Andalucía Cicloturismo

La doble eme: rutas, altimetrías de puertos de Andalucía… Y mucho más.

Peña de Martos, la tercera columna de Hércules.

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Estado del firme:***

Dureza:**

Volumen de tráfico:*

Consejos y sugerencias: la única sugerencia que cabe ofrecer es la de disfrutar de una agradable y sorprendente ruta por la Sierra Sur de Jaén incluyendo varios repechos y puertecillos como éste. No defraudará.

Los restos del castillo sobre La Peña, emblema de Martos.

Acudimos a Martos a petición de Jesús, un lector de allí oriundo, que nos informa sobre la existencia de la subida a la Peña de Martos y su intención de presentarla como un final de etapa para la Vuelta a España. Así pues, cuando nos cuadró una ruta por la zona, lo avisamos, nos acompañó desde el coche –aún nos debe esa subida en bicicleta- y nos guió por el pueblo siguiendo las calles que más dureza aportarían a la cuesta.

Ya conocíamos a grandes rasgos esta zona de la provincia jiennense, y la ruta de aquel día no hizo más que constatarnos que la Sierra Sur de Jaén es una auténtica mina de puertos, cuestas y repechos que, por si fuera poco, están aderezados de rampas de doble dígito con una continuidad pasmosa. Y es que casi cualquier cuestecilla de un par de kilómetros arroja alguno al 10% de media. Tal es el caso de la Peña de Martos, que aquí nos ocupa, corta pero intensa desde el inicio.

La calle Fernando IV alcanza un pico máximo del 22%

En pleno casco urbano, en una rotonda junto a la Parroquia de la Asunción, vamos a comenzar la subida por la calle de Fernando IV. Hemos de advertir que seguimos durante unos instantes dirección prohibida al tráfico, aunque no suelen pasar demasiados vehículos por aquí.

Rápidamente comprendemos por qué motivo Jesús nos conduce por esta calle: se trata de una recta que trepa cuesta arriba empinándose paulatinamente hasta alcanzar una punta superior al 20%… por suerte aquel día iniciamos en Martos nuestra ruta, porque estas sorpresas es mejor recibirlas con las piernas frescas.

Tras salir de la empinada calle, trazamos varios giros. Aquí en herradura a izquierdas.

Termina la calle en un giro a derechas y, con ella, este primer sobresalto. Al punto giramos a izquierdas en curva de herradura y de seguido a derechas, en otro giro similar a partir del cual el respiro muda en resuello. Entonces, casi sin percibirlo, nos hemos situado en las afueras de Martos.

Salimos de Martos, la corta travesía no nos ha mostrado precisamente el lado más atractivo del pueblo.

Lo cierto es que la travesía no hace en absoluto justicia a lo que es la ciudad en sí, cuyo casco antiguo a más de algún otro monumento –como el castillo de la Peña o el castillo de la Villa-  fue catalogado como Bien de Interés Cultural, pues el callejeo no es que resulte especialmente agraciado a nuestros ojos. La ciudad remonta a un pasado ibero y, desde esta época todas las civilizaciones que han ido conquistando la península dejaron su huella. Sin duda, su situación a los pies de la Peña ha debido ser clave en este hecho, no en vano se conoce a Martos como la Ciudad de la Peña y su piramidal efigie es fácilmente reconocible desde la distancia. El escritor cordobés –que, al parecer, vivió su infancia en Martos- y renacentista, Francisco Delicado, hablaba de esta formación rocosa en su famosa novela La Lozana Andaluza:

Porque allí puso Hércules la tercera piedra o colonna que, al presente, es puesta en el templo; hallóse el año MDIV: y la Peña de Martos nunca la pudo tomar Alejandro Magno ni su gente, porque es inexpugnable a quien la quisiese por fuerza, ha sido honra y defensión de toda Castilla.

Buena idea de la exceletente ubicación del pueblo nos hacemos cuando, al dejar atrás las últimas casas y contemplar a nuestra derecha, gozamos de una excelente panorámica sobre la Subbética cordobesa y la jiennense con la Sierra de Ahíllos en primer término, además de las nuevas barriadas que se extienden buscando alguna zona más plana.

Entrando a una nueva curva de herradura divisamos la Sierra de Ahíllos con un leve manto blanco en su cumbre y las afueras del pueblo, con nuevas barriadas y un polígono industrial.

Continuando con la cuesta, que apenas sí ha cejado, abandonamos un par de cruces a la izquierda tras el segundo de los cuales la pendiente volverá a dispararse de forma creciente hasta volver a situarse muy próxima al 20%, ello después de un nuevo par de curvas de herradura. Luego, encajonados entre una hilera de árboles, muros y construcciones varias anejas al casco urbano del pueblo, afrontamos una pequeña pared al 17% mantenido que viene a rematar este durísimo tramo.

Durísimo tramo al 17% mantenido.

Así, llegamos a un claro y observamos que a la izquierda sale una pista de tierra que abraza la Peña, mientras que nosotros trazando una curva a izquierdas la abandonamos dejándola a nuestra espalda con las ruinas del castillo enseñoreándose de todos estos contornos. La construcción, que corona la Peña a 1.008 m. de altitud, debe su obra a los calatravos, a cuya orden estuvo adscrita la población (aunque todo apunta a que su origen remonta a época musulmana como mínimo) y fue de suma importancia para la defensa cristiana contra los ataques del Reino de Granada.

Llegamos a las inmediaciones de la ermita de la Virgen de la Victoria con una amplia explanada y área recreativa habilitada para los romeros.

Pero la carretera continúa ascendiendo, dejada atrás la Peña y su castillo, a base de elevados porcentajes hasta que llegamos a la ermita de la Virgen de la Victoria y al área recreativa que hay habilitada a su servicio. Hasta aquí acuden los tuccitanos en peregrinación cuando la romería que se celebra en honor a la titular de la ermita.

Pero el camino sigue perfectamente asfaltado y nosotros buscamos una salida que no nos obligue a retroceder nuestras pedaladas. Así que seguimos pedaleando –menos fatigosamente, todo hay que decirlo- en pos del punto más alto, como siempre, y de la otra vertiente del puerto por si estuviere acondicionada.

Después de una última rampa de entidad encontraremos falsos llanos hasta el final con algún punto descendente. De fondo la Sierra de La Pandera y el Pico Almadén algo más atrás.

Alguna rampa huérfana se empeñará aún en ponérnoslo difícil. Sin embargo, tras un largo falso llano con buenas vistas panorámicas sobre el olivar del valle del Guadalquivir y la sierra, después de un leve bajar y volver a subir por la cuerda de la loma, encontraremos la salida –ojo con el descenso, que está hormigonado y cuenta con fortísimas pendientes- y la cota más alta de una cuesta que nos ha parecido perfecta representación de aquello que más abunda en la Sierra Sur de Jaén y que, además, supuso para nosotros un gratísimo y sorprendente inicio de ruta. Gracias, Jesús.

GALERÍA FOTOGRÁFICA.

Mapa:

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