Altimetrías

Santuario de Ntra. Sra. del Acebo por Limés, dulce penitencia.

Estado del firme:**

Dureza:***

Volumen de tráfico:*

Consejos y sugerencias: ya que estamos en esta montaña, bien merece la pena conocer algunas de las vertientes de este ascenso. Pero siempre cuidándonos mucho de contar con el desarrollo adecuado a las rampas que esconden estos caminos.

La escénica zona elevada del camino de Limés.

Para cualquier cicloturista de nuestra quinta, subir al Santuario del Acebo tiene unas connotaciones especiales, unas reminiscencias al ciclismo ochentero y noventero, de aquellas vueltas a Los Valles Mineros, actualmente Vuelta a Asturias, donde el ascenso al Acebo era todo un símbolo de la carrera, comprarable a unos Lagos de Covadonga en la Vuelta a España, antes de que aparecieran los colosos de rampas imposibles.

La cima, junto al Santuario de Nuestra Señora del Acebo, es un todo clásico del ciclismo asturiano.

Pero curiosamente y hasta este año permanecía inédito para la gran ronda española, que no sólo se ha decidido a estrenarlo por fin, sino que además, lo va a hacer por partida doble, en una etapa en que se sube la vertiente tradicional de Cangas del Narcea y la aún más dura de Limés que os vamos a presentar a continuación.

La Sierra del Acebo no parece especialmente grande a simple vista, por lo que sorprende aún más comprobar (cuando se investiga un poco la zona) la existencia de un sin fin de caminos -varios de ellos completamente asfaltados- que enmarañados por sus laderas acaban encontrando salida hacia la cima en que se ubica el santuario.

No hay que dejarse engañar por el cruce inicial: el puerto no es una basura precisamente…

Los puntos de inicio entre una y otra vertiente, al menos las que comparten ladera, no distan demasiado entre sí, pero en cualquier caso posibilitan la realización de bucles, de modo que nos es posible subir y bajar por distintas variantes.

A unos tres km. al sur de Cangas del Narcea, remontando el curso del río Naviego, generoso afluente del Narcea, donde mismo se halla el recinto permanente de la feria de ganado (de las más importantes de la comarca y del principado), encontramos el desvío a Limés en un valle que nos sorprende por su abundancia en viñedos resultando el vino uno de los principales productos del terruño.

La carretera, ya desde el cruce, se ve estrecha y no aparenta muy buen estado. Pronto salimos de dudas. La estrechez no supondrá ningún problema a menos que en pleno rampón nos encontremos con algún coche, pues apenas cabemos ambos por la calzada como pudimos comprobar. El estado del firme, en cambio, sí nos causará mayor penuria, sobre todo las múltiples zonas bacheadas y descarnadas, cuando no cubiertas de una fina capa de polvo y grava. Aunque, al parecer, van a acometer alguna obra de mejora… hemos venido por aquí demasiado pronto.

Nos saluda con efusividad, al punto de tomar el desvío, una fuerte rampa que alcanza el 16%, mero aviso de lo que está por venir, aunque por suerte serán constantes los descansillos en algunos tramos de subida. El primero al pasar el cartel de Limés, localidad de inicio que apenas vamos a rozar, no se hace esperar.

Casi de inicio hemos de superar esta durísima rampa.

Por zona abierta, entre sembrados, ya observamos cómo la cuesta va a volver a empinarse trazando una curva en la ladera y perdiéndose entre el follaje. Realmente impresiona el repecho, que podemos distinguir por el vallado que acompaña el trazado de la carretera, y no será una simple sensación óptica, pues nuestro clinómetro llega a picar una punta máxima del 20%. Que la pendiente media de este primer kilómetro supere el 11% pese a los mencionados descansillos es verdaderamente significativo de la dureza de la cuesta cuando se empina.

Se suceden varias herraduras para que no nos aburramos demasiado…

Pronto se van a suceder varias curvas de herradura que, a causa de la pendiente, van a mantener nuestra mirada fija en la carretera, en la rueda, en los baches… sin opción casi a echar una ojeada al entorno y ello pese a que la arboleda, que por momentos adereza los márgenes de la carretera, ralea con frecuencia ofreciéndonos vistas de los prados.

Salpican el trazado, a más de las mencionadas herraduras, algunas construcciones, pequeñas casas, fincas, razón de ser de estas carreterillas comarcales que facilitan a los paisanos el acceso a sus terrenos y sus labores.

Tras una serie de herraduras, acabamos el segundo kilómetro de ascenso justo antes de alcanzar Castro de Limés y al alimón con este terrible tramo, el más duro de esta vertiente, tanto por la continuidad de la cuesta como por las pendientes máximas.

El descansillo lo agradecen nuestras piernas, pero, sobre todo, nuestros ya maltrechos riñones.

En Castro de Limés, capturamos esta curva desde una fuente.

Una vez acompasamos la respiración y recuperamos algo de cadencia, echamos mano del bidón para dar unos sorbos de agua. Precisamente en un segundo grupo de casas perteneciente a Castro de Limés, en plena herradura a izquierdas, hemos encontrado una fuente que va a venir pintiparada en caso de que nos aventuremos a una ruta larga por la zona, sobre todo con calor.

Tras recuperarnos de los primeros esfuerzos, más aún si nos hemos refrescado un poco, retomamos el ascenso en el segundo de los tramos duros. Sin embargo, pese a que con el descansillo hemos podido por fin levantar la mirada y apreciar el entorno disfrutando de una carretera escénica y con la extraordinaria sensación de estar emergiendo de las profundidades de Asturias, pronto, empero, volveremos a clavar la mirada en el suelo y a hacer fuerza hasta con las orejas: otro kilómetro al 12% a estas alturas nos va a dejar con las piernas temblando.

Prados, bosquetes… y, al fondo, el collado hacia donde nos encaminamos.

Varias curvas vuelven a adornar el trazado, las primeras más apretadas, las siguientes bastante separadas. Los cambios de dirección nos ofrecen distintas perspectivas del valle y, montaña arriba, del punto en que la carretera conecta con la vertiente tradicional.

En estas nos topamos con un cruce a derechas hacia Villarino de Limés. La carretera, de cemento, baja con fuertes pendientes, quizás aún mayores que las que estamos padeciendo. Ya en casa comprobamos que se trata de una vertiente aún más dura que la que estamos subiendo, que no es poca cosa…

Un arreglillo no vendría nada mal.

Al instante sorteamos una de las herraduras -a izquierdas- y encontramos un cruce que nos puede generar dudas. A la derecha nos indican camino a Fonceca y a un campo de tiro y lo cierto es que la sensación, viendo el estado del asfalto, es que debemos girar por ahí. Pero sería un error, ya que, aunque hay salida hacia el santuario, ésta cuenta con un tramo aún de tierra. Así que hemos de continuar en línea recta, pese a la ausencia de señalización.

Al poco la cuesta se vuelve irregular alternando fuertes rampas con cortos descansillos. Antes era difícil mantener un ritmo por la constancia de la cuesta y ahora por lo irregular… O es que sencillamente nuestro nivel atlético no da para mucho más, pero el caso es que, por un motivo u otro, nos sentimos incómodos sobre la bici.

Entre rampas y descansillos… espléndidas vistas.

Una vez más, lo bueno de los descansillos, a parte del respiro, es la posibilidad de echar un vistazo: ya dominamos el valle desde cierta altura y hacia el suroeste atisbamos elevadas montañas, quizás Muniellos, quizás el Parque Natural de Fuentes del Narcea , quizás otras sierras vecinas que no somos capaces de distinguir. También observamos alguna de las curvas de la vertiente tradicional, que se pierde en un bosque de coníferas. Poco antes de empalmar con la carretera de Cangas del Narcea disfrutaremos incluso de un brevísimo descenso.

A punto de enlazar con la vertiente tradicional.

Una vez en el cruce, giraremos a la derecha para completar los poco más de dos kilómetros que nos restan hasta el Santuario. La carretera, más ancha y con mejor firme, también ceja en lo que a pendientes se refiere, siendo ya testimoniales las rampas por encima del 10%, aunque siempre estemos rondando el doble dígito.

En las inmediaciones ya del Santuario… vistas de quitar el hipo.

Con el Santuario a la vista y alguna que otra curva que nos queda por trazar aún en este último tramo nos vamos a enfrentar con un enemigo invisible que, si bien ya nos venía molestando puntualmente, ahora lo va a hacer de forma más constante: el viento. La zona alta del puerto se encuentra desprotegida de arboleda hasta la cima. Tan solo la propia ladera nos evitará el suplicio durante varios cientos de metros, pero precisamente cuando nos va a hostigar un postrer repechón al 14%, en ese punto más molesto va a aparecer un viento que, no sabemos por qué, sopla con especial intensidad en este punto.

El cartel de entrada.

Por suerte la montaña se acaba y un cartel en piedra nos indica que nos encontramos en el Santuario de Nuestra Señora del Acebo. Desde el cartel la pendiente va suavizando paulatinamente hasta que llegamos, atravesando un pequeño collado, a una explanada donde encontramos, además del santuario, varios bares y un mirador. La carretera sigue, aunque no da la sensación de subir ya más en varios cientos de metros hasta que se decide finalmente a descender.

Una pequeña antena, no obstante, es perfectamente visible en la cima de la montaña que hay a nuestra izquierda y, pese a que buscamos, no vemos acceso asfaltado. Pues bien, lo hay, pero de tierra hasta que ha sido recientemente cementado para colocar la meta de La Vuelta a España… Unos 400 m. más de ascenso que no se incluyen en esta altimetría.

Merece la pena subir un corto tramo andando para echar un vistazo desde aquí arriba.

Respecto del Santuario, nada vamos a comentar aquí, pues lo hacemos en la entrada correspondiente a la vertiente tradicional, la que sube desde Cangas del Narcea.

GALERÍA FOTOGRÁFICA.

Mapa:

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