Altimetrías

Boquete de Zafarraya, roca hendida.

Estado del firme:***

Dureza:**

Volumen de tráfico:***

Consejos y sugerencias: para evitar el tráfico, principalmente de camiones, es recomendable subir el puerto en fines de semana.

El Boquete de Zafarraya, paso natural entre la Axarquía y la comarca de Alhama.

El puerto de Zafarraya, más conocido como El Boquete, es uno de esos puertos históricos –y prehistóricos, si nos apuran- que podemos ascender en nuestra geografía. Tanto el collado como el camino han sido mudo testigo del paso de las distintas civilizaciones, culturas y pobladores que se han asentado en la zona, no siendo ajeno tampoco a la leyenda.

De otro lado,  la subida se podría definir técnicamente con dos cifras muy sencillas: 12 km. al 6%. Y lo cierto es que la carretera lleva la pendiente con tal estabilidad que incluso llega a sorprendernos. Diríase que se trata de una única y larga rampa: los altibajos son verdaderamente excepcionales y las puntas máximas muy localizadas y cortas.

No abundan las curvas de herradura durante la subida. Ésta, al inicio, es la primera del puerto.

Desde Vélez-Málaga la carretera une la costa malagueña y la Axarquía con Granada a través de la Sierra de Tejeda y de Alhama de Granada. Antes de llegar propiamente al inicio, habremos de afrontar un primer repecho de bastante exigencia que no hemos considerado como parte del puerto. Sin embargo, sí que hemos optado por adelantar el inicio del mismo hasta una gasolinera previa al cruce de Alcaucín en Puente de Don Manuel, ya que la carretera sigue desde ahí un claro sentido ascendente.

Por buen asfalto –aunque es frecuente encontrar obras por la constante presencia de tráfico pesado- iniciamos uno de los ascensos más emblemáticos de la provincia malagueña y, por si no teníamos claro que estábamos en las primeras estribaciones del puerto, abandonada la población, se suceden un par de herraduras cuando apenas hemos tenido tiempo de ganar altitud.

Alcaucín se sitúa en la ladera occidental de la Sierra de Tejeda.

A nuestra derecha la Sierra de Tejeda se levanta majestuosamente dominando toda la Axarquía con alturas que superan los 2.000 m. sobre el nivel del mar. En sus faldas, a más de un buen número de pueblos –el más cercano a nosotros, Alcaucín- han proliferado dispersos multitud de caseríos, pequeñas manchas blancas que salpican la montaña por doquier. Constantemente nuestra mirada se verá atraída por la belleza de un entorno primoroso.

Al poco de salir de la segunda curva, a nuestra izquierda, un cartel nos anuncia el camino hacia el castillo de Zalía, que es lo suficientemente importante como para que nos detengamos a hablar de él. Según los estudiosos, se trata de una obra de probable origen fenicio -ahí es nada- lo cual no es de extrañar si atendemos al de una población cercana como Vélez-Málaga, igualmente fenicia de cuna. Naturalmente ha sido restaurado y reutilizado en épocas posteriores y su estado de conservación a día de hoy es digno de lástima. Pero lo más curioso de todo es el hecho de que algunos historiadores del siglo pasado pusieran en relación este castillo con la Odisea de Homero, hasta el punto de llegar a afirmar que Zalía era, ni más ni menos, que el palacio de la ninfa Calypso, quien retuviera al héroe Ulises en su largo periplo de vuelta a Ítaca, su casa, tras diez años de luchar en Troya. Desde luego, no faltan quienes, a pesar de que el relato homérico está más cerca de la leyenda y del mito que de la realidad, siguen dando por sentado que por allí anduvo el ingenioso Ulises, quizás más por el atractivo turístico que pueda tener el relato en sí, que por su veracidad histórica. Sea como fuere, parece que los musulmanes restauraron el castillo y, según está atestiguado, en época de los Reyes Católicos, ya en manos cristianas, llegó a convertirse en prisión. Y está claro que su ubicación junto al camino real nazarita que unía Granada con Málaga, lo convirtió en una plaza de sumo interés por su valor estratégico.

Tras la ladera se adivina el Boquete.

Volvemos a los pedales en dirección norte y ya adivinamos, tras una loma que lo tapa parcialmente, el Boquete de Zafarraya. Varios kilómetros más adelante se nos mostrará por completo. Se trata de un corte vertical en la montaña, como el de un hachazo sobre un tronco de árbol, que impresiona al verlo. Tal es su magnitud que se puede distinguir fácilmente desde la costa. A ambos lados del tajo se elevan riscos de roca caliza que superan en casi 300 m. la altura a la que se encuentra el collado. Pocas veces vamos a ascender un puerto teniendo tan claro desde tan lejos dónde vamos a coronarlo.

La tercera herradura del puerto junto a unas viviendas.

Hasta el octavo kilómetro, no sin curveo, la carretera sigue siempre en misma dirección, hasta que una curva de herradura a izquierda viene a romper la monotonía. Aquí, junto a unas viviendas, encontramos una fuente de agua fresca que bien haremos en aprovechar. Al punto una nueva paella, esta vez a derechas, nos devuelve el sentido habitual de la marcha. Pero antes habremos tenido ocasión de mirar hacia el mar por entre una sucesión de colinas que nos impiden divisarlo. Como siempre tendremos que conformarnos con otro mar, el de olivos, omnipresente en la geografía andaluza y que cubre buena parte de las zonas bajas de las sierras colindantes hasta el mismísimo Boquete.

Sucesión final de curvas. Al fondo la bruma nos impide divisar el Mediterráneo.

Algo más arriba habremos de afrontar otra sucesión de curvas que, en este caso, resultan bastante más espectaculares, sobre todo por la amplitud de la panorámica que nos ofrecen y porque, ahora sí, el Boquete se nos muestra frente por frente.

Los malecones nos marcan la hilera de una carretera que trepa a media ladera hasta alcanzar la hendidura de la montaña. Y por encima de ella se puede observar otra hilera que se corresponde con la vía del tren.

Aunque de primeras podría habernos parecido que ya estábamos casi tan altos como el paso de montaña, la ilusión del efecto óptico quedará rápidamente al descubierto tan pronto como nos percatamos del lugar por donde prosigue la carretera.

La belleza de un entorno cada vez más grandioso puede verse incluso mejorada si transitamos con los almendros en flor, época en que tampoco es raro encontrar un tenue manto blanco sobre las cumbres de Tejeda.

Afrontamos la larguísima recta final.

Tras la sucesión de curvas la carretera sigue una línea recta prácticamente perfecta que nos conduce de frente hacia nuestro destino. Atrás, ahora sí, se divisa perfectamente la costa y, por supuesto, Vélez-Málaga.

Si no sopla viento contrario ya no nos será difícil ganar la brecha de Zafarraya. Coronaremos justo en el cartel que nos indica el cambio de provincia, bajo la vía del tren, a la entrada de la localidad de Ventas de Zafarraya.

A falta de cartel de puerto, bien nos sirve el del pueblo.

Por último, cabe reseñar –como ocurre en otro paso de la provincia como es el puerto de Encinas Borrachas- la existencia restos humanos de origen prehistórico en las inmediaciones del puerto. Sin duda, otro elemento más para hacernos una clara idea de la importancia de esta antiquísima vía.

GALERÍA FOTOGRÁFICA.

Mapa:

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