Altimetrías

Collado del Alguacil, balcón hacia los tresmiles.

Estado del firme:***

Dureza:***

Volumen de tráfico: **

Consejos y sugerencias: aunque, como queda claro por la altimetría, lo verdaderamente serio de este puerto nos lo vamos a encontrar en los últimos 8,6 km., conviene no subestimar un inicio en el que a buen seguro, caso de dejarnos unas fuerzas preciosas, nos pasará factura más pronto que tarde.

Insuperables vistas de la cara norte de las cumbres más altas de Sierra Nevada.

No exageramos ni un ápice si afirmamos que Granada es una de las provincias –con la capital al frente- de mayor raigambre ciclista en el país. Y ello no es fruto, ni mucho menos, de la casualidad: basta con considerar el elevado número de puertos de montaña existentes en la provincia y su categoría para relacionar esta afición con la orografía de la que goza Granada.

El inicio de la subida, más llevadero, puede pasar factura si no medimos bien los esfuerzos.

Pues bien, he aquí una de las joyas que nos regalan Sierra Nevada y sus alrededores: el collado del Alguacil, cuya cima se eleva a casi 1900 m. de altitud, es sin duda uno más en la innumerable lista de colosos de la zona, con sus 8,5 km. finales a casi el 10% de media, ahí es nada.

Lo cierto es que el puerto se puede dividir perfectamente en dos partes bien diferenciadas que os detallaremos a continuación.

Inicialmente remontamos el valle del río Genil.

En primer lugar hay un trayecto de aproximación hasta Güejar Sierra en que la carretera, remontando el valle del Genil, no termina de decidirse completamente a apuntar hacia el cielo. Sin embargo, encontramos ya en este trayecto buenas rampas, incluso un km. que ronda el 8% y rampas, a veces sostenidas, de dos dígitos. No hay, pues, que llevarse a engaño con esta primera parte de la subida, ya que malgastar aquí fuerzas significará, con toda seguridad, echarlas de menos más adelante.

Al llegar a la presa, merece la pena detenerse a contemplar el panorama que nos ofrece el embalse de Canales y su entorno.

Después de las tres herraduras de ese primer km. duro, coronamos un pequeño altillo justo donde se halla el embalse de Canales. En este punto afrontamos un leve descansillo para, a continuación, seguir ascendiendo por pendientes siempre cercanas al 5%, a excepción de unos centenares de metros de cierta exigencia.

Poco antes de llegar a Güéjar Sierra divisamos en la ladera opuesta la sinuosa carretera de Haza Llana.

Remontando ahora las aguas del embalse, coronamos un segundo altillo, junto a un camping, que precede a las primeras casas del pueblo, hasta donde nos dejaremos caer con cierta comodidad. Aún callejeando, tras tomar algún que otro cruce incluido el desvío a la derecha que nos lleva a la durísima cuesta de Haza Llana, nos disponemos a afrontar la segunda parte del ascenso, la que hace de éste un puerto verdaderamente “especial”.

La salida del pueblo la hacemos por una rampa al 20% de pendiente.

Justo tras el cruce de Haza Llana y, por si qudaban dudas de lo anteriormente comentado, esta segunda parte comienza con una rampa de unos 150 m. al 20% y ya podemos echar mano de aquí en adelante del arsenal de piñones de que dispongamos, porque tras un corto descanso las rampas vuelven a empinarse a la par que pasamos junto al desvío que conduce al Veleta por la antigua carretera del Hotel del Duque.

Al echar la vista atrás disfrutaremos de bellísimas estampas como ésta.

Antes de que nos hayamos querido dar cuenta, estaremos metidos en faena… y sin descanso. Sí que es cierto que hay dos km. más “suaves” cercanos al 9%, pero no lo es menos que en los 5 finales pocas veces hallaremos algún momento de respiro por debajo del 10%. Y es que la carretera, excepto en la salida del pueblo, sigue una tendencia muy constante y, lo que aún lo hace más duro, ligera y paulatinamente más empinada.

Al salir del pueblo encontraremos durante unos cientos de metros uno de los pocos tramos de arbolado en toda la subida. Se trata de un olivar que, aunque generoso en aceitunas, no se basta para proporcionarnos la sombra tan necesaria en los meses estivales.

Una carretera abierta, sin apenas vegetación, y un valle cada vez más profundo serán la tónica de esta segunda parte del ascenso.

A nuestra derecha el barranco se ha ido haciendo más pronunciado sobre el profundo valle con el paso de los kilómetros. Las cumbres de Sierra Nevada, antes apenas visibles, descuellan cubiertas de su blanco manto: mientras que nosotros ascendemos por la ladera sur de la montaña, siendo la nieve más escasa, podemos contemplar en la ladera norte de las vecinas lomas cómo se acumula en gran cantidad en alturas bastante inferiores a las que estamos pedaleando.

Tras la última curva el trazado se vuelve prácticamente rectilíneo.

Prácticamente hasta alcanzar la cuarta y penúltima herradura del puerto la carretera asciende serpenteando y no nos es posible hacernos una idea de las rampas del puerto más allá de los siguientes 100 ó 200 m. Sin embargo, a partir de este momento, se ampliará nuestro campo de visión, un pequeño detalle que suele tener efectos psicológicos negativos: pues avanzamos muy lentamente y la cuesta no parece tener fin. Además, con el paso de los km. cierta pesadez comienza a hacer presa de nuestras piernas y cada vez nos cuesta más mantener la velocidad de crucero que kilómetros atrás sosteníamos sin problemas.

Avanzar tan lentamente y ver largos tramos de carretera resulta psicológicamente demoledor.

Por otro lado, la panorámica es cada vez más espectacular: la Loma de los Papeles, el Alcazaba, el Mulhacén, el Veleta. Cumbres todas que, por lo menos, nos sirven para apartar nuestra mente de las rampas por unos instantes, y es que la pendiente ya no va a concedernos tregua alguna.

Curveo previo a las instalaciones rurales de Cortijo Balderas.

Por lo menos, antes de llegar al Cortijo Balderas nos encontramos con una serie de curvitas que, eso sí, se enlazan con fuerte pendiente; pero lo mejor es, desde luego, mentalizarse de que aún nos quedan los kilómetros más duros.

La nieve, apesar de que transitamos por la solana de la montaña, siempre puede darnos algún sustillo.

Reaparecen los olivos y algunos arbustos que proporcionan la justa sombra para que se mantengan algunas manchas de la reciente nevada, manchas que a veces ocupan parte de la calzada y que debemos esquivar si no queremos darnos de bruces con el suelo.

El mirador de Las Majadas, a poco más de un kilómetro de la cima.

Un mirador a poco más de un kilómetro de la cima es justo la excusa que necesitábamos para efectuar un alto en el camino y recuperar fuerzas. En cualquier caso, el premio bien merece la parada.

Si no queda más remedio, se corona andando.

La escasa vegetación irá desapareciendo paulatinamente y la carretera se irá haciendo más y más abierta, a pesar de que en ningún momento vemos la cima, sino tan sólo la carretera ascendiendo a media ladera por los cerros que se yerguen ante nosotros.

Los últimos metros, al igual que la vertiente norte, aún no están asfaltados.

Finalmente, con paciencia y riñones, lograremos –si la nieve nos lo permite- coronar este auténtico coloso granadino, que en un futuro –esperemos que no muy lejano- contará con una vertiente norte y que nada tiene que envidiar a algunos de los más afamados puertos pirenaicos, alpinos y dolomíticos.

GALERÍA FOTOGRÁFICA.

Mapa:

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