Altimetrías

Puerto de Alájar por Vallehondillo, desde las entrañas de la sierra.

Estado del firme:**

Dureza:**

Volumen de tráfico:**

Consejos y sugerencias: para disfrutar verdaderamente de una ruta en esta zona hay que degustar la gastronomía local… todo no va a ser dar pedales.

Duro tramo cementado camino del puerto de las Erillas.

Amantes de las rutas circulares, tener que empezar un puerto bajando primero a su inicio no es plato de nuestro agrado. Sin embargo, si la carretera es pintoresca, sin tráfico, con vegetación y si, por añadido, estamos hablando de un ascenso de 500 m. de desnivel en la provincia de Huelva, lo normal es que dejemos a un lado nuestros gustos y manías y prioricemos lo verdaderamente importante.

El puerto comienza en un estrecho vado sobre el arroyo de Vallehondillo.

Y es que cualitativamente estamos hablando de una subida top en la provincia, quizás entre las pavimentadas la que mejores números arroja tras el Cerro de San Cristóbal y, además, muy próxima a Aracena, en pleno corazón de su sierra.

Para dar con el inicio del puerto tendremos que tomar la carretera que une precisamente Alájar con Santa Ana la Real y, al poco de salir del primer pueblo, encontraremos un cruce con una indicación previa que nos señala el camino hacia unas casas rurales y el molino de Alájar: esa es nuestra carretera.

Medio rural puro y duro.

Como vamos a tener descender antes de subir nos vamos a hacer una perfecta idea de lo que nos espera a la vuelta: carretera estrecha, alternando asfalto en buen estado, asfalto bacheado, parcheado e incluso cemento; duros repechos a tenor de la velociad que sola adquiere nuestra bici y algún descansillo de esos que a la ida, más bien, son cansadillos. Y un paisaje bellísimo, con abundante arboleda compuesta en su mayor parte de frondosos encinas y alcornoques.

Tras varios puentes sobre arroyos, tentados de dar la vuelta en uno que forma vaguada y tras el cual la carretera incluso sube ligeramente para volver a bajar, llegamos a un vado y, aquí, nos vamos a dar la vuelta.

Tras el falso llano inicial, llegamos a la cima del primer repechón.

La carretera, que realmente se trata un camino que conduce a Campofrío, no tiene salida asfaltada, aunque el asfalto sí que continúa aún durante un trecho por las hermosas dehesas de la sierra hasta llegar a una ermita, la ermita de San Bartolomé, una de las más antiguas de la provincia y que recibe a todo el pueblo en romería cada penúltimo domingo de agosto, mientras que el resto del año no tiene parangón como lugar de recreo por el bellísimo entorno en que se ubica.

Si la curiosidad o nuestro afán investigador nos trajo hasta aquí, llega el momento de dar la vuelta y regresar al vado antes mencionado, vado que salva el cauce del arroyo de Vallehondillo. Y, ahora sí, aquí empezamos la subida.

Iniciamos el tramo más duro del ascenso.

Los dos primeros kilómetros de ascenso -salvo ese primer rampón inicial- serían tomados, en otras circunstancias, como mero calentamiento, pero con tanto repecho en el descenso lo cierto es que la musculatura la tenemos ya bien tonificada a estas alturas. Tampoco es que nos vayamos a poner a subir a todo trapo, que no es nuestra costumbre y acabamos de ver lo que nos queda por delante, pero sí que nos dejamos llevar por el ritmo vivo que nos imponen nuestras piernas, ávidas de entrar en materia.

La rampa siempre supera el 10%, pero merece la pena echar un vistazo al paisaje que nos rodea.

El tercer kilometro ya será otra cosa. Su pendiente media, como en general la de todo este camino de Campofrío, es engañosa debido a unos 400 m. de descenso en su final. Pero los primeros 600 m. se agarran cosa mala. Puntualmente un 15% nos ha marcado nuestro clinómetro, mientras nosotros empezamos a conjeturar con que nos roza una pastilla de freno o llevamos la rueda pinchada: es lo que tiene no andar un pimiento y meterse por estos caminos… con lo felices que nos las prometíamos en el falso llano.

Coronamos un altillo, rápido descenso y nos aprestamos para afrontar el kilómetro más complicado que presenta el puerto. Se trata de mil metros a más del 10% de pendiente media y con puntas que alcanzan el 17%… ¡Calma se ha dicho!

Al salir del tramo cementado el asfalto deja un poco que desear.

Así, tomando como referencia de inicio un puentecillo y con la debida parsimonia, vamos deshaciendo el camino hecho previamente cuesta abajo. La carretera, encajonada entre laderas, busca rápida salida loma arriba. Tras varios cientos de metros de duras rampas cuando la arboleda clarea, obtenemos magníficas vistas del entorno. Luego, superado un trecho algo más suave, aparece el tramo cementado donde las panorámicas serán aún mejores… pero será momento de apretar los rastrales.

Antes de tomar la carretera de Alájar, algunos toboganes.

Acaba el cemento, pero la pendiente apenas va a cejar hasta poco después de trazar una chicane con un puentecillo en su mitad. A partir del puentecillo encaramos ya las últimas estribaciones del puerto de las Erillas por carretera parcheada y jalonada por algún cortijo serrano. Hasta llegar al cruce de Santa Ana la Real, incluso hasta poco después, habremos de transitar por una sucesión de toboganes en los que mantener un ritmo uniforme será tarea imposible, aunque se compensa ampliamente por lo bello del entorno y lo divertido del trazado.

Ya por buena carretera hasta el puerto. Arriba asoma la Peña de Arias Montano.

Al poco del cruce, ya por carretera buena y algo más ancha, ganaremos un nuevo altillo y, tras un descanso, retomaremos por fin la subida de forma continuada. De momento el ascenso abandonará toda dificultad para convertirse en un agradable falso llano ascendente que, después un par de cruces que se adentran en Alájar, irá ganando pendiente paulatinamente.

Como casi todos los pueblos del viejo continente, Alájar está cargado de raigambre histórica, hasta tal punto que su origen se pierde en la noche de los tiempos, aunque es a partir de época romana cuando se puede constatar una ocupación intensa del territorio y su nombre Alájar (“piedra”) se debe a la ocupación musulmana. Pero sin duda alguna, sólo un personaje ha unido su nombre al de la localidad de manera indisoluble, nos referimos a Benito Arias Montano, el gran humanista y español del s. XVI, natural de Fregenal de la Sierra, que tuvo en la Peña de Alájar lugar de retiro y estudio del que hablaremos unas líneas más abajo.

Tras dejar a la derecha el cruce hacia Aracena, trazamos una primera herradura a derechas.

Dejando atrás, a nuestra derecha, el pueblo alcanzamos una nueva intersección en que giraremos a la izquierda. En ese punto enlazamos con la vertiente procedente del pueblo de Linares y, al punto, trazamos una primera curva en herradura en la que la pendiente alcanza de nuevo el 11% y que vendrá seguida por otras dos más. Precisamente en la tercera se sitúa la mencionada Peña de Arias Montano.

El mirador de la Peña de Arias Montano, con magníficas vistas hacia el sur.

Este lugar parece haber estado reservado para la meditación y el descanso desde hace siglos, como muestra la constante presencia de ermitaños en la zona. Tal es la importancia del enclave que incluso el nombre de Alájar significa en árabe “piedra”. Pero la actual nomenclatura le viene dada por mor del humanista Benito Arias Montano, quien se retiró a este lugar buscando la paz y sosiego necesarios para un profundo estudio de las sagradas escrituras.

En el último kilómetro, oliendo la cima, pero la cuesta vuelve a empinarse.

En la Peña encontramos, entre otros monumentos, la ermita de Nuestra Señora de los Ángeles, de origen medieval, que guarda la imagen de la patrona de la sierra. Y un bellísimo mirador con vistas a la sierra y a Alájar. Pese a que la fuente que hay en el cruce está seca, una vez nos desviamos unos cuantos de metros buscando la ermita, encontraremos otra con varios caños bien fresca. Además, existe un área recreativa y un restaurante.

Precisamente por la Sierra de los Ángeles, continuación meridional de la de Linares, ascendemos en pos del puerto. Llevaremos dirección norte durante casi un kilómetro –algo más exigente que el anterior- hasta que una última herradura nos haga torcer la marcha.

A unos metros de coronar, magníficas vistas de Alájar y la Sierra de Aracena.

Si la panorámica en el puerto de Linares era bella, ahora va a resultar excepcional, culminándose en la cima del puerto con un nuevo mirador en el que la parada resulta obligatoria y desde el que contemplaremos el pueblo de Álajar, las sierras circundantes e incluso la costa onubense en días despejados.

GALERÍA FOTOGRÁFICA.

Mapa:

2 replies »

  1. Zona preciosa, con buenas gentes, bellos paisajes y viandas suculentas. Tengo muy buenos recuerdos de aquellos días disfrutados por todas aquellas sierras onubenses.

    Una vez más, gracias por vuestro excelente trabajo y por ser referentes en el cicloturismo nacional e internacional.

    Espero que estéis bien y que llevéis lo mejor posible esta época tan excepcional en nuestras vidas.

    Un abrazo fuerte y mucha salud, eso que no falte.

    Fortis fortuna adiuvat

    😉

    • jajajaja.
      Un fuerte abrazo para ti también. Por aquí estamos bien, al menos, de momento. Ya que no se puede salir en bici, habrá que aprovechar para mover un poco el blog, jejeje.
      Parece que por ahí arriba el asunto es más peliagudo. Mucho ánimo… Espero que nos veamos pronto… La Glob Bética nos espera… en octubre.

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