Altimetrías

Sierra de la Alfaguara, adentrándonos en el Parque Natural de Sierra de Huétor.

Estado del firme:***

Dureza:**

Volumen de tráfico:**

Consejos y sugerencias: aunque no se trata de uno de los más afamados ascensos cercanos a la capital granadina, como complemento a una estancia prolongada en la ciudad no desmerece. La zona final de herraduras es muy escénica.

Curvas finales antes de llegar al Campamento de La Alfaguara, la zona más escénica del ascenso.

Ubicar el inicio del ascenso a la Sierra de la Alfaguara puede ser un quebradero de cabeza, toda vez que son varios los puntos en que se podría comenzar el ascenso antes de confluir en sus algo más de cinco kilómetros finales. Es, pues, la aproximación hasta el tramo final -el de mayor espectacularidad del ascenso sin lugar a dudas- lo que podemos cambiar realizando múltiples combinaciones.

En este caso, nosotros nos hemos venido hasta la localidad de Jun, un nombre que a todo el que haya realizado con cierta frecuencia el trayecto entre Granada y Guadix por la A-92 le tiene que resultar familiar, ya que marca el punto en que nos adentramos en un entorno meramente serrano para abandonar el cinturón de la capital granadina. Es a partir de la salida de Jun y Alfacar de la autovía donde percibimos el cambio en el paisaje: en breve se nos acaba la Vega y penetramos en la Sierra de Húetor.

En las primeras estribaciones del ascenso la Sierra de la Alfaguara nos reta.

En esta sierra, que se extiende de oriente a occidente al norte de Sierra Nevada, nos vamos a adentrar, concretamente en su extremo más occidental, que se denomina Sierra de la Alfaguara.

Aquí en la Alfaguara, en el barranco de Víznar, tuvo lugar durante la Guerra Civil el fusilamiento de más de mil personas. El más afamado de todos los granadinos cuantos fueron ejecutados, sin lugar a dudas, Federico García Lorca. Asesinado y abandonado junto a una cuneta entre Alfacar y Víznar, aún hoy sus restos siguen en paradero desconocido.

Que no murió. Le mataron.
Contra la cal de una tapia luminosa
Me lo dejaron clavado.
[…]

Gabriel Celaya

Nos va a resultar inevitable pedalear por aquí sin estremecernos por las atrocidades de la guerra y nos va a ser imposible también sin recordar algunos versos de una de las mayores figuras de nuestra poesía.

La capital y su Vega quedan a nuestra espalda.

Jun nos va a quedar a la espalda muy pronto, pues comenzaremos el ascenso a las afueras de la localidad.

La pequeña población remonta sus orígenes, como mínimo, a época romana según atestigua la aparición de su nombre en una inscripción latina, aunque por su cercanía a la capital del reino nazarí, su época de mayor esplendor corresponde, como es lógico a la Edad Media. Una casa del s. XV aún podemos ver en Jun que, aunque muy reformada, todavía conserva el aljibe, un arco nazarí y su estructura originales.

Chalets dispersos en la ladera de la Sierra. Obviamos la primera salida de Alfacar.

Con la mirada puesta en la sierra que se alza ante nosotros buscaremos las inmediaciones de Alfacar. El ascenso hasta allí es ciertamente irregular, como es de hecho el puerto en sí, de tal modo que se alternan tramos ascendentes con descansillos y nos cuesta alcanzar una velocidad de crucero cómoda y apropiada.

Olivos y almendros cubren cubren el piedemonte dejando patente que la agricultura aun sigue siendomedio de vida de la zona, pese a su retroceso. El trasiego de vehículos empieza a ser molesto y puede que así siga hasta que alcancemos el cruce definitivo hacia la Alfaguara.

Tras ganar un altillo vamos a obviar las mencionadas salidas a la autovía para diriginirnos en pos de Alfacar.

Y allí llegamos tras un largo falso llano. Mas no vamos a hacer travesía completa por el pueblo, sino tan sólo su parte más cercana a la carretera para acabar bordeándolo por la derecha.

Apenas sí rozamos el exterior de la población.

Aunque el topónimo Alfacar hace referencia a una actividad hoy perdida como la alfarería, los alfacareños siguen usando el horno para otros menesteres, ya que Alfacar es famosa hoy día por su pan, existiendo más de una cincuentena obradores y panaderías. Destaca también por la abundancia de manantiales de gran calidad.

Dura curva a izquierdas. El paisaje va mutando, aunque olivos y almendros aún pueblan las laderas más cercanas.

Tras salir de las últimas casas y rodar por una zona de cierta dureza continuada y más o menos rectilínea con el pueblo a nuestra izquierda, una curva cerrada a izquierdas -con considerable inclinación, por cierto- nos vuelve a poner camino de Alfacar, concretamente de la urbanización Los Molinos y de su barrio alto, Fuente Nueva. De la sierra de la Alfaguara ahora se nos hace más visible la roca y el matorral.

El monte, gato garduño, eriza sus pitas agrias

Buscamos la localidad de Nívar hasta toparnos con el cruce de La Alfaguara.

Salimos de Alfacar buscando la vecina localidad de Nívar y dejando la de Víznar a nuestra derecha. Pero tras otro kilómetro de los que hacen daño, a medio camino entre uno y otro pueblo, llegamos al cruce de la Alfaguara.

Al principio nos sorprende que la carretera baja varios cientos de metros en paralelo a la de Nívar -igual se podrían haber ahorrado algún tramo de carretera-, luego se adentra en la sierra. La cartelería nos advierte de nuestra presencia en Parque Natural, cuando algunos olivos aún se resisten a dejar protagonismo a una vegetación salvaje.

Ya en la carretera de La Alfaguara el cambio de paisaje es total. Buscamos el Tajo de la Cimbra.

Trazamos una vaguada a izquierdas seguida de una herradura entre taludes y una pared caliza cercena la panorámica de abrupta manera. Completamente vertical, la pared no la vamos a bordear, aunque de primeras pudiera parecerlo, sino que la vamos a dejar a nuestra derecha tras un nuevo giro de la carretera.

Curva en pleno barranco.

En este tramo la carretera se abre paso en zigzag entre laderas de caliza, que parecen envolvernos hasta que coronemos el altillo que media entre ambas: el Tajo de la Cimbra. Hasta cinco curvas de herradura traza la carretera para superar la angostura, el tramo más escénico de todo el ascenso. Tras una pareja de herraduras, una postrera curva a izquierdas nos deja de frente ante un roquedo en que una cabra montés pone a prueba sus habilidades en una aguja de roca. O eso nos quiere parecer, pues permanece queda como estatua hasta el punto de que nos planteamos en serio si no lo será realmente.

¿Encuentran la cabra?

Con estas elucubraciones sin sustancia el esfuerzo aparenta -sólo lo aparenta- ser menos esfuerzo, aunque lo cierto es que la subida va tocando a su fin, pues nos quedan, tras el collado, poco más de dos kilómetros de ascenso hasta La Alfaguara, de entre los que el primero y medio será prácticamente llano.

Agradabilísio paseo a la sombra de la arboleda.

A nuestra derecha un bosque de coníferas se eleva por la ladera de la sierra, bosque que muy pronto va a cubrir ambos márgenes de la carretera que ahora sigue una línea recta casi perfecta.

Cuando parece que el camino va a morir llano y recto, un cruce nos permite continuar or asfalto hasta el Área Recreativa de la Alfaguara. De frente, por pista de tierra, seguiríamos hacia la Fuente La Teja donde inician su curso las aguas del Darro y antigua zona de asueto de granadinos.

Buscamos el Campamento de La Alfaguara para concluir nuestra subida.

A la derecha, en cambio, retomamos un ascenso inesperado ya tras largo trecho falsollaneando y una última rampa nos deja en el Campamento de la Alfaguara.

Aquí podemos visitar también el Arboretum de la Alfaguara, antiguo vivero en que se criaron un buen número de los árboles con que se reforestaron estas sierras y que hoy día cuenta con senderos y paneles para su visita.

¡Árboles!
¿Habéis sido flechas
caídas del azul?
¿Qué terribles guerreros os lanzaron?
¿Han sido las estrellas?

Vuestras músicas vienen del alma de los pájaros,
de los ojos de Dios,
de la pasión perfecta.
¡Arboles!
¿Conocerán vuestras raíces toscas
mi corazón en tierra?

La pista se encuentra en perfecto estado para ruedas finas.

Aunque acaba el asfalto, una pista continúa trepando y decidimos tentarla. Tampoco queda mucho más de subida, pero le hemos cogido el gustillo al puerto y casi que no apetece que se acabe tan pronto: alguna rampa dura -más si cabe por el piso- nos pondrá a prueba antes de coronar -ahora sí- definitivamente. La pista, ya en bajada, acaba muriendo en la carretera de Puerto Lobo.

GALERÍA FOTOGRÁFICA.

Mapa:

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