Andalucía Cicloturismo

La doble eme: rutas, altimetrías de puertos de Andalucía… Y mucho más.


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Al sur de Granada, Almuñécar-La Calahorra

Distancia: 220,1 km.

Dificultad: *****

Características: se trata de una ruta lineal de dificultad extrema, pensada más como una demostración de la dureza existente en la zona que como una etapa recomendable para un cicloturista. Sin embargo, es muy fácil extraer varias rutas menores más asequibles sirviéndose de los puertos empleados, como veremos en posteriores entradas del blog.

Fuentes conocidas: de todos los puertos que se ascienden tan sólo en La Ragua hemos visto fuentes. En cualquier caso, son varios los pueblos que se transitan donde podríamos abastecernos. Así, por ejemplo, en Lújar o en Murtas encontraremos fuente, por no mencionar bares y restaurantes.

Recomendaciones: cualquier valiente (mejor dicho, loco) que se atreva con semejante ruta debería, como mínimo, contar con un coche de apoyo.

Descenso del Haza del Lino por Polopos en plena Sierra de la Contraviesa.

Principales dificultades en orden de paso:

Collado de Ítrabo.

Alto del Conjuro.

Haza del Lino.

Venta de Sorvilán.

Venta del Chaleco.

Puerto de la Ragua.

Varios meses atrás, tal vez más de un año, presentábamos en la revista Desde la Cuneta un artículo sobre la provincia de Granada y una serie de puertos que adecuadamente dispuestos en ruta se enlazaban a la perfección para confeccionar una etapa de alta montaña.
Queremos mostrar ahora en nuestro blog una etapa que fácilmente podría equipararse con cualquier reina del Giro o del Tour, todo ello como una prueba más de que también en el sur de España hay montaña… y de la buena.
Es cierto, como detallaremos más abajo, que transitamos varios kilómetros sin asfaltar (menos de 7 km. en total), aunque también podríamos trazar una ruta alternativa que, ligéramente más suave, provocaría que el pelotón profesional acabara declarándose en huelga… Pero vayamos, sin más demora, a detallar la ruta.

El acueducto romano de Torrecuevas (Almuñécar), al poco de comenzar la ruta.

Comenzaríamos la etapa en la ciudad costera de Almuñécar, uno de los principales destinos turísticos veraniegos de la provincia de Granada, en plena “costa tropical”.
Como mero desgaste -o de puro vicio, si se quiere- vamos a ascender, en primer lugar el Collado de Ítrabo, un puerto muy cortito y con un inicio muy suave compartido con el famoso Mirador de la Cabra Montés. Precisamente al abandonar la “carretera de la Cabra” las cosas cambian y la cuesta se vuelve mucho más exigente durante los cuatro kilómetros que hay hasta el alto.

El Collado de Ítrabo con las Sierras de Tejeda y Almijara como telón de fondo.

El descenso, irregular, nos lleva primero por Itrabo y luego por Molvízar camino nuevamente de la costa. Destaca, en el paisaje, el hermoso pueblo de Salobreña encaramado a un cerro con sus blanquecinas casas y sus apretadas techumbres, vestigio del pasado musulmán de la comarca.
Una vez que llegamos a la antigua N-323 disfrutaremos de unos cuantos kilómetros llanos, prácticamente los únicos de toda esta ruta.
Seguimos en dirección sur hacia la costa y la N-340 para, una vez allí, girar hacia la izquierda en dirección a Motril. Precisamente hasta esta importante localidad costera nos vamos a desviar al poco para evitar, así, realizar un mayor número de kilómetros por una carretera que soporta un gran volumen de tráfico, sobre todo en los meses estivales.
Ya en Motril buscaremos la carretera que nos conduce hasta El Puntalón, en cuyas inmediaciones daremos por iniciada la segunda dificultad de la ruta, el Alto del Conjuro.
Más largo que el anterior ascenso, aunque sin rampas tan duras ni mantenidas, el Alto del Conjuro es uno de esos puertos que podríamos considerar traicioneros, pues aunque carece de kilómetros completos de verdadera entidad, no es menos cierto que cuenta con un asfalto muy rugoso, de esos que impiden deslizar la rueda y dan la sensación de que alguien nos agarra y no nos quiere dejar subir.

A punto de coronar el Alto del Conjuro con la Sierra de Lújar en primer término y las cumbres de Sierra Nevada a su espalda.

En cualquier caso, tomándolo con calma, nos permite gozar de unas excelentes vistas del mar de Alborán y, una vez nos desviemos hacia Lújar, de toda su sierra, de la Contraviesa e incluso de algunas cumbres de Sierra Nevada.
Su descenso, cortado por un repecho, nos conduce, como decíamos, hasta Lújar. Esta vertiente del puerto es quizás la más atractiva de las tres, sobre todo al atravesar una zona abundante en vegetación poco antes del pueblo. La travesía es estrecha y empinada. Una parada para abastecernos de agua en su fuente es más que recomendable, sobre todo porque el siguiente puerto es de los de sudar la gota gorda.
Salimos de la pequeña población por una carretera recientemente remozada camino ahora de Castell de Ferro. No obstante, no llegaremos a la localidad costera, sino que a unos seis kilómetros de la misma nos encontraremos, cruzado un puente, con el desvío hacia Rubite, pequeña población serrana por donde ha de continuar nuestra ruta.
La subida a Rubite forma parte de un puerto más largo que no es otro que el Haza del Lino, siendo ésta una de sus vertientes más duras (la de mayor dificultad, a nuestro juicio, de cuantas están completamente asfaltadas en la actualidad).
Pero es el ascenso hasta el pueblo lo más complicado del tercer escollo de nuestra ruta, ya que cuenta con casi ocho kilómetros continuos cercanos al 9% de pendiente media. Y aunque no encontraremos rampas imposibles, si que habremos de superar alguna punta de hasta el 15%.
Un breve descanso nos sitúa a pie del pueblo, mas lo vamos a esquivar girando a la izquierda para seguir hasta el Haza del Lino, como decíamos.

Sucesión de curvas de herradura tras Rubite (en primer término) en pleno ascenso del Haza del Lino.

Después de un primer kilómetro exigente, la pendiente dará tregua y nos permitirá regocijarnos con unas impresionantes panorámicas del pueblo, la costa y la sierra a base de trazar un buen número de curvas de herradura.
Llegados a un cruce, giraremos a la derecha buscando Albuñol para, tras poco más de tres kilómetros, alcanzar la cumbre del puerto y en descenso llegar hasta la venta del Haza del Lino, donde una parada para reponer fuerzas es obligatoria, como obligatorio será también asomarse al mirador de Baldomero para contemplar unas excelentes vistas de la costa granadina e incluso, en días despejados, de la africana.
Se encuentra la venta en una encrucijada de caminos que nos presenta dos opciones. Nosotros para continuar con nuestra ruta escogemos seguir en dirección a Albuñol, aunque no vamos a llegar hasta allí de forma directa, sino que antes vamos a dar un nuevo rodeo por la costa para afrontar la cuarta dificultad de la ruta.
Así, nos desviaremos hacia Polopos, localidad famosa por sus caldos, al poco de tomar el cruce para seguir descendiendo hacia la costa, concretamente, hacia Castillo de Baños. El descenso, por carretera estrecha y empinada, es bastante técnico e incluso peligroso, ya que no cuenta con protecciones de ningún tipo.
Llegados a Castillo de Baños, giraremos a la izquierda en dirección a Almería por la N-340 para buscar La Mamola y, poco después, Los Yesos.
A la entrada de Los Yesos será cuando nos desviemos a la izquierda para afrontar la cuarta dificultad del día, el ascenso a Venta de Sorvilán.
Lo cierto es que actualmente este puerto no se puede pasar en bicicleta de carretera porque los dos primeros kilómetros están de tierra y, por desgracia, en mal estado. Si hemos optado por incluirlo en esta ruta es básicamente porque, una vez acabada la pista de tierra y de forma sorprendente aparece ante nuestros ojos una carretera perfectamente asfaltada de unos seis metros de ancho. Es decir, falta por asfaltarse el tramo inicial y realmente está previsto que se haga, lo que no sabemos es cuándo. Tal vez, una vez que se acabe con la obra de la autovía del Mediterráneo se resuelva el “misterio”.
De hecho, al poco de comenzar el puerto, se atraviesa por la mencionada autovía en obras con unas rampas de bastante entidad. Y es que este puerto tiene unos primeros siete kilómetros de aupa, con un porcentaje medio superior al 9%. Incluso una simpática rampa inicial al 19% se aviene a saludarnos.

Exceptuando el tramo inicial, de tierra, la carretera de Sorvilán presenta un estado impecable y un panorama excepcional del Mar de Alborán.

Al transitar un colladito, en la llamada “Era de los carpinteros”, la pendiente bajará y nos permitirá disfrutar de la segunda mitad del puerto, más suave, que nos deja a la entrada de Sorvilán.
Justo a la entrada del pueblo decidimos girar a la izquierda por la antigua carretera -más estrecha, pero asfaltada- que, viniendo a salir igualmente a la carretera de Albuñol, lo hace a mayor altitud, justo donde se sitúa la antigua venta de Sorvilán, hito que usamos para nombrar el puerto.
Una vez allí, por fin, ganamos un nuevo, largo y merecido descenso, aunque esta vez por buena carretera enfilando -ahora sí- rumbo fijo a Albuñol.
El suave descenso invita a dejarse caer cuesta abajo y a pedalear sólo en algún punto en que la bicicleta pierde algo de inercia. Precisamente al salir de Albuñol, uno de las localidades de mayor importancia de la Contraviesa, y ganar la zona baja de la rambla de Albuñol el descenso torna falso llano, aunque siempre favorable. Si el viento no sopla en contra, lo cierto es que la bicicleta parecerá rodar sola.
Obviando el cruce con la N-340 continuamos en dirección a El Pozuelo, pequeña población situada en el lado de la rambla opuesto a La Rábita. Cuando la pendiente favorable se hace imperceptible, tras un giro a izquierdas, nos vamos a encontrar con el cruce hacia la penúltima y más temible dificultad de la jornada, el ascenso a Venta del Chaleco por El Collado, uno de los puertos de paso de mayor dureza que existen en la península.
En el mencionado cruce giramos a la izquierda por lo que en su momento fue la antigua nacional, tal vez una incorporación, que hoy simplemente nos sirve para acceder hasta el verdadero pie del puerto, varios cientos de metros más adelante, aunque la carretera ya viene picando ligeramente desde la costa.
Cuando tenemos la sensación de que no encontraremos salida por esta carretera, observamos a nuestra derecha un túnel que atraviesa bajo la nueva nacional… Por ahí hemos de seguir nuestro rumbo en lo que resultará, a buen seguro, un auténtico infierno.

Duras rampas de Venta del Chaleco, uno de los puertos de paso más duros de la península.

El puerto lo tiene todo: longitud, desnivel, rampas, belleza… incluso varios tramos cementados y otro de tierra de poco más de 2,5 km. de largo (aunque en este caso podremos transitar perfectamente, ya que el piso se encuentra en buenas condiciones).

Tramo de tierra junto a los típicos viñedos de la Contraviesa. No faltará de nada en esta ruta.

Lo peor, sin duda, será la primera mitad en que se suceden los kilómetros por encima del 10% con algunos más livianos. Además, el cemento y las rampas superiores al 20% harán estragos.
La segunda mitad del puerto, pese a los descansillos más largos y las pendientes menos demoledoras terminará, por la acumulación de esfuerzos, de vaciar las fuerzas que nos queden. Pero, lo que aún es peor, hay que recordar que todavía resta un morlaco de aupa.
Llegamos a las ruinas de la Venta del Chaleco, tras coronar unos cientos de metros antes, y giramos a la derecha en dirección a Murtas para afrontar el descenso de este grandísimo coloso que acabamos de superar. Dicho descenso, con frecuencia cortado por algún repecho, es también largo y por momentos revirado, pero será su irregularidad el factor más relevante del mismo al impedirnos recuperar fuerzas de cara al eterno puerto final.
Además, para evitar el llano, tras un par de cortos repechos previos a Ugíjar, nos vamos a desviar por una pequeña cota que dejamos sin puntuar -que no sea por trampas y encerronas- entre la anterior localidad y Cherín, punto de inicio del puerto de La Ragua.

El puerto de la Ragua presenta una apariencia “alpina” en su zona más alta. No en vano, supera los 2.000 m. de altitud.

Ya estrenado en el profesionalismo hace unos años, este collado de más de 2.000 m. de altitud y 1.500 m. de desnivel para unos 25 km. es la última gran dificultad de nuestra “ruta divertimento”. Sus pendientes siempre constantes y más empinadas en la parte inicial que en la final sirvieron de desgaste para una grandísima de la Vuelta a España etapa que acababa en Sierra Nevada por El Purche. Aquí sus rampas, en cambio, deberían cobrarse las víctimas de una tremenda maratón que con este ascenso superaría ampliamente los 6000 m. de desnivel acumulado.
Concluir en su cima, en la pequeña Estación de Esquí de Fondo de la Ragua, es una buena opción por aquello de la promoción turística y la comodidad logística. Además, ahí la etapa se quedaría en 205 km. prácticamente. Es decir, tampoco estaríamos hablando de una kilometrada de otra época.
No obstante, preferimos añadir el descenso -que cuenta con tramos bastante técnicos- y colocar el final de esta hipotética etapa en el Castillo de La Calahorra. Una impresionante construcción de época renacentista (de hecho es la primera construcción civil renacentista en España) que se ubica sobre un cerro perfectamente visible desde toda la comarca del Marquesado de Zenete.
La subida al castillo, que es propiedad privada, se encuentra sin asfaltar en su totalidad, aunque se trataría simplemente de unos 2 km. de longitud.

El castillo de La Calahorra (Laroles), monumento donde damos por concluida la ruta.

Desde luego, la austera belleza del monumento serviría de perfecto colofón para una etapa de dimensiones colosales dentro Andalucía, una ensoñación nuestra que simplemente viene a corroborar que también en el sur es posible diseñar etapones de alta montaña.

GALERÍA FOTOGRÁFICA.

Mapa:

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Cerrajón de Murtas: el hermano pequeño ha salido respondón.

Estado del firme:**

Dureza:****

Volumen de tráfico:*

Consejos y sugerencias: paciencia y desarrollo adecuado para domeñar un puerto tan largo y con tan fuertes pendientes.

Vista desde el tramo central de tierra de 2,6 km. de longitud.

El “repentismo” en Murtas –en general en la Contraviesa- es un arte bien dominado por los trovadores que en sus cánticos populares improvisan versos en respuesta a los de su contrincante lírico, creando así una suerte de duelo dialéctico cantado con el acompañamiento de música folclórica. Pues bien, imaginemos que, como si de un trovo alpujarreño se tratase, el Cerrajón de Murtas, quizás la cima más emblemática de la Sierra de la Contraviesa, “repentizase” unas rimas en réplica a su hermano mayor, la Sierra de Lújar, y dejemos que el acompañamiento en este caso corra por nuestra cuenta y el de nuestra flaca… Os prometemos que el Cerrajón resultará un “contestatario” de altísimo nivel.

Las ruinas de la Venta del Chaleco desde la carretera que asciende al Cerrajón de Murtas.

Hasta su cima se asciende desde la encrucijada entre Murtas, Turón y Albondón donde aún se encuentran los restos ruinosos de la Venta del Chaleco a casi de 1.300 m. de altitud. Las posibilidades de acceso a Venta del Chaleco viables para nosotros son, pues, diversas y todas ellas de gran belleza y dureza. Sin embargo, ha sido el asfaltado del camino rural “Vista Alegre-Murtas” –aún por concluir en 2,6 km.- lo que ha convertido esta subida en todo un reto para cualquier cicloturista.

El arreglo de este camino rural, con tramos de asfalto y hormigón, nos permite ascender por esta nueva y durísima vertiente de Venta del Chaleco.

Sus números con casi 25 km. de longitud, más de 1.500 m. de desnivel y rampas que superan ampliamente el 20% hablan muy a las claras de la magnitud de la empresa que supone ascender este auténtico coloso.

Anodino inicio juntoa al mar (y los invernaderos) a la salida de El Pozuelo en dirección a Albuñol.

Para ello buscamos el punto de inicio más bajo posible, por lo que nos dirigimos hacia la localidad costera de El Pozuelo, una pedanía de Albuñol, y nos situamos junto a unas naves en sus afueras a una cota de 4 m. sobre el nivel del mar. Entre invernaderos ascendemos casi imperceptiblemente en dirección a la Rábita y Albuñol hasta que llegamos a un cruce en el que se nos advierte que la carretera está cortada. Se trata de una antigua incorporación a la N-340 y es este acceso el que está realmente cortado; sin embargo, nosotros encontramos salida girando a la derecha en una especie de rotondilla y pasando por un túnel bajo la mencionada nacional y la autovía en obras. Nos encontramos ya de lleno en la subida al puerto y, por si quedaran dudas, han colocado un cartelón que nos anuncia el camino de “Vista Alegre-Murtas”.

Al salir del túnel -y en su interior- las rampas se violentan.

Al salir de la rotonda y entrar en el túnel el firme pasa a estar compuesto de hormigón, característica ésta que se repetirá en varias ocasiones, tratándose de una de las peculiaridades de este puerto.

La carretera se ha estrechado (unos 3,5 m. de ancho aproximadamente) y la pendiente se dispara hasta el 20%. Afrontaremos casi 3 km. en que, a pesar de los descansillos, la pendiente media se sitúa ampliamente por encima del 10%.

Cierto que el paisaje en este tramo no acompaña, pero es que difícilmente podremos retirar los ojos del suelo con estas pendientes.

El desangelado paisaje que suponen laderas cubiertas de matorral se completa con continuos invernaderos. Es de suponer que la finalidad del camino sea la de dar salida a los productos que en ellos se cultivan, así que tampoco vamos a quejarnos por ello. Además, las fuertes rampas permiten ganar altura en un pispás, lo que unido al curveo nos hará gozar pronto de unas magníficas vistas sobre la costa y la rambla de Albuñol. Bueno, eso si podemos despegar la mirada del suelo, pues el segundo tramo de hormigón es de los más exigentes… Con rampas al 24% difícilmente podremos perder de vista la carretera.

En el cemento la pendiente se dispara hasta el 24%.

Por suerte se cierra este trecho con un descansillo –el puerto nos ofrece múltiples, como veremos-, aunque apenas nos hemos recuperado del “susto”, cuando vuelven a encenderse las alarmas. Y es que la trepidante continuidad de las empinadas rampas disparará nuestras pulsaciones a pesar de que apenas seamos capaces de rodar a más de 5 ó 6 km./h.

Pedaleamos en vertical por cemento, bastante irregular en este punto, y asfalto hasta coronar la loma del Hornillo, donde pondremos punto y final a este terrible inicio, aunque el puerto no ha hecho más que comenzar.

Ni todos los tramos de cemento son cuesta arriba, ni todos presentan un buen firme. Aquí, evidentemente, vemos un ejemplo de lo segundo.

El siguiente kilómetro, a pesar de que su pendiente media es de apenas un 2%, es de todo menos llano: varios descensos y repechos con fuerte pendiente se suceden. Si bien es cierto que ahora sí que vamos a poder coger aire y soltar las piernas. El entorno más próximo apenas mejora, aunque aparecen las primeras vistas de las cumbres de Sierra Nevada y el pueblo de Albondón encaramado en la Contraviesa. La rambla de Albuñol, tapizada de plástico por doquier queda ya muy abajo.

En la señal de stop llegamos a el cruce hacia La Tejera, una variante de la subida aún por asfaltar completamente. Giramos a la derecha y vuelven las rampas de cemento.

Pero esta relativa comodidad se acaba al llegar al cruce de La Tejera, otra posible variante durísima de este puerto, por cierto, aunque su inicio remonta una rambla y no está asfaltado. En este cruce, el retorno del cemento no puede ser más que nuncio inequívoco de elevados porcentajes: por suerte, tras trazar dos terribles herraduras volvemos a falsollanear.

Pero al punto nos vamos a sumergir en otros 3 km. de considerable dificultad, rampas del 17% y de hasta el 20% en una doble paella nos dejan a las puertas de una de las distintas aldeas que atravesaremos, La Balsilla. El entorno, ahora sí, más hermoso, más rural, por así decir, comienza a atraparnos. Cambiamos los invernaderos por almendros, higueras y, más arriba, por vides: la tríada de la Contraviesa.

Llegamos a La Balsilla, primera de las aldeas que nos encontraremos.

Acelerados por ladridos de perro, dejamos luego la aldea de Casafuerte y nos adentramos en un tramo de cemento de elevada pendiente media, aunque en buen estado, por donde a fuerza de herraduras trepa la carretera sin dar tregua. Por desgracia, antes de coronar el altillo nos vamos a quedar sin hormigón y sin asfalto: los próximos 2,6 km. hasta el término municipal de Murtas están aún por pavimentar, aunque esperamos que no por mucho tiempo.

Herraduras enlazadas en el durísimo kilómetro a casi el 12% de pendiente media por pista cementada.

En cualquier caso, seguimos por una pista de tierra en buen estado y pasamos junto a lo que parece ser un cementerio, de considerable tamaño para lo que son las aldeas cercanas. En efecto, se trata del cementerio de La Ermita, que al decir de los lugareños más ancianos, se trata del más antiguo de toda la comarca. A nosotros, ciertamente, nos ha evocado imágenes propias del spaghetti western.

Junto al cementerio de La Ermita, ya en tierra, iniciamos un corto tramo de descenso.

Descendemos unos cientos de metros hasta el cruce hacia La Ermita, cortijada en la que, según parece, se hallan unos restos de época romana. Pero nosotros vamos a seguir en línea recta para retomar el ascenso hasta coronar la Hoya de Guillén y abandonar el término municipal de Albuñol. A la dificultad intrínseca de pedalear por tierra se añade la fuerte pendiente que en puntos vuelve a situarse en un 20%. Motivo doble de alegría, pues, reentrar en el asfalto.

Viñedos en pleno ascenso a la Hoya de Guillén.

Acogido con entusiasmo el firme, más antiguo e irregular que el del inicio del puerto, buscamos nuestro siguiente objetivo, que no es otro que el de llegar hasta El Collado, aldea que podemos atisbar encaramada a una loma desde el corto descenso de Cerro Cañas. Toca subir más y sufrir mejor, sobre todo al inicio… ¡y aún queda casi la mitad del puerto! Si bien es cierto que lo más duro, excepto por las rampas finales, ya ha pasado. Ha llegado el momento de disfrutar de verdad de una subida como ésta a la vez que empezamos a ser conscientes de su verdadera magnitud.

Descendemos Cerro Cañas y vislumbramos, coronando una loma, las casas de El Collado.

El Collado es una pequeña cortijada aneja a Murtas con poco más de una docena de habitantes, aunque curiosamente fue éste el sitio que escogió como morada el antropólogo suizo Jean Christian Spahni, autor de La Alpujarra, la Andalucía secreta,  mediados los años 50 para adentrarse en la cultura y tradiciones de esta comarca y sus gentes.

Llegamos a El Collado. Cualquiera diría que se trata de una aldea fantasma.

Desde aquí apenas sí quedan un par de kilómetros ascendentes hasta llegar a la GR-6202, que enlaza Turón con Venta del Chaleco. La noticia es que no hay rampas que superen el 10%, que ya es decir. En una herradura a izquierdas, junto a una finca de excepcionales vistas, enlazamos, aunque la subida se prolonga varios cientos de metros más en un espectacular cresteo. Por carretera ancha, aunque rugosa, encontramos, por fin, un descanso digno de llamarse así antes de afrontar la subida hasta Venta del Chaleco: 1,5 km. de descenso dan paso a poco menos de 2 de km. que rondan siempre el 8% de pendiente media.

Ya en la GR-6202, carretera más ancha, camino de Venta del Chaleco.

Una amplia herradura a izquierdas nos sitúa a 1.317 m. de altitud, punto en que coronamos, con el Cerrajón de frente, uno de los puertos de paso más duro de toda la península, si bien hasta el cruce en que se hallan los restos de la antigua venta habrá que descender.

Coronamos Venta del Chaleco, unos cientos de metros antes del lugar donde se ubican los restos de la antigua venta.

Pero, siempre que se puede seguir subiendo más alto, allá que vamos: y es que un cartel en el mismo cruce nos indica el camino hasta el mirador del Cerrajón. Inicialmente el asfalto está deteriorado, aunque justo cuando se pone peor, nos desviamos a la derecha por una pista impecablemente cementada. Una tregua da paso a rampas de consideración y a un nuevo cambio del paisaje, pues nos adentramos en un joven pinar de repoblación: es así como las únicas sombras de todo el puerto las hallamos al final.

Seguimos subiendo por la pista cementada que accede hasta el mirador de El Cerrajón de Murtas.

Nos toparemos con varios cruces hormigonados, el primero a izquierdas se pierde en alguna cortijada, el segundo a derechas baja hasta Murtas. Al poco se allana la pista y de inmediato llegamos a una antena. Aquí podríamos dar por concluido nuestro ascenso, pues para seguir subiendo, habremos de hacerlo por una pista de tierra que, si bien es cierto que alterna tramos de cemento –el último de extrema dureza-, no se encuentra en buen estado. Pero como sólo restan 600 m. hasta el mirador del Cerrajón, decidimos seguir hasta su cima, aunque haya que descabalgar en algún punto… No hemos nadado tanto para morir en la orilla.

Los últimos 500 m. de ascenso alternan tramos de tierra prácticamente impracticables con tramos de cemento en buen estado. A pesar del aspecto que presenta, merece la pena caminar un poco.

Y es que, una vez arriba, no nos vamos a arrepentir de haber llegado hasta allí pese a todo: espectaculares fotografías de toda la Alpujarra, con la mayoría de sus municipios a la vista… “Alpujarra es todo aquello que se ve desde el Cerrajón de Murtas”, (Pedro Antonio de Alarcón): el Mediterráneo al Sur y en días claros África; al Norte Sierra Nevada; al Este el embalse de Benínar con la Sierra de Gádor y al Oeste las de Tejeda, Almijara, el Chaparral y Lújar.

Se nos termina la carretera a la vez que la montaña, no sin despedirnos con una rampa de más del 20%.

Esta última, reconocible fácilmente por sus antenas, parece seguir retándonos desde la distancia… Pero nosotros, a decir verdad, hemos tenido suficiente “trovo” por esta vez.

GALERÍA FOTOGRÁFICA.

Mapa: