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Puerto de Peñas Blancas – Los Reales por arroyo de Monterroso, el rey sol.

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Estado del firme:****

Dureza:***

Volumen de tráfico:**

Consejos y sugerencias: de inicio engañoso, cuando la carretera se empina lo hace de verdad. Sus 15 km. finales, pese a los descansillos, mantienen una pendiente bastante constante y siempre próxima al 7% de media. El calor y la humedad suelen aliarse en nuestra contra.

El ascenso a Los Reales de Sierra Bermeja es por desnivel, longitud y dureza de sus rampas el rey de los puertos de la Costa del Sol.

El blanquísimo caserío de Estepona se dispersa en las estribaciones de la Sierra Bermeja, allí donde la montaña se junta con las aguas del Mediterráneo. Esta sierra, cuyo nombre no puede resultar más a propósito por el marcado color rojizo de sus laderas, aparece a la vista como una enorme mole de más de 1400 m. de altitud, antiguo volcán que se levanta desde el mar de abrupta manera hasta alcanzar cumbre en Los Reales y el metálico añadido de sus antenas, que son referencia visible desde muchos puntos de la costa y de la Serranía de Ronda. Desde lo más alto cae luego la ladera hasta que torna a subir nuevamente hacia el Porrejón, concediendo entre medias la entrada natural más baja hacia el Valle del Genal por este flanco: el puerto de Peñas Blancas de 975 m. de altitud.

Peñas Blancas es la puerta de entrada al Valle del Genal desde la costa.

Con el paso de los años y la ampliación del pueblo han surgido varios posibles inicios a añadir a la vertiente tradicional del puerto o, por mejor decir, que enlazan con ella a cierta altura, siendo que varias de ellas están ya asfaltadas y resultan adecuadas para la bicicleta de ruedas finas.

Nosotros hemos querido presentaros una de estas nuevas variantes, la que nos ha parecido más dura de todas ellas, aunque este punto, como casi todo, no deja de ser una opinión subjetiva.

Así pues, en las calles de Estepona, junto a la playa si se quiere, empezamos a subir este puerto de Peñas Blancas que tiene en la localidad costasoleña su vertiente de mayor dureza.

Remontamos el arroyo de Monterroso buscando la variante más dura de este puerto.

Realmente el inicio lo hemos situado en la rotonda que da salida hacia el denominado Valle Romano, aunque nosotros subimos en dirección al polideportivo para, al punto, girar a la izquierda por una carretera estrechita, pero perfectamente asfaltada, que remonta el arroyo de Monterroso.

Es precisamente este tramo el más facilón y feote, ya que durante un par de kilómetros rodaremos por un falso llano junto a la rivera, no muy limpia, del mencionado arroyo e incluso transitaremos bajo la autovía.

Pero cuando vamos dejando atrás las últimas casas del pueblo, a medida en que el cauce se va encajonando y la pendiente comienza a darnos algún sustillo a modo de rampas de doble dígito, el entorno se vuelve más agreste y notamos que nos estamos adentrando, ahora sí, en un espacio natural con la belleza que se le supone.

Una vez dejamos atrás Estepona la ribera del arroyo cambia la fisonomía del entorno, que se vuelve más agreste.

Tras varios y duros repechos, como decíamos, el verdadero puerto no va a comenzar hasta mediado el cuarto kilómetro, tras una vaguada a derechas, momento en que la carretera nos va a plantar cara con dos kilómetros que serán, sin lugar a dudas los más difíciles de todo el ascenso.

Mientras que la vertiente tradicional presenta varios kilómetros en los que se entremezclan fuertes rampas con descansillos que propician un descenso en la pendiente media, aquí nos vamos a topar con 1,5 km. al 13% de continuo con máximas que alcanzan e incluso superan el 20%.

Rampas que alcanzan el 20% nos exigirán el máximo que podamos dar.

La abundante vegetación y las lomas a uno y otro lado no nos dejan ver más que la gran montaña roja que se levanta frente a nosotros. Entre pedaladas y chepazos apenas sí podemos escudriñar por dónde logrará salir la carretera de este agujero en que nos hemos visto atrapados de repente. Por suerte, aunque el calor esté presente, la abundante vegetación siempre propiciará grata sombra.

Tras una última herradura encontraremos la puerta de salida de este calvario. Un breve descansillo y enlazamos, por fin, con la vertiente tradicional en un punto aún ascendente, pero de pendiente moderada. La carretera se ha ensanchado a la par que se abre la panorámica hacia el Mediterráneo: en días claros resulta fácil atisbar el estrecho de Gibraltar.

Ya estamos en la carretera de la vertiente “tradicional”. Al fondo se aprecia perfectamente el Estrecho de Gibraltar.

Buscamos un altillo antes de afrontar los 9 km. finales al 7% de media: sólo este tramo final del puerto merecería la primera categoría.

Tras una amplia vaguada a izquierdas, retomamos el ascenso con una herradura a derechas perfectamente enlazada y nos topamos de bruces con un tremendo rampón que parece no tener fin. Ya habíamos superado el tramo más duro del puerto, ahora, para nuestra tranquilidad, tan sólo estamos inmersos en el segundo tramo de mayor dificultad: tendremos que superar casi un kilómetro en que las rampas no bajan del 10%.

Tras concluir un descansillo en una curva de vaguada, vuelven las duras rampas.

Con el curveo vuelve la calma y el puerto se mantiene en rampas constantes entre el seis y el ocho por cien hasta la cima, con zonas de quieto descanso y con rampas potentes, como tras una de las varias herraduras a izquierdas que se divisan colgadas en la colorada ladera de la montaña. Serán ocho kilómetros muy largos si las piernas no responden, aunque a medida en que vayamos devorando metros y ganando altitud se irá apoderando de nosotros la creencia de estar en uno de los puertos más bonitos del Mediterráneo andaluz.

Dominamos siempre la costa mediterránea.

Recodos de verdadera belleza, con un pinar que da continuidad a las encinas de la parte intermedia, balcones con vistas al mar que alcanzan su punto culminante en la última herradura a izquierdas, una de ésas que se quedan en nuestra retina para siempre. Hasta la niebla aporta un halo mágico a este ascenso cuando aparece en las proximidades de su cima.

Una vez coronado el puerto de Peñas Blancas, buscamos la cima de Los Reales.

Coronamos y, en la encrucijada del puerto, se abre el horizonte hacia el valle del Genal. La foto con el cartel es de rigor. Y luego, tras hacer ganas, es recomendable continuar hasta el refugio y el mirador de Los Reales hasta poco menos de 1.300 m. de altitud, e incluso aventurarse hasta la cima, junto a las antenas, por pista de tierra recientemente remozada.

A partir de Peñas Blancas cambia significativamente el tipo de carretera y su estado.

La carretera, además de estrecharse, empeora en su estado. El ascenso sigue una línea recta con impresionante caída a nuestra izquierda y unas excelentes vistas de toda la Costa del Sol tan sólo superadas por las del mirador y las de la cima.

Se suceden las curvas de herradura, algunas con admirables panorámicas hacia la costa.

Pero entrados en el km. 17 nos introducimos en un continuo de herraduras, algunas de espectacular trazado, a la par que se incrementa paulatinamente la dureza de unas rampas que en ningún momento bajarán del 7%. Mediado el km. 18, aparecen junto a la carretera y entremezclados con el pinar los pinsapos, un tipo de abeto autóctono de la Serranía de Ronda.

Últimas herraduras entre pinos y pinsapos.

Abandonaremos durante unos instantes el serpenteo hasta las dos últimas paellas, que anticipan la llegada al mirador y al refugio. Precisamente en el mismo mirador nos desviamos a la derecha por una pista de tierra hasta alcanzar el punto más alto de la carretera, antaño asfaltada, si bien impracticable durante años hasta que la acondicionaran en 2012. Ignoramos si existe pretensión de reasfaltar hasta las antenas, pero, en cualquier caso, en tanto que podamos rodar por aquí con ruedas finas, consideramos casi obligado continuar hasta arriba.

Pista de tierra camino de la cima de Los Reales con el Estrecho de fondo.

Algo más de 1,5 km. nos restan hasta coronar y no van a ser fáciles. Vuelven las rampas de doble dígito continuadas –la pendiente media es superior al 10%- y la tierra, aunque apelmazada, no facilita las cosas. Tras una terna final de herraduras, la última a derechas, llegamos al pico, junto a unas antenas. Recomendable caminar hasta el vértice geodésico, desde donde la panorámica es de 360º.

GALERÍA FOTOGRÁFICA.

Mapa:

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