeas que nos encontraremos.

Acelerados por ladridos de perro, dejamos luego la aldea de Casafuerte y nos adentramos en un tramo de cemento de elevada pendiente media, aunque en buen estado, por donde a fuerza de herraduras trepa la carretera sin dar tregua. Por desgracia, antes de coronar el altillo nos vamos a quedar sin hormigón y sin asfalto: los próximos 2,6 km. hasta el término municipal de Murtas están aún por pavimentar, aunque esperamos que no por mucho tiempo.

Herraduras enlazadas en el durísimo kilómetro a casi el 12% de pendiente media por pista cementada.

En cualquier caso, seguimos por una pista de tierra en buen estado y pasamos junto a lo que parece ser un cementerio, de considerable tamaño para lo que son las aldeas cercanas. En efecto, se trata del cementerio de La Ermita, que al decir de los lugareños más ancianos, se trata del más antiguo de toda la comarca. A nosotros, ciertamente, nos ha evocado imágenes propias del spaghetti western.

Junto al cementerio de La Ermita, ya en tierra, iniciamos un corto tramo de descenso.

Descendemos unos cientos de metros hasta el cruce hacia La Ermita, cortijada en la que, según parece, se hallan unos restos de época romana. Pero nosotros vamos a seguir en línea recta para retomar el ascenso hasta coronar la Hoya de Guillén y abandonar el término municipal de Albuñol. A la dificultad intrínseca de pedalear por tierra se añade la fuerte pendiente que en puntos vuelve a situarse en un 20%. Motivo doble de alegría, pues, reentrar en el asfalto.

Viñedos en pleno ascenso a la Hoya de Guillén.

Acogido con entusiasmo el firme, más antiguo e irregular que el del inicio del puerto, buscamos nuestro siguiente objetivo, que no es otro que el de llegar hasta El Collado, aldea que podemos atisbar encaramada a una loma desde el corto descenso de Cerro Cañas. Toca subir más y sufrir mejor, sobre todo al inicio… ¡y aún queda casi la mitad del puerto! Si bien es cierto que lo más duro, excepto por las rampas finales, ya ha pasado. Ha llegado el momento de disfrutar de verdad de una subida como ésta a la vez que empezamos a ser conscientes de su verdadera magnitud.

Descendemos Cerro Cañas y vislumbramos, coronando una loma, las casas de El Collado.

El Collado es una pequeña cortijada aneja a Murtas con poco más de una docena de habitantes, aunque curiosamente fue éste el sitio que escogió como morada el antropólogo suizo Jean Christian Spahni, autor de La Alpujarra, la Andalucía secreta,  mediados los años 50 para adentrarse en la cultura y tradiciones de esta comarca y sus gentes.

Llegamos a El Collado. Cualquiera diría que se trata de una aldea fantasma.

Desde aquí apenas sí quedan un par de kilómetros ascendentes hasta llegar a la GR-6202, que enlaza Turón con Venta del Chaleco. La noticia es que no hay rampas que superen el 10%, que ya es decir. En una herradura a izquierdas, junto a una finca de excepcionales vistas, enlazamos, aunque la subida se prolonga varios cientos de metros más en un espectacular cresteo. Por carretera ancha, aunque rugosa, encontramos, por fin, un descanso digno de llamarse así antes de afrontar la subida hasta Venta del Chaleco: 1,5 km. de descenso dan paso a poco menos de 2 de km. que rondan siempre el 8% de pendiente media.

Ya en la GR-6202, carretera más ancha, camino de Venta del Chaleco.

Una amplia herradura a izquierdas nos sitúa a 1.317 m. de altitud, punto en que coronamos, con el Cerrajón de frente, uno de los puertos de paso más duro de toda la península, si bien hasta el cruce en que se hallan los restos de la antigua venta habrá que descender.

Coronamos Venta del Chaleco, unos cientos de metros antes del lugar donde se ubican los restos de la antigua venta.

Pero, siempre que se puede seguir subiendo más alto, allá que vamos: y es que un cartel en el mismo cruce nos indica el camino hasta el mirador del Cerrajón. Inicialmente el asfalto está deteriorado, aunque justo cuando se pone peor, nos desviamos a la derecha por una pista impecablemente cementada. Una tregua da paso a rampas de consideración y a un nuevo cambio del paisaje, pues nos adentramos en un joven pinar de repoblación: es así como las únicas sombras de todo el puerto las hallamos al final.

Seguimos subiendo por la pista cementada que accede hasta el mirador de El Cerrajón de Murtas.

Nos toparemos con varios cruces hormigonados, el primero a izquierdas se pierde en alguna cortijada, el segundo a derechas baja hasta Murtas. Al poco se allana la pista y de inmediato llegamos a una antena. Aquí podríamos dar por concluido nuestro ascenso, pues para seguir subiendo, habremos de hacerlo por una pista de tierra que, si bien es cierto que alterna tramos de cemento –el último de extrema dureza-, no se encuentra en buen estado. Pero como sólo restan 600 m. hasta el mirador del Cerrajón, decidimos seguir hasta su cima, aunque haya que descabalgar en algún punto… No hemos nadado tanto para morir en la orilla.

Los últimos 500 m. de ascenso alternan tramos de tierra prácticamente impracticables con tramos de cemento en buen estado. A pesar del aspecto que presenta, merece la pena caminar un poco.

Y es que, una vez arriba, no nos vamos a arrepentir de haber llegado hasta allí pese a todo: espectaculares fotografías de toda la Alpujarra, con la mayoría de sus municipios a la vista… “Alpujarra es todo aquello que se ve desde el Cerrajón de Murtas”, (Pedro Antonio de Alarcón): el Mediterráneo al Sur y en días claros África; al Norte Sierra Nevada; al Este el embalse de Benínar con la Sierra de Gádor y al Oeste las de Tejeda, Almijara, el Chaparral y Lújar.

Se nos termina la carretera a la vez que la montaña, no sin despedirnos con una rampa de más del 20%.

Esta última, reconocible fácilmente por sus antenas, parece seguir retándonos desde la distancia… Pero nosotros, a decir verdad, hemos tenido suficiente “trovo” por esta vez.

GALERÍA FOTOGRÁFICA.

Mapa:

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