Andalucía Cicloturismo

La doble eme: rutas, altimetrías de puertos de Andalucía… Y mucho más.


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Al sur de Granada, Almuñécar-La Calahorra

Distancia: 220,1 km.

Dificultad: *****

Características: se trata de una ruta lineal de dificultad extrema, pensada más como una demostración de la dureza existente en la zona que como una etapa recomendable para un cicloturista. Sin embargo, es muy fácil extraer varias rutas menores más asequibles sirviéndose de los puertos empleados, como veremos en posteriores entradas del blog.

Fuentes conocidas: de todos los puertos que se ascienden tan sólo en La Ragua hemos visto fuentes. En cualquier caso, son varios los pueblos que se transitan donde podríamos abastecernos. Así, por ejemplo, en Lújar o en Murtas encontraremos fuente, por no mencionar bares y restaurantes.

Recomendaciones: cualquier valiente (mejor dicho, loco) que se atreva con semejante ruta debería, como mínimo, contar con un coche de apoyo.

Descenso del Haza del Lino por Polopos en plena Sierra de la Contraviesa.

Principales dificultades en orden de paso:

Collado de Ítrabo.

Alto del Conjuro.

Haza del Lino.

Venta de Sorvilán.

Venta del Chaleco.

Puerto de la Ragua.

Varios meses atrás, tal vez más de un año, presentábamos en la revista Desde la Cuneta un artículo sobre la provincia de Granada y una serie de puertos que adecuadamente dispuestos en ruta se enlazaban a la perfección para confeccionar una etapa de alta montaña.
Queremos mostrar ahora en nuestro blog una etapa que fácilmente podría equipararse con cualquier reina del Giro o del Tour, todo ello como una prueba más de que también en el sur de España hay montaña… y de la buena.
Es cierto, como detallaremos más abajo, que transitamos varios kilómetros sin asfaltar (menos de 7 km. en total), aunque también podríamos trazar una ruta alternativa que, ligéramente más suave, provocaría que el pelotón profesional acabara declarándose en huelga… Pero vayamos, sin más demora, a detallar la ruta.

El acueducto romano de Torrecuevas (Almuñécar), al poco de comenzar la ruta.

Comenzaríamos la etapa en la ciudad costera de Almuñécar, uno de los principales destinos turísticos veraniegos de la provincia de Granada, en plena “costa tropical”.
Como mero desgaste -o de puro vicio, si se quiere- vamos a ascender, en primer lugar el Collado de Ítrabo, un puerto muy cortito y con un inicio muy suave compartido con el famoso Mirador de la Cabra Montés. Precisamente al abandonar la “carretera de la Cabra” las cosas cambian y la cuesta se vuelve mucho más exigente durante los cuatro kilómetros que hay hasta el alto.

El Collado de Ítrabo con las Sierras de Tejeda y Almijara como telón de fondo.

El descenso, irregular, nos lleva primero por Itrabo y luego por Molvízar camino nuevamente de la costa. Destaca, en el paisaje, el hermoso pueblo de Salobreña encaramado a un cerro con sus blanquecinas casas y sus apretadas techumbres, vestigio del pasado musulmán de la comarca.
Una vez que llegamos a la antigua N-323 disfrutaremos de unos cuantos kilómetros llanos, prácticamente los únicos de toda esta ruta.
Seguimos en dirección sur hacia la costa y la N-340 para, una vez allí, girar hacia la izquierda en dirección a Motril. Precisamente hasta esta importante localidad costera nos vamos a desviar al poco para evitar, así, realizar un mayor número de kilómetros por una carretera que soporta un gran volumen de tráfico, sobre todo en los meses estivales.
Ya en Motril buscaremos la carretera que nos conduce hasta El Puntalón, en cuyas inmediaciones daremos por iniciada la segunda dificultad de la ruta, el Alto del Conjuro.
Más largo que el anterior ascenso, aunque sin rampas tan duras ni mantenidas, el Alto del Conjuro es uno de esos puertos que podríamos considerar traicioneros, pues aunque carece de kilómetros completos de verdadera entidad, no es menos cierto que cuenta con un asfalto muy rugoso, de esos que impiden deslizar la rueda y dan la sensación de que alguien nos agarra y no nos quiere dejar subir.

A punto de coronar el Alto del Conjuro con la Sierra de Lújar en primer término y las cumbres de Sierra Nevada a su espalda.

En cualquier caso, tomándolo con calma, nos permite gozar de unas excelentes vistas del mar de Alborán y, una vez nos desviemos hacia Lújar, de toda su sierra, de la Contraviesa e incluso de algunas cumbres de Sierra Nevada.
Su descenso, cortado por un repecho, nos conduce, como decíamos, hasta Lújar. Esta vertiente del puerto es quizás la más atractiva de las tres, sobre todo al atravesar una zona abundante en vegetación poco antes del pueblo. La travesía es estrecha y empinada. Una parada para abastecernos de agua en su fuente es más que recomendable, sobre todo porque el siguiente puerto es de los de sudar la gota gorda.
Salimos de la pequeña población por una carretera recientemente remozada camino ahora de Castell de Ferro. No obstante, no llegaremos a la localidad costera, sino que a unos seis kilómetros de la misma nos encontraremos, cruzado un puente, con el desvío hacia Rubite, pequeña población serrana por donde ha de continuar nuestra ruta.
La subida a Rubite forma parte de un puerto más largo que no es otro que el Haza del Lino, siendo ésta una de sus vertientes más duras (la de mayor dificultad, a nuestro juicio, de cuantas están completamente asfaltadas en la actualidad).
Pero es el ascenso hasta el pueblo lo más complicado del tercer escollo de nuestra ruta, ya que cuenta con casi ocho kilómetros continuos cercanos al 9% de pendiente media. Y aunque no encontraremos rampas imposibles, si que habremos de superar alguna punta de hasta el 15%.
Un breve descanso nos sitúa a pie del pueblo, mas lo vamos a esquivar girando a la izquierda para seguir hasta el Haza del Lino, como decíamos.

Sucesión de curvas de herradura tras Rubite (en primer término) en pleno ascenso del Haza del Lino.

Después de un primer kilómetro exigente, la pendiente dará tregua y nos permitirá regocijarnos con unas impresionantes panorámicas del pueblo, la costa y la sierra a base de trazar un buen número de curvas de herradura.
Llegados a un cruce, giraremos a la derecha buscando Albuñol para, tras poco más de tres kilómetros, alcanzar la cumbre del puerto y en descenso llegar hasta la venta del Haza del Lino, donde una parada para reponer fuerzas es obligatoria, como obligatorio será también asomarse al mirador de Baldomero para contemplar unas excelentes vistas de la costa granadina e incluso, en días despejados, de la africana.
Se encuentra la venta en una encrucijada de caminos que nos presenta dos opciones. Nosotros para continuar con nuestra ruta escogemos seguir en dirección a Albuñol, aunque no vamos a llegar hasta allí de forma directa, sino que antes vamos a dar un nuevo rodeo por la costa para afrontar la cuarta dificultad de la ruta.
Así, nos desviaremos hacia Polopos, localidad famosa por sus caldos, al poco de tomar el cruce para seguir descendiendo hacia la costa, concretamente, hacia Castillo de Baños. El descenso, por carretera estrecha y empinada, es bastante técnico e incluso peligroso, ya que no cuenta con protecciones de ningún tipo.
Llegados a Castillo de Baños, giraremos a la izquierda en dirección a Almería por la N-340 para buscar La Mamola y, poco después, Los Yesos.
A la entrada de Los Yesos será cuando nos desviemos a la izquierda para afrontar la cuarta dificultad del día, el ascenso a Venta de Sorvilán.
Lo cierto es que actualmente este puerto no se puede pasar en bicicleta de carretera porque los dos primeros kilómetros están de tierra y, por desgracia, en mal estado. Si hemos optado por incluirlo en esta ruta es básicamente porque, una vez acabada la pista de tierra y de forma sorprendente aparece ante nuestros ojos una carretera perfectamente asfaltada de unos seis metros de ancho. Es decir, falta por asfaltarse el tramo inicial y realmente está previsto que se haga, lo que no sabemos es cuándo. Tal vez, una vez que se acabe con la obra de la autovía del Mediterráneo se resuelva el “misterio”.
De hecho, al poco de comenzar el puerto, se atraviesa por la mencionada autovía en obras con unas rampas de bastante entidad. Y es que este puerto tiene unos primeros siete kilómetros de aupa, con un porcentaje medio superior al 9%. Incluso una simpática rampa inicial al 19% se aviene a saludarnos.

Exceptuando el tramo inicial, de tierra, la carretera de Sorvilán presenta un estado impecable y un panorama excepcional del Mar de Alborán.

Al transitar un colladito, en la llamada “Era de los carpinteros”, la pendiente bajará y nos permitirá disfrutar de la segunda mitad del puerto, más suave, que nos deja a la entrada de Sorvilán.
Justo a la entrada del pueblo decidimos girar a la izquierda por la antigua carretera -más estrecha, pero asfaltada- que, viniendo a salir igualmente a la carretera de Albuñol, lo hace a mayor altitud, justo donde se sitúa la antigua venta de Sorvilán, hito que usamos para nombrar el puerto.
Una vez allí, por fin, ganamos un nuevo, largo y merecido descenso, aunque esta vez por buena carretera enfilando -ahora sí- rumbo fijo a Albuñol.
El suave descenso invita a dejarse caer cuesta abajo y a pedalear sólo en algún punto en que la bicicleta pierde algo de inercia. Precisamente al salir de Albuñol, uno de las localidades de mayor importancia de la Contraviesa, y ganar la zona baja de la rambla de Albuñol el descenso torna falso llano, aunque siempre favorable. Si el viento no sopla en contra, lo cierto es que la bicicleta parecerá rodar sola.
Obviando el cruce con la N-340 continuamos en dirección a El Pozuelo, pequeña población situada en el lado de la rambla opuesto a La Rábita. Cuando la pendiente favorable se hace imperceptible, tras un giro a izquierdas, nos vamos a encontrar con el cruce hacia la penúltima y más temible dificultad de la jornada, el ascenso a Venta del Chaleco por El Collado, uno de los puertos de paso de mayor dureza que existen en la península.
En el mencionado cruce giramos a la izquierda por lo que en su momento fue la antigua nacional, tal vez una incorporación, que hoy simplemente nos sirve para acceder hasta el verdadero pie del puerto, varios cientos de metros más adelante, aunque la carretera ya viene picando ligeramente desde la costa.
Cuando tenemos la sensación de que no encontraremos salida por esta carretera, observamos a nuestra derecha un túnel que atraviesa bajo la nueva nacional… Por ahí hemos de seguir nuestro rumbo en lo que resultará, a buen seguro, un auténtico infierno.

Duras rampas de Venta del Chaleco, uno de los puertos de paso más duros de la península.

El puerto lo tiene todo: longitud, desnivel, rampas, belleza… incluso varios tramos cementados y otro de tierra de poco más de 2,5 km. de largo (aunque en este caso podremos transitar perfectamente, ya que el piso se encuentra en buenas condiciones).

Tramo de tierra junto a los típicos viñedos de la Contraviesa. No faltará de nada en esta ruta.

Lo peor, sin duda, será la primera mitad en que se suceden los kilómetros por encima del 10% con algunos más livianos. Además, el cemento y las rampas superiores al 20% harán estragos.
La segunda mitad del puerto, pese a los descansillos más largos y las pendientes menos demoledoras terminará, por la acumulación de esfuerzos, de vaciar las fuerzas que nos queden. Pero, lo que aún es peor, hay que recordar que todavía resta un morlaco de aupa.
Llegamos a las ruinas de la Venta del Chaleco, tras coronar unos cientos de metros antes, y giramos a la derecha en dirección a Murtas para afrontar el descenso de este grandísimo coloso que acabamos de superar. Dicho descenso, con frecuencia cortado por algún repecho, es también largo y por momentos revirado, pero será su irregularidad el factor más relevante del mismo al impedirnos recuperar fuerzas de cara al eterno puerto final.
Además, para evitar el llano, tras un par de cortos repechos previos a Ugíjar, nos vamos a desviar por una pequeña cota que dejamos sin puntuar -que no sea por trampas y encerronas- entre la anterior localidad y Cherín, punto de inicio del puerto de La Ragua.

El puerto de la Ragua presenta una apariencia “alpina” en su zona más alta. No en vano, supera los 2.000 m. de altitud.

Ya estrenado en el profesionalismo hace unos años, este collado de más de 2.000 m. de altitud y 1.500 m. de desnivel para unos 25 km. es la última gran dificultad de nuestra “ruta divertimento”. Sus pendientes siempre constantes y más empinadas en la parte inicial que en la final sirvieron de desgaste para una grandísima de la Vuelta a España etapa que acababa en Sierra Nevada por El Purche. Aquí sus rampas, en cambio, deberían cobrarse las víctimas de una tremenda maratón que con este ascenso superaría ampliamente los 6000 m. de desnivel acumulado.
Concluir en su cima, en la pequeña Estación de Esquí de Fondo de la Ragua, es una buena opción por aquello de la promoción turística y la comodidad logística. Además, ahí la etapa se quedaría en 205 km. prácticamente. Es decir, tampoco estaríamos hablando de una kilometrada de otra época.
No obstante, preferimos añadir el descenso -que cuenta con tramos bastante técnicos- y colocar el final de esta hipotética etapa en el Castillo de La Calahorra. Una impresionante construcción de época renacentista (de hecho es la primera construcción civil renacentista en España) que se ubica sobre un cerro perfectamente visible desde toda la comarca del Marquesado de Zenete.
La subida al castillo, que es propiedad privada, se encuentra sin asfaltar en su totalidad, aunque se trataría simplemente de unos 2 km. de longitud.

El castillo de La Calahorra (Laroles), monumento donde damos por concluida la ruta.

Desde luego, la austera belleza del monumento serviría de perfecto colofón para una etapa de dimensiones colosales dentro Andalucía, una ensoñación nuestra que simplemente viene a corroborar que también en el sur es posible diseñar etapones de alta montaña.

GALERÍA FOTOGRÁFICA.

Mapa:

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Puerto de La Ragua, lucerna entre La Alpujarra y El Marquesado.

Estado del firme:*****

Dureza:***

Volumen de tráfico:**

Consejos y sugerencias: frío en invierno, caluroso en verano; más de 1.500 m. de desnivel, aunque sin grandes rampas en sus 25 km. de ascenso. Un puerto de contrastes que hay que tener en consideración para no pasarlo peor de la cuenta.

El Puerto de la Ragua, sin duda uno de los grandes puertos andaluces por su altitud, su belleza, su longitud y dureza.

Narran las crónicas antiguas –y no tan antiguas- sobre la dificultad del paso de la Ragua ya desde antaño:

La Sierra, no es franqueable en todo el año, sino algunos pocos días del mes de Julio («entre la Virgen del Carmen y Santiago» -dicen los prácticos del terreno), y eso con insufrible fatiga y peligros espantosos… Cierto que por la parte de Guadix, casi al extremo de la cordillera, hay un Puerto, llamado de la Ragua (Rawa se escribía antes), al que conducen escabrosísimas sendas, y por donde es algo frecuente el paso en días muy apacibles, si bien nunca en el rigor del invierno; pero, así y todo, se han helado allí, en las cuatro Estaciones, innumerables caminantes, de resultas de los súbitos ventisqueros que se mueven en aquel horroroso tránsito.

(Pedro Antonio de Alarcón, La Alpujarra, sesenta leguas a caballo precedidas de seis en diligencia)

El mismo autor se refiere al puerto de la Ragua como “[…] temeroso camino de Guadix, paso estratégico de los moros, región en que se han helado tantos viajeros”.

Como casi siempre, las cifras del cartel de la cima no coinciden con la de los mapas oficiales.

Y es que, a pesar de no ser buen camino, su importancia venía dada principalmente por ser el paso directo más bajo (2.041 m.) entre la costa y el altiplano, a menos –claro está- que el viajante estuviera dispuesto a dar un largo rodeo. Es por ello por lo que La Ragua, collado que media entre el Chullo (2.612 m.) y el Morrón del Mediodía (2.745 m.), siempre ha resultado a pesar de su altitud un paso de claro valor estratégico.

No en vano, ha sido testigo de algunos episodios históricos del medioevo: por su cumbre pasó Abderramán III a principios del s. X para sofocar las sublevaciones de los afines a Omar ben Hafsún, azote de los Omeyas. Más tarde, fueron los nazaríes, arrinconados en la Alpujarra por las tropas cristianas de los Reyes Católicos, quienes se apostaron en la Ragua. Una veintena de años después de estos acontecimientos, se llevó a cabo la construcción del castillo de La Calahorra, elegante fortín a los pies del puerto por su vertiente septentrional y primera obra del Renacimiento civil español.

Laroles, puerta oriental de La Alpujarra granadina.

Llevada a su término la Reconquista, ya en la Edad Moderna, poco fue el tiempo que transcurrió hasta que los moriscos se sublevaran en la Alpujarra (y zonas anejas) al mando de Fernando de Válor, que se hizo llamar Abén Humeya, frente a Felipe II, quien dejó el asunto en manos de su hermanastro, Don Juan de Austria. Como pueden adivinar, el puerto y sus inmediaciones fueron escenario de nuevas escaramuzas.

Su posterior uso por arrieros, principalmente para el transporte del pescado desde la costa al interior, hizo de este puerto una de las vías de comunicación más importante entre ambas zonas. Más tarde, el florecimiento del turismo rural junto con el auge de la práctica de los deportes de invierno dio el impulso definitivo para que el de la Ragua fuera uno de los primeros caminos de La Alpujarra en adecentarse y pavimentarse allá por los años 60 del pasado siglo.

El que otrora fuera un difícil camino para bestias de tiro y carruajes es hoy una magnífica carretera en su vertiente meridional.

En cambio, el hispanista Gerald Brenan, que vivió durante varios años en La Alpujarra a principios del s. XX, apenas sí se refiere a este puerto en su famosa obra Al Sur de Granada más que para señalar un par de datos: en primer lugar, el habitual tránsito de gitanos por el paso alto de la Ragua que desde las ferias de Guadix y Fiñana traían mulas y burros para venderlos en Las Alpujarras (mientras que menciona el puerto del Lobo, al oeste de la Ragua y más elevado, y el de Bérchules como los pasos más habituales para atravesar la sierra); su segundo comentario, ya en el epílogo de la obra, sirve para señalarnos la época de construcción de la carretera –muy mala, por otra parte-, que no es otra que la Guerra Civil.

Inicio de puerto en Cherín.

Pero si la empresa de superar el puerto resultaba fragosa antaño, según hemos visto, en nada desmerece el actual ascenso de la Ragua para los tiempos que corren: sus algo más de 1.500 m. de desnivel desde Cherín, sus 2.041 m. de altitud y sus poco más de 25 km. de longitud con una pendiente bastante mantenida en todo momento, nos han llevado a establecer una comparación con el famoso Col de la Madeleine, en los Alpes franceses, cuyas cifras por la vertiente de La Chambre son similares, excepto porque al remontar un desnivel levemente superior al de la Ragua en menor distancia (20,9 km.), arroja una pendiente media más alta y, por lo tanto, cuenta con una mayor dureza. Salvando las distancias La Ragua sería, en definitiva, una suerte de petite Madeleine más largo, pero también más tendido.

Comenzamos el puerto en Cherín, en el cruce de la carretera de Berja y Ugíjar, municipio éste último al que pertenece. Obviando a la derecha el “Puente de Hierro” (s. XIX), que atraviesa el río homónimo de la localidad en que nos encontramos, emprendemos la marcha en dirección a Picena y a Laroles.

Carretera impecable entre laderas peladas.

Carretera buena, rampas livianas de inicio… Nada nos haría presagiar que estamos a punto de superar un puerto de la categoría de La Ragua de no ser porque ante nosotros no podemos ver más que elevadas montañas y pequeños pueblos acostados en sus faldas. Destacable en este puerto son los contrastes de su paisaje debido probablemente a la enorme diferencia de altitud entre su inicio y su final: aunque en aquél, junto al río, es común la arboleda, sobre todo frutales, al poco, tras un corto descansillo, la carretera comienza a serpentear en medio de un secarral de lomas y tajos áridos, completamente desangelados, que el sofocante calor estival nos llevó a denominar como “Horno de Cherín”; por el contrario, el final del puerto se caracteriza por un pinar, fruto de la repoblación llevada a cabo entre los años 30 y 50 del pasado siglo y el típico paisaje de alta montaña.

Entrados en el cuarto kilómetro encontramos un corto descenso. Arriba se muestra Bayárcal.

Seguimos la marcha entre olivos por una carretera estrechita en que la pendiente se va a situar próxima al 8% -y así durante unos 4 km.- en lo que será el tramo de mayor dureza sostenida del puerto. Mediados estos 4 km. se sitúa Picena, una coqueta localidad que conserva perfectamente la característica estructura de los pueblos alpujarreños, con sus calles retorcidas y sus casas apiñadas.

Al paso por Picena las rampas ya se sitúan en un 8% constante.

Al poco de abandonar Picena, cuando los almendros empiezan a ganar espacio a los olivos, encontraremos un tramo con carril lento -signo inequívoco de que la pendiente es elevada- que va a concluir justo al llegar al primer desvío hacia Laroles, aunque la carretera será a partir de ahora considerablemente más ancha que en su inicio.

Hasta esta localidad, puerta de La Alpujarra, aún nos resta un kilómetro en que, tras pasar una amplísima herradura a izquierdas, la pendiente nos concede una merecida tregua.

Carril “lento” en las proximidades a Laroles, signo inequívoco de fuertes pendientes.

Laroles es actualmente capital del término municipal de Nevada, cuya administración territorial es similar al de la tahás nazaríes en las que se agrupaban varias localidades. Destaca en su estampa típicamente alpujarreña la iglesia parroquial (s. XVI) de tres naves culminada posteriormente por una torre de ladrillo (s. XVIII).

Apenas sí hemos llegado a rozar el pueblo, cuando en medio de una herradura a derechas, justo en el cruce hacia Mairena y pueblos más afamados y lejanos como Trevélez, Capileira o Lanjarón, lo abandonamos, no sin antes llevar a cabo una parada para reponer fuerzas, ya que desde aquí aún nos restan 16 km. de ascenso continuo y unos 1.000 m. de desnivel.

Salimos de Laroles en un cruce que traza una herradura tras pasar junto a una gasolinera.

Entre rampas del seis y el ocho por cien, la carretera se apresura a trazar curvas de herradura, curiosamente emparejadas, para remontar la ladera de la montaña girando de norte a sur. Acostado en la ladera del Chullo, provincia de Almería –constantemente a nuestra derecha en el sentido del ascenso-, podemos contemplar el pintoresco pueblo de Bayárcal, el más alto de su provincia, además de dominar con la mirada la Sierra de Gádor y la Contraviesa a nuestras espaldas.

Remontamos a fuerza de torcer herraduras con la vista de Bayárcal en la ladera del Chullo.

La ausencia de toda sombra es compensada por el frescor del aire en esta zona más alta, si bien podemos llegar a pasar hasta frío en zonas más altas, después de habernos abrasado en el inicio.

Tras la última herradura tomamos definitivamente dirección norte remontando el curso del Arroyo de Palancón. El paisaje ha ido cambiando paulatinamente: almendros en primer lugar y encinas, en segundo, terminarán por dar paso a un paisaje de alta montaña remachado, en buena parte del año, por la nieve en las cumbres que nos circundan. Al fondo se adivina el collado, si bien aún hay que dar muchos pedales para ganarlo.

Al fondo ya se adivina el collado, aunque aún nos resta mucha tela por cortar.

Un oportuno descansillo al iniciar el decimonoveno km. nos introduce en la que es, probablemente, la parte más escénica y bella de todo el puerto. Desde el cruce de la carretera que baja hacia Bayárcal –más abajo, en las herraduras, hemos dejado otro cruce hacia el mismo pueblo- nos restan unos 5 km. de subida en que el pinar que cubre las laderas y los barrancos, normalmente verdes incluso en verano, nos producen la sensación de rodar por un puerto de los Pirineos o de los Alpes…

Nos acercamos al cruce de Bayárcal para adentramos en los últimos y espectaculares cinco kilómetros finales.

Al salir del barranco del Hornillo, tras una curva de vaguada a derechas con fuerte pendiente, nos topamos con un mirador que nos invita a hacer un nuevo alto para asomarnos y contemplar el trazado rectilíneo por donde acabamos de rodar e, incluso, cuando los días son favorables, el cerúleo Mediterráneo en el horizonte.

Vegetación de alta monaña en la zona alta del puerto.

Las montañas se van aproximando hasta unirse en el collado, que alcanzamos tras una recta final en que la pendiente ceja paulatinamente hasta llegar falsollaneando al cambio de aguas que implica el puerto de la Ragua. En la cima, a 2.041 m. de altitud, en medio de un enorme cortafuegos se ubican las instalaciones de la estación de esquí de fondo y el área recreativa.

Larguísima recta final antes de ganar la cima.

Concluimos con un apunte a título de curiosidad sobre la etimología del puerto, ya que Francisco López de Tamarid lo recoge en su Compendio de algunos vocablos arábigos introducidos en la lengua castellana (dentro, a su vez, de Orígenes de la Lengua Española, 1737, Don Gregorio Mayáns i Siscár edit.), traduciéndolo como Puerto de la Espuma en virtud, suponemos, del significado del vocablo “ragua” (ragwah) en árabe. Hay quienes han querido identificar el término con las más que habituales nubes que se acuestan en el collado y su entorno –algo común, por otra parte, en toda Sierra Nevada- e incluso con la espuma que formaría el curso de los distintos arroyos en el deshielo de las nieves.

GALERÍA FOTOGRÁFICA.

Mapa: