Altimetrías

Puerto Lopillo, entre Villaharta y el Guadalbarbo.

Estado del firme:***

Dureza:*

Volumen de tráfico:**

Consejos y sugerencias: cuesta incluso considerarlo puerto, pero se trata del típico ascenso corto en que podemos pasar problemas, si se dan las condiciones -calor, cansancio, pique con la grupeta…-. Lo recomendable sería incluirla en una ruta con otros puertos de la zona, ya que por sí solo no es gran cosa.

La cuesta de Lopillo a entrada a Villaharta.

El Cortijo Lopillo se encuentra a las afueras de la localidad cordobesa de Villaharta en la carretera que por la sierra toma dirección a Pozoblanco vía puerto de la Chimorra. Este cortijo se sitúa justo en el punto más alto de la carretera cuando se dispone ya a enfilar descenso hasta el río Guadalbarbo, una de las fuentes de la Sierra Morena cordobesa.

Tanto por la vertiente que se inicia en el río -algo más dura- como por la que atraviesa la misma localidad de Villaharta el ascenso al Lopillo no pasa de la tercera categoría. Se trata, en realidad, de uno de esos múltiples repechones que -puntuables o no en una carrera profesional- van dejando huella en las piernas del ciclista que completa ruta por la zona. Una de esas cuestas que, comparándolas con los puertos de mayor fuste, no parece gran cosa, pero que llegado el caso -antes o después- acaban pasando factura.

Abandonando la N-432 en dirección a Villaharta, al poco de salir de una rotonda, comienza la subida hasta el pueblo.

Inicio del puerto, siempre por buena carretera.

Por buena carretera dejamos atrás un primer restaurante y, después de una zona más o menos rectilínea (y una segunda venta), notamos que el trazado se vuelve ligeramente sinuoso a la vez que alguna rampa suelta salpica una cuesta muy suave, siempre en torno al cinco o seis por cien de pendiente.

A nuestra derecha nos llama la atención una salida que nos indica “Monasterio de Pedrique”, emplazamiento que merece una amplia digresión para su comentario.

Quieren los caprichosos designios del destino que en cualquier paraje -huidos del mundanal ruido, parafraseando al poeta-, acabemos por toparnos con una agradable porción de nuestra historia en forma de finca o cortijada, como muestra de que aquélla no queda reservada sólo para las grandes ciudades o Estados, sino que en cualquier recodo de la geografía encontramos las profundas huellas de nuestros antepasados.

En efecto, es Pedrique un antigua cortijada que, por lejos que nos parezca encontrarse, pertenece al término municipal de Pozoblanco (otrora al de Obejo y al de Villaharta). La existencia de esta finca, de una extraordinaria riqueza vegetal -con ejemplos de bosque de ribera junto al arroyo de Pedrique, a más del fragante pinar o los seculares olivos de sus laderas- y, por ello, también de una sorprendente y variadísima avifauna, está documentalemente atestiguada desde el s. XV, aunque la presencia de los romanos, quienes arpovecharon los recursos mineros y los acuíferos de estos parajes parece también certificada, según los vestigios de antiguas explotaciones mineras. Pero cabe retroceder aún más allá de los romanos, ya que en un paraje de Pedrique se han encontrado unos restos celtíberos que los expertos ponen en relación con el castro de Casobriga -de localiación incierta-, aunque la investigación dista mucho de estar cerrada. Además, se piensa que en distintos abrigos y cuevas pueden encontrarse igualmente restos prehistóricos, aunque en este caso aún hollamos las movidizas arenas de la suposición.

El emplazamiento debió estar habitado por eremitas desde el ocaso de la Edad Antigua o albores de la Edad Media, eremitas que en período de ocupación musulmana prefirieron la vida monacal. Pues bien, en los Riscos del Pedriquejo existen restos de un monasterio templario -cuyo origen bien puede remontarse a un anterior monasterio mozárabe- que pronto tomó un cariz militar debido a su interés estratégico. Hoy día en el cortijo se exponen las obras del escultor Aurelio Teno.

Las rampas más duras en la travesía de Villaharta.

Pero, apartándonos del monasterio, la subida prosigue agradable, tan sólo perturbada por el trasiego de los vehículos de motor al encontrarnos en las proximidades de una población, población a la que llegamos en un kilómetro y medio de ascenso.

La actual posición de Villaharta, a medio camino y paso obligado entre Córdoba y Belmez o Córdoba y Los Pedroches, probablemente se debe al emplazamiento de una venta o posta ya en la Edad Media. Su emplazamiento sigue siendo ideal para quienes, si alejarse en demasía de la capital cordobesa, escogen la tranquilidad y sosiego que brinda la sierra. Villaharta es, pues, hoy día, sobre todo, lugar de solaz para quienes gozan de su balneario, sin dejar de lado su exquisita gastronomía en la que descuellan los platos de caza y los dulces tradicionales.

Salimos del pueblo, pero aún no está todo hecho. Queda un tramo mantenido al 9% de pendiente.

Pues bien, en la travesía vamos a superar las rampas más duras de la subida, cuando tras dejar a la derecha el cruce de Obejo, encaremos el tramo final de la primera parte del ascenso. Hasta un 10 % ha llegado a marcarnos nuestro clinómetro, pero sobre todo, la rampa se mantiene constante en su exigencia provocando que engranemos las coronas que teníamos reservadas para dificultades de mayor fuste en nuestra ruta.

Mirador y área recreativa de La Serrana, en lo que supone un primer altillo de esta cota.

Con buenas vistas de la sierra a nuestra izquierda, suavizadas las rampas, ganamos un primer collado con una suerte de mirador y un área recreativa.

No obstante un corto descenso, la carretera a va a seguir una línea ascendente durante varios cientos de metros más, aunque ya sin demasiada enjundia, hasta el punto de que -inicialmente- llegamos a dudar cuál de los dos altillos está situado a mayor altitud.

Coronamos junto al Cortijo de Lopillo.

Finamente, junto a un par de cortijadas coronamos. La carretera aún se resistirá en descender, pero cuando lo hace se revira bastante y gana fuertes pendientes hasta alcanzar la ribera del Guadalbarbo.

GALERÍA FOTOGRÁFICA.

Mapa:

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