Andalucía Cicloturismo

La doble eme: rutas, altimetrías de puertos de Andalucía… Y mucho más.


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Puerto del León por Olías, tres puertos para ganar Los Montes.

Estado del firme:****

Dureza:**

Volumen de tráfico:**

Consejos y sugerencias: ascenso muy ameno, aunque no está mal reservar energías hasta poco después de Olías, punto en que la pendiente se ve incrementada. Como siempre en los Montes recomendamos hacer ruta a finales de enero o principios de febrero para disfrutar de los paisajes blanqueados por la flor del almendro.

Bellísima estampa camino del puerto de Olías.

No son muchas las capitales españolas que gozan de las bondades de costa y de las del monte al mismo tiempo y, desde luego, menos aún de un clima tan benigno como el que encontramos en Málaga.

Esta singularidad hace del León uno de los puertos de primera categoría más apetecibles del territorio peninsular, por lo menos en lo que respecta a la vertiente cicloturista de nuestro deporte.

En las afueras de El Palo remontamos junto a la rambla de Gálica.

La archifamosa carretera que partiendo desde la misma capital, concretamente desde Fuente Olletas, remonta las faldas de los Montes de Málaga en dirección a Colmenar, no va a ser en este caso el motivo de esta entrada, sino la que desde los confines orientales de la Barriada de El Palo toma su inicio, más estrecha y revirada aún, camino de la malagueña pedanía de Olías hasta el puerto de la Bolina, encrucijada que nos dirige hasta Comares o hasta la Venta Galwey, donde viene a confluir con la que nace en Olletas.

En el mismo cruce de la antigua N-340, justo a la entrada de la Barriada de El Palo, próximos a la rambla de Gálica, encontramos la A-7001 que nos conduce hasta Olías.

Nos encontramos en la parte más oriental de la capital malagueña, aunque se trata de un barrio histórico en que han aparecido numerosos restos arqueológicos iberos, fenicios, romanos, árabes… Prácticamente todas las civilizaciones que han pasado por nuestra tierra han dejado huella en El Palo que, en cualquier caso, es famoso hoy día por sus playas y sus chiringuitos: cultura, turismo y gastronomía de la mano.

Carretera estrecha, trazado sinuoso y unas magníficas panorámicas.

Al tomar la carretera de Olías, ya vamos a seguir un sentido ascendente, aunque de forma muy tenue, hasta que dejamos a nuestra derecha la salida a la autovía. Es precisamente en ese punto donde empezamos a notar el inicio real del puerto con un primer kilómetro al 7,5% y puntas que alcanzan hasta el 10%, aunque pronto la pendiente se va a estabilizar en torno al 6% hasta coronar el primero de los tres altos de que consta el ascenso.

El trazado durante este inicio es muy revirado, de constante curveo, por una preciosa y estrecha carretera, que apenas llega a los 5 m. de ancho.

El mar y los montes. La Bahía de Málaga, un entorno privilegiado del Mediterráneo.

Raudos ganamos altura y ello, junto con el mencionado culebreo, nos va a permitir observar unas magníficas vistas: una amplia ensenada se adentra desde el mar hacia la costa propiciando el lugar idóneo de emplazamiento para una ciudad. La Bahía de Málaga ha visto crecer una de las ciudades más florecientes de la península durante el pasado y presente siglo. Y tal es la impresión que nos queda a la vista de su puerto y del sin fin de urbanizaciones y altos bloques de pisos que flanquean la costa.

En plena curva de herradura coronamos el primero de los tres puertos consecutivos que vamos a ascender.

Después de trazar dos herraduras seguidas, a derecha y a izquierda, encaramos la parte final del Alto de Olías. Notamos que la pendiente cae ligeramente y superamos algún que otro collado que confundimos con el del puerto, que va a llegar mediado el noveno kilómetro en una curva cerrada a izquierdas.

Un kilómetro de descenso nos viene a ofrecer una buena tregua, mediado el cual dejamos a nuestra derecha la ermita de Ntra. Sra. del Carmen, obra en piedra que apenas sí llegamos a ver fugazmente, pues el sinuoso trazado nos obliga a poner toda nuestra atención en el asfalto.

Así mismo, Olías aparece por primera vez con su coqueto caserío recogido al abrigo de los pliegues de la montaña.

Olías, una de las más hermosas barriadas de Málaga.

Aunque pensemos que se trata de uno de los muchos pueblos de los Montes o de la Axarquía, lo cierto es que Olías es desde mediado el siglo pasado una barriada de Málaga. Y, aunque no dista mucho en kilometraje de la capital, nos queda completa sensación de ser de las más periféricas. Conserva el recinto un regusto antiguo muy atractivo para cualquier turista, con casas bien enjalbegadas y callejuelas intrincadas, como los pueblos de montaña de origen árabe. Como es lugar común en estos casos, descuella en su estampa la iglesia, de época renacentista, consagrada a San Vicente Ferrer.

Un par de fuentes en perfecto funcionamiento y algún que otro local de restauración pueden darnos refresco, sobre todo cuando más canta la chicharra en Los Montes.

Abajo queda el cruce de la carretera de Totalán.

Al poco de salir, nos vamos a topar con el cruce que conduce hasta Totalán en lo que sería una variante tanto del puerto de Olías como de La Bolina y El León. Este año precisamente se ha disputado una carrera ciclista hasta la Venta Galwey utilizando esta vertiente del puerto que, años atrás, fue completamente remozada en su asfalto.

La cuesta vuelve a dejarse notar, pero la dureza de la misma se ha visto -como ya sucediera en la parte final del alto de Olías- disminuida, a excepción quizás de una corta rampa al dejar atrás el mencionado cruce.

En un primer momento la cuesta sigue sin plantear excesivas dificultades.

A dos kilómetros de Olías vamos a pasar junto a la bodega más antigua de la provincia -si bien es cierto que su actual edificio es de reciente factura, el lagar El Romerillo lleva más de 150 años sin interrupción produciendo vino- y no es el único que hemos pasado ni que habremos de transitar en nuestro pedaleo: merecidamente afamados son los caldos malagueños. Y a fe nuestra que no escasean tampoco las uvas en la provincia… los viñedos, como los almendros, han sido hasta ahora fieles compañeros de ruta.

El anterior puerto -volviendo a lo estrictamente ciclístico- puede ser considerado como un segunda categoría, sin la menor duda, pero con la sola prolongación hasta la Bolina alcanza sobradamente la primera, pues la pendiente va a ir paulatinamente “in crescendo” y más aún lo hará cuando, tras un nuevo par de curvas de herradura, se dispare hasta el 15% durante poco más de un centenar de metros.

A la salida de esta curva a derechas afrontaremos el kilómetro más duro de puerto con una rampa de hasta el 15% de pendiente máxima sostenida.

En efecto, al salir de la herradura a derechas y cresteando durante unos instantes la cuesta se recrudece exigiéndonos la máxima entrega en el pedaleo… a chepazo limpio.

Aunque disminuye, lo cierto es que la pendiente se mantiene bastante alta durante un rato más propiciando que la media del km. alcance la nada desdeñable cifra del 10%.

Aunque la rampa inicial ceja, el tramo es de dar pedales a golpe de riñón.

Un corto descanso, justo donde encontramos la salida hacia el Lagar de Pineda, da paso a los últimos coletazos del puerto de La Bolina, al que nos aproximamos ya disfrutando del magnífico entorno de Los Montes, con la antena de Santopítar coronando la cumbre más alta y fácil de identificar.

Encinas, alcornoques, almendros y también algún que otro olivo vienen a dar unas notas de color a unas lomas que antaño sólo reflejaban el dulce brillo de la pasa.

La Bolina está a día de hoy perfectamente señalizado.

El puerto lo ganamos en la encrucijada entre Galwey y Comares, junto a unas casas que antaño fueron venta. Bolina es el nombre que se da por estos parajes a una planta con una flor amarilla muy llamativa y muy común en lugares secos y que, al parecer, se utilizaba de antiguo en la zona como combustible para los hornos de cal.

Nos encontramos ahora en una zona verdaderamente privilegiada, puesto que el trazado de la carretera va a crestear tanto si nos decidimos por seguir camino a Comares, como si lo hacemos en dirección a la Venta Galwey, que es nuestra intención.

Observamos buena parte del precioso trazado de la parte alta del puerto.

Seis kilómetros y medio restan aún hasta coronar el León y menos de 200 m. de desnivel, por lo que ya nos hacemos una idea de qué nos queda. Sin embargo, se trata de un tramo en que, si nos aprietan el ritmo, podemos pagarlo caro. Se trata del punto más irregular de todo el ascenso, con tramos prácticamente llanos, tramos de descenso y algún que otro kilómetro de subida. Caldo de cultivo perfecto para una buena pájara, si lo unimos a los más de catorce que ya hemos superado.

La carretera sube y baja rompiendo el ritmo.

Cortijadas y lagares a uno y otro lado se van sucediendo en un inmenso paisaje con el mar a izquierda y las sierras de Camarolo y Alhama a nuestra derecha y alguna población como Periana. A nuestra espalda cierra el campo de visión la Sierra de Tejeda. De frente, en el sentido de nuestra marcha, Los Montes de Málaga, un Parque Natural en las proximidades de la capital malagueña.

El olivo, la vid y el almendro ofrecen una agradable variedad al bosque de reforestación de pino carrasco en el que pronto nos vamos a ver inmersos, sobre todo desde que llegamos al cruce de Venta Galwey.

En el cruce de la Venta Galwey giraremos a la izquierda camino de Málaga para ganar el Puerto del León.

A nuestra derecha está la venta, una de las que aún se mantienen en uso -la carretera era antaño de obligado paso de entrada y salida de la capital, ha perdido actualmente aquella utilidad original,- y cuenta con una larga historia a sus espaldas de más de trescientos años sobreviviendo merced al turismo y a la costumbre de muchos urbanitas de salir de la ciudad los fines de semana para comer en el monte. Lo cierto es que una parada, aunque sea para tomar un vino de la casa y disfrutar de su decorado -un auténtico museo-, si no hubiera tiempo para hacerlo de su gastronomía.

Después del paso por el cartel encontramos la venta que lleva el nombre del puerto y, poco más abajo, la Fuente de la Reina, nombre con que se suele denominar al ascenso desde Fuente Olletas.

Si giráramos en dirección a Colmenar, encontraríamos el punto más alto de la carretera poco antes de llegar a la antigua Venta La Nada; sin embargo, vamos a torcer a nuestra izquierda buscando el puerto del León camino de Málaga. En ambos casos, la cuesta es meramente testimonial, un agradable paseo hasta coronar el alto.

GALERÍA FOTOGRÁFICA.

Mapa:

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Torcal de Antequera y Camorro de los Monteses, capricho malagueño.

El Torcal (puerto de paso):

Estado del firme:***
Dureza:***
Volumen de tráfico:**
Consejos y sugerencias: es aconsejable no perder la cabeza en los kilómetros iniciales, ya que los rectilíneos kilómetros noveno y décimo esconden una rampa que por sus características nos semeja, salvando las distancias, la famosa “Huesera” de Lagos de Covadonga. Acabado el asfalto, es recomendable adentrarse por un camino de tierra perfectamente ciclable que nos lleva hasta un mirador muy escénico. Sin lugar a dudas, el Paraje Natural del Torcal de Antequera merece una visita a pie por sus distintos senderos.

El Torcal de Antequera es famoso por las peculiares formas que han adquirido las rocas de su cima merced a los agentes erosivos.

La cumbre del Torcal de Antequera es probablemente una de las más famosas formaciones cársticas de la península y, con casi total seguridad, uno de los espacios naturales más sorprendentes por su belleza y por sus caracterísiticas.
Desde la base de la montaña, bien si se sube desde Antequera, bien si se hace desde el sur por Villanueva de la Concepción, nada hace presagiar que allí arriba encontraremos un espacio tan sobrecogedor como el Torcal, más allá de que se vislumbra perfectamente que la cresta está formada por rocas calizas.

La vecina subida al Camorro de los Monteses, fácilmente reconocible por las antenas de su cima, merecerá también una visita cuando nos adentremos por estas sierras.

Desde luego, el ascenso en bicicleta, a menos que vayamos advertidos de su dureza, tampoco nos va a dejar indiferentes, máxime cuando a la mencionada belleza del paraje sumemos la tremenda dificultad de sus rampas. Si acaso, puesto que la Vuelta Ciclista a Andalucía ha incluido el alto en distintas ediciones -en muchos casos como punto cuasi culminante de la carrera- nos sonará como puerto de primera categoría. Pero lo cierto es que hasta su cima, desde donde no encontraremos salida, continúa la carretera ascendiendo por unas rampas de aupa a base de largas rectas, punto hasta el que efectivamente lo podríamos considerar como tal. Además, como la carretera a poco menos de dos kilómetros de la cima se bifurca hacia las antenas del Camorro de los Monteses, hemos decidido presentar aquí ambos ascensos por su vertiente más dura, la de Villanueva de la Concepción.

Inicio del puerto por una ladera repleta de olivos y la cresta del Torcal al fondo.

Aunque viniendo desde el sur, en el cogollo de los Montes de Málaga, el camino previo lleva tendencia ascendente -y por la comarca pueden incluirse, además, un sin fin de repechos y puertos como antesala- la franca subida al Torcal la daremos por empezada al atravesar el puente del Horcajo, punto en que las rampas tomarán un cariz más serio.
De una forma prácticamente homogénea las rampas trepan por las faldas de la montaña -de un reluciente verdor en las épocas menos cálidas del año- sin grandes pendientes, pero sin cejar, de manera que hasta Villanueva apenas sí encontramos un par de picos por encima del 10% mientras que la media se sitúa en el 8%.

Al entrar en Villanueva de la Concepción la pendiente no hace más que acrecentarse.

Con varias herraduras jalonando el camino, alcanzamos Villanueva, población de reciente municipalidad (2009), cuyo principal atractivo no es otro que el propio Torcal de Antequera al que nos dirigimos.
Dejando a nuestra derecha el cruce de hacia Puerto del Barco y en ligero ascenso de la pendiente, atravesamos una población que, aunque conserva ciertas características típicas de los pueblos blancos andaluces, denota en la distribución del conjunto urbano (carente del característico desorden de callejones intrincados y sin salida) su origen reciente, de finales del S. XIX concretamente. Falto de ese peculiar encanto de otras poblaciones, la villa lo compensa con creces merced a un emplazamiento de privilegio en las faldas del Torcal y con una magnífica panorámica de los Montes, las sierras vecinas y, por donde las lomas menguan su altura, del Mediterráneo en los días despejados.

Al salir del pueblo la pendiente se estabiliza próxima al 10% con picos superiores. Al fondo se aprecian las antenas del Camorro.

Con la montaña alzándose ante nosotros, calle arriba, alcanzamos el cruce de la carretera de La Joya y Almogía. Giramos a la derecha y, al punto, abandonamos Villanueva en dirección a Antequera. Ya desde la entrada al pueblo, decíamos, la pendiente se había incrementado ligeramente hasta instalarse en un 10% de pendiente media que, como al inicio, también se mantiene constante, salvo puntos excepcionales que, en este caso, llegan a dispararse hasta el 15%.
Al principio del tramo, curvas varias se suceden con el intervalo ocasional de largas rectas: las primeras nos permiten excelentes panorámicas hacia el valle, las segundas hacia lo más encrespado del Torcal; una serie de herraduras encadenadas será, finalmente, el colofón de este duro trecho dando paso a un falso llano en una zona cuasi rectilínea con alguna zona ligeramente empinada.

Curvas enlazadas alternan con zonas rectilíneas. Al fondo pueden apreciarse los Montes de Málaga y, en días claros, las sierras de Mijas y de las Nieves.

Ladera abajo, a nuestra derecha, los Montes se nos muestran en todo su esplendor; a nuestra izquierda se eriza la roca caliza hasta las grisaceas cumbres del Torcal: hasta allí arriba habremos de subir, aunque la carretera tendrá que cambiar de sentido algo más adelante.
Comenzado el séptimo kilómetro nos vamos a encontrar con una fuente de agua fresca que seducirá irremediablemente nuestros secos gaznates. Una parada técnica y, de camino, “contemplativa” nadie podría reprochárnosla, máxime en plena época estival. Además, al continuar la marcha, aún quedarán casi dos kilómetros de fácil pedaleo hasta el cruce hacia la cima del Torcal.

Llegamos al cruce de El Torcal. A partir de aquí los descansillos serán contados.

En este cruce, que traza una curva de herradura a izquierdas, abandonaremos nuestro camino hacia Antequera para hacer la parte final de la subida común, por supuesto, a ambas vertientes.
Pronto una larguísima rampa rectilínea aparece ante nuestros ojos a medida que la velocidad disminuye nuevamente y nuestra respiración se hace más y más forzada. Aciertan, desde luego, quienes comparan esta recta con la famosa “huesera” de los Lagos de Covadonga en Asturias. Tal vez la pendiente sea ligeramente más baja, aunque su longitud algo mayor.

Durísimo tramo que evoca por su dureza la famosa “Huesera” de Lagos de Covadonga.

Mediada la recta (de hecho, al poco de trazar dos ligeras curvas), sale a la derecha una carretera en peor estado que nos conduce hasta los repetidores del Camorro de los Monteses, cuya altimetría, pareja a la del Torcal hasta este punto, hemos considerado oportuno mostrar aquí.

Desvío hacia la Repetidora de Camorro de los Monteses, una interesante alternativa final para el ascenso que estamos realizando.

De dureza similar, quizás más irregular y con mayores pendientes, el ascenso al Camorro concede un primer descansillo en la pendiente que culmina en un altillo, entre rocas, con unas magníficas vistas panorámicas hacia el sur. Una fuerte bajada nos lleva al último kilómetro ascendente para trepar hasta las antenas de TV a base de herraduras y rampas que alcanzan incluso el 15%.

Herraduras finales del ascenso al Camorro con el Torcal a nuestra izquierda.

Acercarse hasta aquí siempre es recomendable si se quiere gozar de unas buenas vistas hacia el norte, vistas que desde el Torcal Alto no vamos a poder obtener. Además, el adusto paisaje que nos ofrece el canchal del Camorro bien merece la pena una visita.
Después de volver por donde hemos ascendido, continuamos la marcha hasta el Torcal. Percibiremos que, a medida en que avanzamos metros, vamos a ir introduciéndonos en un roquedal de formas características, caprichosamente esculpidas por los agentes erosivos en la roca caliza al correr de los siglos, formas que infunden una especie de halo mágico a la escalada, sobre todo si viene acompañada de niebla, algo habitual en estos lares por otra parte.

La roca erosionada ha adquirido una peculiar forma que hace de la visita a este emplazamiento una experiencia difícilmente olvidable.

Rodamos, además, por los dominios de la cabra montés, que campa a sus anchas en estos canchales al abrigo de las angosturas de la piedra y de acantilados de difícil acceso para visitantes no gratos.
Coronamos el punto más alto de la carretera por encima de los 1.200 m. de altitud, pero un corto descenso nos situará en el punto final de la carretera, donde se ha construido un Centro de Recepción de Visitantes dotado de un pequeño Observatorio Astronómico.
Una amplia cochera para acoger a los visitantes ha sido habilitada, por lo que sorprende, desde luego, que aún ninguna prueba ciclista profesional haya estimado oportuno finalizar una carrera en este paraje y remarcamos lo de “profesional”, porque los amateurs sí que han probado en bastantes ocasiones la dureza de estas rampas ascendiendo tradicionalmente, eso sí, por la vertiente antequerana.

GALERÍA FOTOGRÁFICA.

Mapa: