Almería

Calar Alto por Tabernas, un puerto de cine.

Estado del firme:****

Dureza:****

Volumen de tráfico:*

Consejos y sugerencias: la principal preocupación ante un puerto así debe ser el abastecimiento de agua. La fuente del área recreativa La Merendera suele llevar agua incluso en época estival, si bien se encuentra muy lejos del punto de inicio. Téngase en cuenta, pues, que desde el bar que hay en el cruce de Gérgal no encontraremos otro lugar de abastecimiento, por lo que, si no las tenemos todas con nosotros para aguantar hasta la fuente, mejor realizar una parada técnica. Por lo demás, aunque cuenta con rampas aisladas muy empinadas, sobre todo al inicio, no se trata de un puerto especialmente exigente en ese sentido, más allá de que usemos un desarrollo cómodo para regular bien durante tantos kilómetros ascendentes.

Al pasar junto al observatorio noreste gozaremos de una amplísima vista panorámica. Broche de oro a un ascenso colosal.

Ascendido en varias ocasiones por la Vuelta a España desde Gérgal (2004 y 2006), esta vertiente de Calar Alto lleva abierta desde finales del pasado siglo y va camino de cumplir 15 años desde la última vez que se coronó, aunque ha repetido también como final en varias ocasiones por su vertiente de Bacares.

Sin embargo, la altimetría que os presentamos aquí incluye de inicio un largo añadido desde la Rambla de Tabernas gracias a un camino que trepa en paralelo a la A-92. Se trata, en efecto, de la típica vía de servicio con que cuentan algunas autovías y que carece normalmente de tráfico más allá de quienes acuden a las fincas anejas, que encuentran por aquí su vía de acceso.

Vía de servicio junto a la autovía. Firme irregular, poco tráfico.

Por tanto, el camino es, por una parte, poco transitado; pero, en cambio, por otra, no cuenta con un firme especialmente cuidado, aunque perfectamente asfaltado y ciclable con ruedas finas.

El sitio en que comenzamos la subida será el puente de Los Callejones, justo donde la N-340a se dispone a enlazar con la A-92 en una rotonda. Pero nosotros tomaremos una primera salida en dirección al “Western Leone”, decorado cinematográfico que ha servido para filmar renombradas piezas maestras del “Spaghetti Western” como Hasta que llegó su hora o Por un puñado de dólares, entre otras joyas del género. Aquí comenzamos nuestra travesía en paralelo a la autovía, con la sintonía de algunos de esos épicos western de Leone repitiéndose en nuestra cabeza. Seguro que saben de que les hablo: prepárense para la tortura de ascender todo el puerto -que no es precisamente corto- tarareando la misma estrofa de una canción.

La lejana y elevada situación de los observatorios dan más miedo que un indio herido detrás de una mata.

Así, nos vemos repentinamente inmersos en una suerte de mundo cinematográfico, cabalgando a lomos de nuestra bici, maillot en lugar de polvoriento poncho, casco en vez de sombrero y con alguna que otra barrita energética por cigarrillo. Si hay que desenfundar, desenfundamos nuestra cámara para disparar fotos a discreción…

Pero esta etérea ilusión se va a desvanecer en un abrir y cerrar de ojos por una escena extemporánea: el voluminoso tráfico de vehículos en la vecina autovía nos despierta de nuestro sueño pseudo-hollywoodense.

El desierto, su austera belleza. El ambiente cinematográfico roto por el tráfico de la autovía.

En cualquier caso, es de justicia notar la singular belleza del Desierto de Tabernas, cuyo sorprendente aspecto le ha merecido a esta zona, años ha, la denominación de Paraje Natural, hecho que logra por sí solo que esta pieza añadida merezca muy mucho la pena transitarla sin entrar siquiera en valoraciones “deportivas” de si se trata de un sólo puerto o hemos de considerar los ascensos por separado.

Debe quedar claro que ese volumen de tráfico arriba mencionado en nada va a afectar nuestra marcha, pues circularemos en paralelo por una solitaria y estrecha vía, caracterizada por una irregularidad que se refleja en varios aspectos: en primer lugar es, por tramos, camino, por tramos, antigua nacional; en segundo lugar, como este tipo de vías, sigue un trazado tremendamente quebrado con fuertes pendientes descendentes y ascendentes para salvar vaguadas, sin demasiadas soluciones técnicas, mientras que en otras ocasiones será un mero falso llano. Cuenta, además, con un buen número de vados cementados para salvar los desagües de las laderas y evitar que la vía quede sepultada durante los periodos de lluvia (que serán pocos, pero muy intensos).

La rambla de Tabernas es sorteada por el puente de los Castillejos, punto de inicio de nuestro ascenso.

Una vez logramos abstraernos de todo y nos centramos en nuestro pedaleo, hemos de tener en cuenta que hasta el primer altillo distan poco más de trece kilómetros entre los que más de la mitad van a situarse por encima del 4%.

Entre los cambios de carretera, el curveo de las zonas más intrincadas y el paisaje de los badlands con sus lomas polvorientas, sus nervudas aristas y sus claroscuros ascenderemos distraídos, sin más alteración que los breves rampones que nos obligan a echar mano del cambio y a acompasar la respiración.

Alternamos antiguos tramos de nacional con camino rural.

También llama nuestra atención un huerto de almendros… hasta en esta zona se saca provecho al terreno, otras, en cambio, nos esforzamos por escudriñar el horizonte que traza la Sierra de los Filabres, donde se adivinan las blancas cúpulas que balizan de forma inequívoca el final del ascenso. Mejor no pensar en el mundo que dista desde este punto hasta la cima.

A unos dos km. de llegar a Gérgal, ya por buena carretera, coronamos un altillo con el pueblo a la vista. Desde el alto casi dos kilómetros de franco descenso darán tregua a nuestro pedaleo.

Gérgal: a la derecha destacan el castillo y la iglesia de Santa María.

En la estampa de Gérgal descuellan el castillo y la iglesia de Santa María. El primero, de austera apariencia (rimando a la perfección con el paisaje imperante), aparece mencionado ya en los orígenes del propio Gérgal como una fortaleza y fue de especial importancia durante las revueltas moriscas de la Alpujarra, que también afectaron a Los Filabres. Abandonado durante siglos, se conserva en buen estado gracias a una reciente restauración y, de hecho, actualmente está habitado; la iglesia, por su parte, data de principios del s. XVI. Su apariencia adusta -es factura en ladrillo visto-, fruto probablemente de la transición entre el gótico y el renacimiento, contrasta con la elegante esbeltez de su campanario y la reluciente cal de las fachadas del caserío que la rodean.

Estos kilómetros recorridos hasta aquí han servido de transición entre el Desierto de Tabernas y la Sierra de los Filabres. Aunque geológicamente la formación de esta sierra -englobada en el Sistema Penibético- es de origen alpino, el paisaje de este puerto, en cambio, dista un un mundo de parecerse al de sus primos franceses, italianos o suizos, ya que, como una buena parte de la provincia, ha quedado estigmatizada por una desertización que los planes de reforestación -del que un pinar que transitaremos es buen representante- aún quedan lejos de alcanzar a reparar mínimamente.

Desde el mirador de la Merendera a unos 1.900 m. de altitud podemos observar que, pese a una orografía alpina, el paisaje de Los Filabres dista mucho de parecerse al de los puertos alpinos.

Sin embargo, la austera belleza de sus parajes no dejará indiferente al cicloturista que se aventure por sus excelentes carreteras. Su singularidad es tal que podremos disfrutar en un sólo vistazo de la presencia de la nieve en sus cumbres, del desierto abajo en el valle y del azul del Mediterráneo allá en lontananza. El verde de los altos prados alpinos lo cambiaremos por el pálido esparto que resiste valiente en las pardas laderas pizarrosas de Los Filabres, donde sólo tras las nevadas y las lluvias aparece un fresco bozo de verde vegetación, amable nuncio de una primavera efímera. Tiernos pinares enraízan, a su vez, en las alturas, mientras que en la vecindad de los pueblos, como hemos podido comprobar al inicio, florecen frutales como el almendro (incluso en las proximidades de Tabernas se da el cultivo del olivar, origen del afamado “oro del desierto”, aceite de altísima calidad, producto que no falta tampoco en la provincia almeriense).

Nieve, desierto y mar. Singularidad de la provincia almeriense de que gozamos en Los Filabres.

Pero la variopinta paleta de colores de los Filabres no alcanza su plenitud sin el azul de su cielo. La limpieza de sus celestes durante el día y la claridad de sus noches estrelladas lo convirtieron allá por 1973 en sede del CAHA (Centro Astronómico Hispano-Alemán), que ubicó varios telescopios en la cima de Calar Alto, a más de 2.100 m. de altitud: nuestro lugar de destino, al que se puede llegar en carretera por dos accesos: por el pueblo de Aulago y por el Collado de Venta Luisa, siendo también que a este último se puede acceder por el sur y por el norte con distintas variantes.

Sin pasar por Gérgal, retomamos el ascenso camino de Venta Luisa.

Es por el sur, por Gérgal como decíamos, por donde afrontaremos nuestro particular asalto a los diáfanos cielos filabreses. Sin embargo, antes de llegar al pueblo nos desviaremos a la derecha en dirección a Serón y Olula de Castro. Justo en el cruce encontraremos un bar donde poder repostar, si fuera necesario -recomendable en cualquier caso- antes de continuar la ruta. Desde este cruce casi 23 km. nos van a restar hasta la cima, todos ellos por buena y ancha carretera.

El ascenso, más regular que por la vertiente norte de Tíjola o la de Serón y Las Menas, cuenta, no obstante, con una alternancia entre kilómetros duros y otros más livianos, aunque sin tanto descansillo como nos regala la mencionada vertiente opuesta.

Ascenso bastante regular. El observatorio constantemente a la vista nos recuerda que queda mucha tela por cortar.

Este ascenso, por su parte, te va estrangulando como una boa, asfixiándote poco a poco, haciendo notar el paso y el peso de los kilómetros, del desnivel acumulado, poniendo a prueba nuestra fortaleza mental ya desde el inicio en que atisbábamos lejanas las blancas cúpulas del observatorio astronómico y que seguiremos atisbando siempre distantes a nuestro ojo, pese a que somos racionalmente conscientes de que estamos más cerca. No en vano, en el territorio nacional sólo encontramos puertos de este calibre (1.900 m. de desnivel, rondando los 2.000 m. de acumulado) en la vecina provincia granadina y en las islas afortunadas… Estamos, pues, ante un ascenso singular. Un reto.

Tras 25 km. de puerto, afrontar 9 km. a casi el 8% de pendiente media acabará por apagar nuestros bríos.

Y será a unos 10 kilómetros de coronar Venta Luisa cuando más fuerte nos constriña su extenuante abrazo: afrontaremos 9,3 kilómetros a casi el 8% de pendiente media. De repente, el pedaleo va perdiendo la poca alegría que le restaba a estas alturas y el ascenso nos mortifica sin compasión: conectamos el piloto automático en modo “supervivencia”.

A todo esto puede unirse, a mayor tortura, el cambio brusco de temperatura que se produce entre las profundidades de la Rambla de Tabernas y las cumbres de la Sierra de los Filabres: de un día soleado y agradable abajo podemos pasar ser castigados por una tormenta de lluvia e incluso de nieve en las zonas elevadas.

Herraduras adornan salteadas este exigente tramo.

Este tramo, salpicado de herraduras, es de una sobria aunque soberbia belleza. Al fondo Almería y el Mediterráneo, entre la Sierra Alhamilla y la Sierra de Gádor y la Sierra Nevada.

El paso junto al área recreativa “La Merendera” y su fuente suele ser una estupenda excusa para realizar una parada de abastecimiento y deleitarse en las admirables vistas que ofrece el puerto, quizás el balcón con mejor panorámica de toda la provincia junto con Velefique y la cumbre de la Tetica de Bacares.

Al salir de la herradura ya está prácticamente acabado el ascenso de Venta Luisa.

Una última herradura a izquierdas nos deja en una recta final que va suavizando camino de Venta Luisa, cuyo cartel indica la nada desdeñable cifra de 1.970 m. de altitud, desmentida por la cifra de 1.974 m., de los mapas topográficos autonómicos.

Pero no acaba aquí nuestra larga agonía, ya que a la izquierda continúa una pista asfaltada que nos conduce hasta el observatorio. Y como no hemos padecido tanto para quedarnos tan cerca, envalentonados por la dimensión del logro hasta el momento realizado y movidos por el afán de superarlo, proseguimos hasta alcanzar el punto más alto de la carretera.

Collado de Venta Luisa. A la izquierda la pista asfaltada hasta Calar Alto.

Aunque en ninguna de las altigrafías aparezca reflejado debido al “corte kilométrico”, este tramo cuenta con mil metros por encima del 10% (con picos de hasta el 14% cuando la pendiente se pone más seria).

Al alcanzar los primeros observatorios, giraremos a la derecha buscando la cumbre mas alta a 2.163 m. s. n. m. Será junto a la cúpula norte, en progresivo giro a izquierdas, donde coronemos Calar Alto con unas imponentes vistas hacia el norte. Nos deleitamos en su contemplación: Pico Jabalcón, Sierra de las Estancias y Sierra de María y, por supuesto, Tetica de Bacares, en un primer término; Sierra de Cazorla y Segura, Sierra de Castril y la imponente mole del Pico de la Sagra en segundo término, además de algunas de las cumbres de la vecina Región de Murcia, según intuimos.

Collado del Hornillo. Arriba, ya cercanos, los telescopios. Junto a la cúpula derecha encontraremos el punto más alto de la carretera.

Final recomendable y difícilmente superable para un puerto de película.

GALERÍA FOTOGRÁFICA.

Mapa:

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