Andalucía Cicloturismo

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La Pandera por Los Villares, santuario ciclista jiennense.

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Estado del firme:***

Dureza:***

Volumen de tráfico:**

Consejos y sugerencias: es conveniente no cebarse demasiado en el ascenso a Puerto Viejo, si no queremos pagar las consecuencias más adelante. La clave del puerto se sitúa mediado el km. 19, cuando a la salida de una herradura a derechas un cartel nos advierte de la fuerte pendiente. El tramo es verdaderamente exigente.

Durísimas rampas en la zona alta del ascenso a la Sierra de la Pandera.

Desde que la Vuelta Ciclista a España visitara por primera vez esta cumbre de la Sierra Sur de Jaén con Roberto Heras victorioso, La Pandera se ha convertido en un alto de referencia dentro del cicloturismo nacional. Si en los primeros años el acceso a su carretera estaba restringido y resultaba necesario solicitar la llave del portón, a día de hoy, con las instalaciones militares de la cima abandonadas y a la espera de ver si se reutilizan de algún modo, sus últimos 8,5 km. aguardan en perfecto estado a todo aquel que osa retarse en sus rampas.

Pero La Pandera es algo más que esos duros kilómetros finales, ya que para llegar allí se hace necesario superar las rampas de otra dificultad montañosa, normalmente –aunque no necesariamente- puerto Viejo.

Coronamos Puerto Viejo en el cruce hacia Fuensanta de Martos y Martos.

En este sentido existe una controversia sobre si considerarlos como dos puertos independientes –así lo hace, por ejemplo, la Vuelta Ciclista a España- o como uno solo. Y, derivado de ello, surge el dilema de la catalogación del puerto.

Para nosotros existe una clara continuidad en la subida, pese al falso llano intermedio –algo frecuente en otros puertos-, presentándolos por ello en un solo perfil y, además, entendemos que su catalogación en conjunto es claramente de especial.

El inicio, cómodo, a la entrada de Los Villares.

Así pues, nos vamos a Los Villares, en concreto a sus afueras, para una vez situados en el puente sobre el río Frío dar comienzo al puerto.

El inicio bien podemos considerarlo un calentamiento, pues con las primeras rampas entre las calles de los Villares apenas sí nos inmutamos.

El pueblo enraíza sus orígenes en la prehistoria para brotar en época de iberos, romanos y árabes, aunque su fundación se fecha a principios del s.XVI. A escasos kilómetros de la capital, las bondades de su clima y de su entorno hacen de Los Villares en la actualidad la perfecta residencia para el capitalino urbanita anhelante de plácido retiro.

A su salida aún gozaremos de un cómodo kilómetro antes de afrontar los casi nueve de franco ascenso hasta puerto Viejo, siempre constantes entre el cinco y el siete por cien de pendiente. Con una alfombra por carretera nuestro pedaleo se vuelve ágil y raudo, si bien, temerosos de lo que nos vamos a encontrar en el tramo final, optamos por refrenar nuestros bríos.

Subiendo a media ladera, la carretera siempre mira hacia el olivar.

Con pausada calma nos concentramos en mantener un ritmo constante acompasando la respiración sin  mayor sobresalto que los contados repuntes de la pendiente, siendo que incluso nos detenemos a recargar los bidones en una de las fuentes existentes junto a la carretera y reparamos en el anchuroso olivar que reviste todo cuanto nuestra mirada alcanza.

Tiempo hay para repasar cada loma y de buscar la carretera por donde habremos de pedalear: no hay cerro que no escudriñe nuestro ojo siempre curioso. Finalmente, tras un par de herraduras -la segunda a derechas- enfilamos el camino hasta la cumbre, no sin deleitarnos con el balcón que ofrecen los últimos metros de ascenso.

Una de las pocas herraduras que adornan el ascenso a Puerto Viejo.

Es puerto viejo un cruce de tres caminos, el que traemos, el que dejamos a la derecha hacia Fuensanta de Martos y Martos mismo, y el que seguimos camino de Valdepeñas, inicialmente, y al fin de La Pandera, cuya cumbre atisbamos perfectamente con antena incluida. De descenso hay poco y sin apenas pendiente, continuado pronto por un falso llano de dos kilómetros y todo ello a través una carretera ancha, recién remozada y de nuevo trazado.

En el falso llano camino del cruce de La Pandera ya vemos las antenas de su cima.

La presencia de unas canteras a nuestra izquierda anuncia el cruce de la carretera que sube hasta la Sierra de La Pandera: llega, pues, el momento definitivo.

De primeras nos llama la atención el estrechamiento de la vía y el empeoramiento del firme comparado con la “autopista” por donde acabamos de circular, pero pronto tenderemos a preocuparnos de un asunto de mayor índole: nos hemos quedado sin piñones que engranar. Y es que cuando tras más de 15 km. de puerto la rampa se sitúa constante y muy por encima del 10% el nivel de exigencia es alto.

Tras el giro a izquierdas en el cruce, cambio de asfalto. La valla, antaño cerrada, nos la encontraremos actualmente siempre abierta.

Suerte que este primer kilómetro de entidad da paso a un par largo muchísimo más cómodo. Tal es así que llegamos a preguntarnos si realmente este puerto es tan duro como presumíamos… pronto vamos a disipar todas nuestras dudas.

Al ir ganando altitud ha ido desapareciendo el olivar y, en última instancia, el encinar: a excepción de pasto y matorral toda vegetación está ausente mientras que un tapiz de cantos cubre el monte. La altitud es, por su parte, garante de buenas panorámicas y, en efecto, éstas no escasean y aún mejorarán en las proximidades de la cima, como es natural.

La vegetación irá desapareciendo paulatinamente, aunque nunca por completo.

Pero hay un lugar clave en el ascenso de este puerto y estamos a punto de descubrirlo: la pendiente ha ido aumentando paulatinamente entrados en el decimonoveno kilómetro y en plena curva a derechas aparece ante nosotros un cartel que indica 15% en los siguientes 1800 m.

Vale que la cifra está exagerada, porque la rampa de esa pendiente no es tan larga. Pero en lo del 15% se han quedado hasta cortos. Basta con ver la escabechina que se monta cada vez que pasan por este punto los ciclistas profesionales y cómo se retuercen. Aquí cualquier gramo de energía nos lo agradecen los músculos y no llegamos a discernir si padecen más nuestras piernas o nuestra espalda.

Tras esta curva comienzan las verdaderas dificultades.

A la pendiente, que alcanza el 18% de máxima, se une el hecho de que tras la curva la carretera asciende en sentido prácticamente lineal –salvo primer giro a izquierdas, y dos curvas suaves- durante 1300 m., lo que puede resultar psicológicamente demoledor: la cuesta no parece terminarse nunca y en los cambios de rasante la pendiente apenas sí concede tregua. Este kilómetro largo es, con diferencia, el tramo más duro del puerto, superando holgadamente el 12% de media.

De repente el puerto, que había sido cómodo de ascender, parece no terminarse nunca…

Aparecen luego varias curvas de herradura que también se las traen, aunque a partir de aquí notaremos un descenso en la cuesta, que aún sufrirá un repunte hasta que coronamos un altillo junto al primer grupo de antenas. Aquí podemos hacer un alto –mejor a la vuelta, si no queremos parar en subida- en un rellano desde donde se goza de unas impecables vistas hacia el norte de la provincia, la Sierra Mágina, la de Cazorla y las Villas y la propia capital al pie del Jabalcuz.

Encontramos un fuerte descenso antes de llegar a las antiguas instalaciones militares.

Un repecho en fuerte descenso nos sitúa al pie del verdadero Alto de la Pandera coronado por una enorme antena y con las antiguas instalaciones militares ya a la vista. Esta base de radares fue construida por los americanos en los años cincuenta del pasado siglo para la vigilancia aérea y al correr de los años pasó a manos del ejército español, titular de la misma. Actualmente las instalaciones, toda vez que el radar opera por control remoto, han sido cedidas a los ayuntamientos que comparten el espacio de la cima de la Pandera, por lo que probablemente se les acabará asignando un uso turístico. Precisamente a la promoción de la zona debemos el que la Vuelta Ciclista a España haya ascendido en varias ocasiones hasta aquí arriba.

Una valla en plena rampa al 18% nos impide acceder hasta el término de la carretera al pie de la antena.

Atraídos por la curiosidad, además de por esa costumbre nuestra, casi necesidad, de llegar lo más arriba que nos sea posible, seguimos ascendiendo hasta que una valla nos cierra el paso en plena rampa al 18%: ¡qué lástima no poder recorrer la carretera hasta la cima!

En cualquier caso, 1.840 m. de cota no están nada mal. Y si el día es claro, manteniendo las debidas precauciones para un descenso tan inclinado, disfrutaremos de unas panorámicas de fotografía.

GALERÍA FOTOGRÁFICA.

Mapa:

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