Andalucía Cicloturismo

La doble eme: rutas, altimetrías de puertos de Andalucía… Y mucho más.


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Puerto Camacho – Haza del Lino (por río Guadalfeo), paso entre sierras.

Estado del firme:****

Dureza:***

Volumen de tráfico:**

Consejos y sugerencias: siempre es aconsejable hacer ruta por la zona, ya que se pueden enlazar puertos casi sin proponérselo.

Cercanos a coronar Puerto Camacho con el cortijo abajo presidiendo el Barranco del Alhayón y Sierra Nevada como telón de fondo.

Que una de las vertientes más flojitas del Haza del Lino se pueda considerar perfectamente como un puerto de primera categoría habla a las claras de la dureza de este emblemático paso montañoso que se ubica en la Sierra de la Contraviesa, al pie mismo de su más alta cima, el Cerro de la Salchicha, en cuyas alturas se ha hecho dueño y señor el alcornoque.

Quizás la más “flojita” junto a la opuesta vertiente que procede de Albuñol (más larga y tendida, pero no inferior en dureza) es la subida que desde el río Guadalfeo remonta hasta el collado que media entre las sierras de Lujar y la de La Contraviesa, el Puerto Camacho, para luego, mediado breve descenso, continuar trepando un corto trecho hasta el Haza del Lino.

Precisamente podemos hablar de dos mitades claramente diferenciadas, ya que en los 12 km. hasta el Camacho el ascenso es muy regular y constante en sus pendientes, siempre próximas al 7% media, una media que alcanzaría holgadamente de no contar con algún breve descansillo que trunca el ascenso en su mitad. Después, un corto y rápido descenso de apenas kilómetro y medio nos va a situar, como un gozne que bate la puerta entre la Sierra de Lujar y La Contraviesa, en la segunda parte de la subida, casi un apéndice del puerto anterior y más irregular, sobre todo por contar con un inicio ciertamente “titubeante” y un falso llano previo a coronar.

El elegante puente de los Siete Ojos nos permite atravesar la rambla del Guadalfeo. En la otra orilla, a la izquierda de la imagen, comienza el puerto.

Para situar su inicio, junto al río Guadalfeo, venimos desde la localidad de Órgiva en rápido descenso hasta alcanzar la ribera y atravesar el curso fluvial por el “puente de los siete ojos”, justo donde se pueden iniciar las subidas a Cáñar y a Capileira. Ya en la otra orilla, la carretera nos brinda la posibilidad de escoger dos caminos, a la derecha hacia Vélez de Benaudalla o a la izquierda hacia Albuñol, Torvizcón y Cádiar, que es el camino que habremos de seguir.

De inmediato comienza el ascenso que, sin mediar respiro, nos muestra sus “credenciales”: la cuesta se va a situar de inmediato por encima del 7% sin dejar respiro hasta pasado el primer kilómetro y medio. En este punto las rocosas faldas de la Sierra de Lújar están pobladas de un tímido pinar que aflora entre matorral bajo. Estas sierras presentan un aspecto muy desangelado, debido a la histórica deforestación que ha sufrido por la acción humana, tanto por la antigua explotación de los recursos madereros (el topónimo “Los Tablones” -o actualmente “Tablones” a secas- responde sin duda a esta otrora floreciente actividad), como por la proliferación de incendios en la zona.

La Sierra de Lújar ha sufrido y sufre la deforestación merced a la mano humana.

Con el Guadalfeo a nuestra izquierda remontamos su valle, que en este punto se abre majestuoso hacia las altas cumbres de Sierra Nevada, con frecuencia cubiertas de nieve pese a tratarse de su ladera meridional, y las sutiles pinceladas blancas que semejan desde aquí abajo los hermosísimos pueblos que conforman sobre el lienzo de la sierra la comarca denominada como Alpujarra.

El brevísimo descanso es continuado por cuatro kilómetros seguidos por encima del 7%. Por suerte la carretera, en buen estado, no dificulta el pedaleo más de lo que es propio por la pendiente y, una vez que hemos conseguido estabilizar un ritmo que nos resulta cómodo, percibimos cómo ganamos metros sobre lo más profundo del valle.

Llegamos a “El Empalme”. Seguimos por la carretera de la derecha, más estrecha, aunque en buen estado.

Antes de concluir este tramo, algo más sinuoso que el inicial, llegamos a “El Empalme”, donde dejaremos a la izquierda la carretera A-348 para tomar la A-4131, que se adentra en la Contravíesa vía puerto Camacho. La A-348 continúa remontando el valle del Guadalfeo a menor altitud atravesando La Alpujarra de Oeste a Este.

Aún ha de seguir ascendiendo la carretera -como decíamos-, aunque ahora más estrecha, después de la encrucijada de caminos hasta alcanzar un colladito que da salida a la angostura en que nos hemos introducido sin apenas percibirlo.

Paredes de piedra escoltan la marcha por el Barranco del Alhayón.

Repentinamente hemos abandonado las inmediaciones del Guadalfeo posicionándonos en la rambla del Alhayón, cuyas profundas barranqueras nos ofrecen -sobre todo en su cabecera- unas estampas de excepcional belleza siempre aderezadas por las altas crestas de Sierra Nevada y por una colorida vegetación riparia. Especialmente esplendorosos se ven los almendros cuando abren su flor en las primeras fechas de la primavera.

Poco después continúa la subida hasta una curva muy cerrada a derechas donde otra breve pausa nos concede una merecida tregua y nos permite poner la mirada en una cercana casona, que no es otra cosa que el Cortijo de Camacho, cuya denominación se ha desplazado hasta el collado que media entre la Sierra de Lújar y la Contraviesa, el punto más bajo entre ambas montañas: el Puerto Camacho.

El Cortijo de Camacho, rodeado de almendros, domina buena parte del ascenso.

Apuramos el cortísimo descenso y tras una vaguada la carretera volverá a empinarse paulatinamente hasta situarse en torno al 8%, cifra que se mantendrá durante casi tres kilómetros, que han resultado ser los más duros de todo el puerto. Cruzamos el barranco del Alhayón por el puente de Camacho y, al punto, ya estamos en la herradura a derechas donde se sitúa la cortijada, formada por varios edificios entre los que alguno se encuentra en estado ruinoso.

Antepenúltima herradura del puerto. Junto a una cortijada nos topamos con la Fuente de los Cantares, única en todo el ascenso.

Al abandonar la curva adivinamos, allá donde las montañas se juntan, la salida de la carretera, es decir, el collado de puerto Camacho. La carretera se ha situado ya en las laderas de la Contraviesa, concretamente en las del Cerro Camacho, abandonando definitivamente las de Sierra de Lújar. Por éstas va a subir de forma más o menos rectilínea apenas adornada por alguna herradura al inicio y una terna más cerca de coronar, siendo en esta antepenúltima paella donde nos vamos a encontrar con la única fuente de todo el ascenso.

Ver tan cercano el puerto es un buen acicate para continuar el pedaleo en esta zona que se nos hace ciertamente dura hasta que precisamente en las curvas finales la pendiente nos ofrezca una tregua previa al corto descenso. Y, así, coronamos en un punto prácticamente llano, resultando incluso algo complejo situar el cambio de aguas antes de que la bicicleta acabe por lanzarse sin la necesidad de nuestro impulso.

Recién coronado Pto. Camacho, nos topamos con el cruce hacia Olías y las antenas de Lújar.

Pronto, a la derecha, dejaremos el cruce hacia Olías y hacia las antenas de la Sierra de Lújar. En el primer caso la carretera continúa descendiendo, en el segundo subiendo, aunque ninguna de las dos carreteras tiene salida asfaltada. Es una lástima también el estado del asfalto de Lújar, ya que se trata de una de las subidas más impresionantes y duras de la geografía granadina -que no es cosa baladí- ya se venga del Guadalfeo, ya sobre todo de la costa.

Dejamos que la bicicleta gane velocidad mientras echamos mano de algún alimento y nos deleitamos con el escenario que nos ofrece la carretera hasta alcanzar los cruces hacia Fregenite y Alcázar, punto en que empieza la segunda parte de la subida, la que nos conduce hasta el Haza del Lino.

Vistazo hacia atrás desde el Pinar de los Gallegos.

Ya en el descenso hemos podido observar un pinar acostado en la ladera del Cerro de la Salchicha, justo en la margen izquierda de la carretera. Y por ahí vamos a trepar de inmediato, aunque sin grandes rampas de momento.

La carretera, que más arriba se convertirá en un constante mirador hacia el Mediterráneo, ofrece algún recodo donde hacer un alto y detenerse a echar un vistazo: impresionan las zetas que traza la vieja carretera del repetidor de Lújar y las cortijadas que se divisan ladera abajo en plena pendiente.

Tratamos de retomar un ritmo apropiado de ascenso, pero cuando éste se pone más serio, un inesperado descansillo vuelve a hacer acto de presencia. Se trata de una zona en que la carretera crestea ofreciendo, por momentos, vistas hacia la costa y hacia el interior: desde el intenso azul del mar hasta las más blancas nieves de las cumbres en un giro de cabeza.

Las herraduras que bajan a Rubite en la vertiente más espectacular del Haza del Lino.

Pronto, a la derecha, vemos la carretera que serpentea hasta Rubite, en la que es probablemente la más espectacular de las vertientes del puerto. Y será al poco dejar a la derecha el cruce cuando retomemos nuevamente la subida hasta el Haza.

Resulta engañoso este trecho final, ya que durante algo más de dos kilómetros y medio las rampas siempre rondarán o superarán el 7% de pendiente, salvo en algún punto que provoca el descenso en la media.

Tras las últimas herraduras nos acercamos al alcornocal del Haza del Lino, el más alto del mundo según dicen, y que acaba de cumplir 150 años de edad. Lo vemos loma arriba cubriendo el Cerro de la Salchicha, techo de esta sierra como hemos dicho más arriba, pero no será hasta coronar cuando nos terminemos de adentrar en él.

En su parte final, más suave, la carretera se convierte en un permanente mirador.

El puerto se ha convertido en un balcón hacia la costa y los continuos apartaderos invitan a hacer un alto y deleitarnos en la contemplación del panorama. Tras un falso llano final alcanzamos la cima a casi 1.300 m. de altitud, después de pasar el cartel indicativo del Haza del Lino. Hasta la venta, sin embargo, hay que bajar varios cientos de metros. Una vez allí, tras reponer fuerzas, la encrucijada de La Contraviesa nos ofrecerá múltiples y variadas opciones de seguir nuestra ruta… Difícil elección.

GALERÍA FOTOGRÁFICA.

Mapa:


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Los Melonares, el hispalense más clásico.

Estado del firme:**

Dureza:*

Volumen de tráfico:**

Consejos y sugerencias: conviene haber recargado los bidones en el pueblo más cercano, porque no hay ningún punto posible de repostaje en muchos kilómetros y en verano la zona es un auténtico horno.

Desde hace unos años el embalse de Melonares adorna el paisaje de este rincón de la Sierra Norte de Sevilla.

La cuesta de Los Melonares, ubicada en el Parque Natural de la Sierra Norte de Sevilla a unos 50 km. de la capital, es, quizás, la más conocida entre los cicloturistas de Sevilla por ser la ascensión de cierta entidad más cercana a la urbe. Escenario de múltiples “gestas”, suele incluirse en el calendario de todos los clubes de la capital un par de veces al año como mínimo y sus rampas han sido mudo escenario de algunas de las más gloriosas “batallas” dominicales.

Puente sobre el río Viar, punto inicial del ascenso.

Desde que tomamos el cruce procedentes de la A-432, notaremos un cambio brusco de asfalto -rugoso, bacheado y, en verano, incluso derretido- y, así mismo, nos vemos completamente inmersos en el paisaje propio de la zona, la dehesa y el monte bajo, aunque el cultivo de frutales, sobre todo de cítricos, ha ido ganando terreno en la zona cercana al río. El trazado es sinuoso y rompepiernas hasta llegar, tras un leve descenso, al puente sobre el río Viar.

En las primeras estribaciones un cartel nos anuncia el nombre del puerto.

Una vez cruzado el puente, comienza la ascensión que, durante casi 5 km., irá remontando un precioso valle. Un cartel con el 7 % nos avisa de lo que nos espera en todo el trayecto, pues, como se puede apreciar en el perfil, la pendiente es muy uniforme, aunque el tramo final resulta algo más llevadero. A unos cientos de metros del comienzo, a la izquierda y justo en una de las rampas más duras de la ascensión, hay una hacienda custodiada por varios canes que, en cuanto nos vean, saldrán a recibirnos poco amistosamente: ¡cuidado!, no serías el primer ciclista al que muerden.

Asfalto rugoso desde hace décadas, una de las principales características de este puerto.

Si hemos pasado el primer escollo canino, sólo nos queda mantener el ritmo que mejor se adapte a nuestras condiciones y coronar será una simple cuestión de tiempo. Si nos lo tomamos con tranquilidad, siempre nos podremos deleitar con el entorno respirando las fragancias de las distintas plantas aromáticas que pueblan el monte tales como la lavanda, el tomillo o el romero y, con un poco de suerte, nos cruzaremos con alguna perdiz huidiza o con alguna liebre curiosa. El tramo final de la ascensión presenta, por desgracia, los estigmas del fuego que antaño asolaran esa bella parte del monte.

No se puede subir esta cuesta sin echar algún vistazo hacia atrás.

Sin albergar rampas inhumanas, esta subida requiere de un buen estado de forma para doblegarla, sobre todo si hemos iniciado la ruta en la capital, pues el estado de la carretera y los kilómetros previos provocarán en nuestras piernas un desgaste que nos hará pagar caro la osadía de intentar ascenderla sin las condiciones físicas adecuadas y, aunque la cuesta no pueda con nosotros, nos hará maldecir pedalada a pedalada –en compañía del canto de la chicharra- el momento en que decidimos ir a retarnos en sus rampas.

La cima está perfectamente marcada merced a las distintas pruebas ciclistas que incluyen el ascenso en su recorrido.

Una vez coronada –el último repecho vuelve a agarrarse bien- y tras un breve descenso, aún nos quedan una decena de kilómetros en eterno falso llano ascendente hasta llegar a Castilblanco, donde alcanzaremos el tan merecido descanso y el no menos ansiado refrigerio.

GALERÍA FOTOGRÁFICA.

Mapa: