Altimetrías

Cruz de Linares por Proaza, el Trubia a vista de pájaro.

Estado del firme:***

Dureza:**

Volumen de tráfico:**

Consejos y sugerencias: en la montaña central son muchos e interesantes los puertos para hacer ruta e incluir Cruz de Linares, pero el que no debemos dejar pasar es el vecino ascenso a Bandujo, incluyendo la obligada visita al pueblo.

Coronando la Cruz de Linares con un paisaje imponente.

De Trubia a Trubia. El ascenso a Cruz de Linares es uno de esos que empiezan y acaban en el mismo valle. La principal diferencia, obviamente, es la altitud de inicio de ambas vertientes según empecemos río arriba o río abajo. Pero no estamos, pues, ante lo que se denomina un puerto natural entre valles, sino que se trata más bien de una carretera que va uniendo aldeas o parroquias hasta empalmar a mayor o menor altura con una carretera general. Y, de hecho, llegamos a conectar con el Camín Real de la Mesa poco antes de alcanzar la cima del puerto. Como por ambos lados hay salida, esta carreterilla acaba por conformar un interesante puerto de paso (algo que no ocurre, por ejemplo, con el vecino Bandujo, cuyo ascenso corona poco antes de la población, aunque la carretera muera en ésta) en una zona, la Montaña Central, que es por lo demás una auténtica mina de puertos.

Cruce a la derecha y se inicia el ascenso

Vamos a escoger en esta ocasión la vertiente que, precisamente, comparte su kilómetro inicial con el mencionado ascenso a Bandujo, la que parte desde las inmediaciones de la capital del Concejo: Proaza.

De suroeste a noreste el Trubia divide el concejo de Proaza escarpadas elevaciones a uno y otro lado que confieren al terreno un cariz predominatemente montañoso. Así, el fondo del valle está salpicado de poblaciones que, en las zonas más propicias, disfrutan incluso de la vega del río, mientras que en las pendientes laderas prolifera una pléyade de poblaciones, aldeas y caseríos.

Inicio angosto y entre la vegetación.

La ganadería es el principal sustento de la comarca, tanto por la industria cárnica como por la lechera, aunque el turismo de interior se va abriendo su hueco como en el resto del Principado, a lo que contribuyen lugares como el de Bandujo o la Senda del Oso.

Nosotros, como siempre, practicamos nuestro deporte siguendo unas pautas bastante personales: puertos de montaña.Y en el Principado eso lo hay a espuertas.

A la izquierda, de visita obligada, Bandujo.

Junto con el ascenso a Bandujo, decidimos también asomarnos al mirador de Cruz de linares.

Empieza el mismo en las proximidades de Proaza, concretamente al sur de la localidad cabecera del Concejo, partiendo de un cruce a la derecha al poco de abandonar las últimas edificaciones de la población.

Ya de inicio, tan pronto como abandonamos la agradable ribera del Trubia trocándola por la del Bárcenas, la carretera se empina para ubicarse siempre -ya por exceso, ya por defecto- en las proximidades del 10% de pendiente. Pronto nos vemos encajonados entre la pared de roca a nuestra derecha y una cortina de tupida vegetación que por nuestra derecha parece querer abrazarnos.

Al salir a un claro, se observa algún caserío a media ladera.

Con apenas poco más de 7 km., Cruz de Linares es el típico ejemplo de puerto Asturiano que, en pocos kilómetros, presenta sobrada dureza para considerarlo todo un primera categoría. Y es que las rampas se van a mantener casi siempre constantes en torno al 10% e incluso más hasta Sograndio. Cualquier tregua que nos conceda la cuesta será más un breve espejismo que una verdadera tregua: 4 km. seguidos al 10,75% de pendiente media con picos que puntualmente superan el 15% e incluso alcanzan el 20%.

En su zona intermedia la carretera traza varias curvas de herradura.

La carretera, estrecha, es una verdadera chuchería para los amantes de los puertos: estrecha, poco tráfico, vegetación, revirada en su zona intermedia y, en su parte más alta, buenas vistas.

En efecto, mediado el tercer kilómetro, el puerto va a empezar a trazar curvas para salvar la fuerte pendiente de la ladera. La carretera está jalonada por casas a uno y otro lado, alguna pequeña ermita. Pero sobre todo aparecen los rampones, sucediéndose con sutiles descansillos.

Fuertes rampas se suceden hasta salir de Sograndio.

Por suerte, al salir de Sograndio encontramos una fuente donde reabastecernos de agua y la pendiente va a ir cejando hasta llegar a un altillo.

Cada vez más escénico, este corto ascenso no defrauda.

En este punto la carretera se va abriendo, se va desembarazando de arboleda, y comienza a regalarnos unas magníficas vistas, pequeño adelanto de lo que nos aguarda más arriba. Pero también nos aguarda aún un duro kilómetro cercano al 9% de pendiente media, aunque esos dos puntos menos de inclinación bien que lo notan nuestras piernas.

Coronamos el último altillo antes de llegar al final del ascenso.

Está este kilómetro encajonado entre descansillos, el ya disfrutado y un segundo que alcanzamos justo al pasar una curva a izquierdas, precedida de un paso canadiense. Un montículo a nuestra derecha nos genera la sensación de estar coronando el collado, pero pronto, al tomar la curva, vemos que la carretera no va a descender muchos metros aún; antes bien, aún volverá a empinarse durante varios cientos de metros en los que alcanzamos uno de los ramales del Camín Real de la Mesa.

Los metros finales, con la pendiente más liviana, son una verdadera gozada.

La pista, que sale a nuestra izquierda, sigue el antiguo trazado romano (incluso prerromano, según parecen mostrar los distintos túmulos prehistóricos que hay junto a la calzada, como el de Sograndio, el de Rañón, o el que hay en el propio cerro de la Cruz, junto a la cima del puerto). También hay restos de alguna ermita, reliquia de los albores del cristianismo patrocinado por la realeza medieval asturiana, como también brañas, elementos todos ellos que muestran el uso continuado del camino durante siglos.

Y coronamos.

Poco más adelante coronamos el alto con las imponentes panorámicas de que veníamos disfrutando ya desde hace un rato. A nuestra derecha las estribaciones occidentales de la Sierra del Áramo. Atrás, al sur, las Ubiñas. Hacia el noreste Oviedo y, según dicen, en días claros, se atisba incluso Gijón.

Desde la cima, vista de las estribaciones occidentales de la Sierra del Áramo y de Las Ubiñas en lontananza.

No es de extrañar, pues, que la Cruz de Linares sea también un importante punto de despegue de parapentes… ellos sí gozan de veras los Valles del Trubia a vista de pájaro.

GALERÍA FOTOGRÁFICA.

Mapa:

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