Altimetrías

Collado de Canseco por Torvizcón, “¡Qué higos, qué almendras y qué uvas!”

Estado del firme:****

Dureza:***

Volumen de tráfico:*

Consejos y sugerencias: hay que tener en cuenta la irregularidad de los diez kilómetros siguientes al cruce de Torvizcón, principalmente por la dureza que guardan.

Entre almendros nos detenemos para observar cómo trepa la carretera por la ladera con Sierra Nevada como escenario.

El río Guadalfeo se abre camino por el valle que separa dos de las más imponentes elevaciones montañosas del sur de España, Sierra Nevada y la Sierra de la Contraviesa. La primera cuenta con las principales alturas de la península, mientras que la segunda se interpone entre ésta y el mar, alargándose de Oeste a Este. Pues bien, en uno de los distintos puentes que vadean el río nos vamos a situar para afrontar la larga y dura cuesta que nos lleva hasta coronar el Collado de Canseco en la cresta de la Contraviesa pasando previamente junto a la antigua capital de la comarca, Torvizcón.

Entramos en Torvizcón, poco antes de tomar el cruce que nos introduce de pleno en el tramo serio de la subida.

No podría ofrecerse mejor descripción de la Contraviesa que la que brillantemente pintara el novelista granadino Pedro Antonio de Alarcón en La Alpujarra: sesenta leguas a caballo precedidas de seis en diligencia:

“Pero concluyamos ya, diciendo algo de la Contraviesa en sí, o sea de su propia configuración. La Contraviesa, es una cordillera secundaria, paralela a Sierra Nevada, y al mar; lo que quiere decir que, mientras los demás hijos del Mulhacén corren de Norte a Sur, ella corre de Poniente a Levante.- De aquí su particularidad y el llamarse como se llama.

La Contraviesa es, por consiguiente, el gran contrafuerte o antemural del Mulhacén por la parte del Sur […] Para los principales geógrafos españoles (y también en mi humilde opinión), el Cerrajon de Murtas y la Sierra de Lújar, forman parte integrante del sistema de la Contraviesa.- La Contraviesa, tiene, pues, once leguas de longitud. […] por decir también algo gráfico, añado: que la Contraviesa parece una pantera enorme, de remendada piel, cuya cabeza es la Sierra de Lújar; cuyas manos se llaman la Punta de Carchuna, y la Sierra de Jubiley; cuyas patas forman los Montes de Adra y los Cerros de Cojáyar, y cuya cola se extiende tanto como el Cerrajon de Murtas.

Finalmente: la cadena de la Contraviesa es la espina dorsal de la Alpujarra; el eje de su esqueleto; lo que la quilla en un barco, vuelto lo de abajo arriba; lo contrario de lo que sería la misma Contraviesa, vuelto lo de arriba abajo (!!!).”

Desde la carretera del puerto, camino de las cumbres de la Contraviesa, gozamos de una excelente panorámica de toda Sierra Nevada. En la parte inferior izquierda observamos Torvizcón.

En este magnífico enclave entre la nieve y el mar –o, más exactamente, desde la nieve hasta el mar- se ubica, según queda claro, esa comarca denominada como La Alpujarra, uno de los parajes con más encanto y autenticidad que aún se pueden visitar en Andalucía y una de las zonas mejor dotadas para los amantes de los grandes puertos.

La subida hasta el pueblo está dividida en dos tramos, uno primero de algo más de un kilómetro y medio aderezado por cuatro herraduras y un segundo de corto y suave descenso hasta su entrada. Dejamos abajo el río rápidamente y contemplamos la arboleda que se prolonga junto a sus riberas mientras que ralea en las laderas a medida en que ganamos altura sobre el mismo.

De inicio abandonamos el Guadalfeo a fuerza de torcer herraduras.

Y es que estas zonas bajas de los valles alpujarreños resultan, a veces, bastante desangeladas para la vista, con paisajes que más se asemejan a un desierto que a un vergel. Pronto, pues, cambiamos la vegetación riparia por matorral a la par que torcemos herraduras.

Sin embargo la entrada a Torvizcón conserva todo el encanto de los pueblos alpujarreños. Acostada en la ladera norte de la Sierra de la Contraviesa, sus casas relucen bellamente enjabelgadas apiñándose rambla arriba. Olivos y almendros, finalmente, maquillan el contorno de un caserío que, no en vano, está incluido dentro del Sitio Histórico de la Alpujarra, una figura de protección jurídica de carácter patrimonial, cuya finalidad es conservar el patrimonio histórico de la zona, de manera pareja a lo que son los Parques Naturales.

Cruce en Torvizcón seguido de rampa con fuerte pendiente.

Llegados al pueblo giramos a la izquierda por un camino rural asfaltado siguiendo las indicaciones que nos conducen hacia la Contraviesa: empieza lo bueno.

Efectivamente, tras el giro una rampa que alcanza puntas de hasta el 21% nos pone a prueba y sobre aviso… lo mejor está por llegar. Durante casi siete km. la pendiente media se situará en torno al 8% y ello a pesar de múltiples y largos descansillos: de poco nos van a servir las medias, cuando las rampas de doble dígito son tantas y tan repetidas. La carretera, además, se va a estrechar tomando un cariz tan tortuoso, tan montañoso, que podría decirse que el verdadero puerto empieza aquí.

Descansillos y rampones se entremezclan en un trazado atractivo.

Tras varias curvas de herradura nos disponemos a rodear un cerro que se corona en la denominada Loma de la Señora. Pasaremos por las espaldas de Torvizcón en una zona especialmente rica por sus frutales, concretamente por la manta de almendros que abriga el altozano.

Sólo a los tres kilómetros de intensa subida la carretera concede una tregua seria, aunque sin descensos, para incrementar su dureza -de manera intermitente- justo cuando empezábamos a recuperarnos.

La carretera busca, tras retorcerse, un escénico cresteo.

Afrontamos, enlazadas, una terna de herraduras con fuerte pendiente y magníficas vistas sobre la rambla de la Barbacana y, más lejos, Sierra Nevada a la margen opuesta del Guadalfeo. Al poco, nuevo respiro y se repite la jugada, sólo que ahora alcanzamos la cuerda de la montaña y seguiremos trepando por la cresta de una loma cubierta copada de almendros. De levantar la vista veremos cómo la carretera se esfuerza por seguir subiendo evitando los rodeos previos, lo que se traduce en una acentuada pendiente, ahora sí, prácticamente constante.

Las vistas hacia Sierra Nevada son insuperables.

A nuestra derecha, allá abajo en la base de su rambla, volvemos a tener visión directa con Torvizcón, en un contexto cada vez más grandioso merced a la panorámica sobre las sierras circundantes. Rambla arriba remonta el camino de herradura por donde nuestro novelista y sus compañeros treparon hasta las cumbres de la Contraviesa: la cuesta de Barriales. A caballo o en bicicleta, ¡qué importa la montura!, la impresión que nos transmiten hoy sus laderas sigue siendo similar a pesar del correr de los años:

“…aquella cordillera está casi toda cubierta de árboles… y de árboles muy productivos por cierto.

Rectifico, pues, y digo (aunque limitándose todavía a la falda que íbamos subiendo, -la cual es la menos rica, por ser la que mira al Septentrión) que sus lomas y barrancos ostentaban por doquier, entre otros vegetales menos preciados, dilatadas viñas, extensos bosques de almendros e infinidad de blanquecinas marañas de seculares higueras. Uvas, almendras, higos… He aquí las principales cosechas de aquella zona, al parecer salvaje.- Pero ¡qué higos, qué almendras y qué uvas! -«¡De la Alpujarra!» -se dice en toda Andalucía, como suprema recomendación, al ofreceros esos tres frutos.”

Almendros flanquean la carretera en buena parte del trayecto.

Proseguimos la travesía hasta coronar la Loma de la Señora, donde un falso llano da entrada a la zona más irregular del puerto -que ya parece impensable- en la que alternaremos descansillos, subidas y descensos hasta llegar al cruce de la GR-5204. El caso es que los tramos ascendentes aún esconden rampas de suficiente entidad como para hacernos sudar antes de coronar un altillo a casi 1.300 m. de altitud.

Al otro lado de la Contraviesa nos espera el Mediterráneo.

Tras un descenso algo más prolongado que concluye en vaguada a izquierdas coronamos un nuevo repecho, tan breve como abrupto, desde donde se dibuja por primera vez, como a trazos de pincel en el horizonte de un lienzo, el intenso azul del Mediterráneo.

Nos dejamos caer para llegar al ya mencionado cruce que tomamos a la izquierda, con el mar ya siempre como telón de fondo y los invernaderos que advierten de la presencia humana en la costa.

El Cortijo de Piedras Blancas marca el reinicio del tramo ascendente.

El recorrido torna favorable durante un largo trecho hasta que llegamos al cortijo de Piedras Blancas, donde comenzaremos los 3 km. finales hasta el collado, un mero trámite que apenas sí opone resistencia en algún momento puntual.

Aunque el verdadero Collado de Canseco aparece en los mapas ubicado en un cruce de pistas, mediado el km. 18 de nuestra altigrafía, continuamos ascendiendo hasta el punto más alto de la carretera, como es de rigor, situado a 1.358 m. de altitud…

Carretera solitaria hasta que, en este punto, coronamos Collado de Canseco.

“¡Llegamos al fin!… El cielo avanzó por encima de nuestras cabezas, como un mar que rompiera sus diques, e invadió un inmenso espacio circular, anegando y sepultando bajo sus olas todos los montes que hasta allí nos habían parecido insuperables… Sólo nosotros quedamos flotando en el general diluvio… Sólo nosotros dominamos entonces, en muchas leguas a la redonda, la vacía soledad del aire.

Las alturas de la Contraviesa nos desvelan el coqueteo entre Mulhacén y Veleta tras un manto de almendros.

La Alpujarra entera estaba a nuestros pies.”

GALERÍA FOTOGRÁFICA.

Mapa:

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