Altimetrías

Puerto de San Lorenzo por San Martín de Teverga, La Marmolada asturiana.

Estado del firme:****
Dureza:***
Volumen de tráfico:**
Consejos y sugerencias: el consejo más sensato para ascender puertos de este estilo es el de no confiarse con su longitud y, por supuesto, el de “meter la reductora” una vez llegado el tramo duro.

Últimas curvas del puerto de San Lorenzo desde el mirador de su cima.

En pleno corazón del Concejo de Teverga, en la unión de dos profundos valles, se asienta la localidad de San Martín de Teverga, bellísimo emplazamiento asturiano desde el que parten diversas ascensiones ciclistas como Puerto Ventana, Marabio o el que ahora nos ocupa, San Lorenzo, el que según opinan muchos sería el puerto natural -es decir, de paso- más duro de Asturias.

Los kilómetros finales de San Lorenzo por Teverga semejan, por su dureza, el italiano passo Fadaia (La Marmolada).

Aunque las comparaciones siempre son odiosas, condideramos que pueden servir para forjarnos una idea aproximada de a qué vamos a enfrentarnos y, en este caso, es justo decir que nos vamos encontrar con algo así como La Marmolada (el Passo Fedaia dolomítico) asturiana, ya que los 6 kilómetros finales de San Lorenzo cuentan con unos números similares en lo que a pendiente se refiere al coloso italiano. Éste, no obstante, gana el duelo por contar con una zona inicial algo más larga y ligeremente más dura y, sobre todo, por su altitud, que supera los 2.000 m.

Zona minera en declive, Teverga basa su economía actualmente en la ganadería con un una floreciente actividad turística cada vez más pujante. Nos vamos a encontrar un lugar de poca población aunque, como acostumbramos a observar en nuestras incursiones por el paraíso astur, haya abundancia de aldeas junto a la carretera y en las laderas de los montes.

Por otra parte, la abundancia de vestigios prehistóricos, sobre todo del neolítico, han impulsado la creación de un Parque de la Prehistoria en el Concejo, uno de los principales puntos de interés turístico. Mientras el testimonio ya en época histórica más interesante puede ser el Camín Real de la Mesa, del que hablaremos más abajo, sin olvidarnos de las bellísimas iglesias románicas y los castros. Los encantos naturales de la zona tampoco desmerecen: angosturas, verdes valles, altos montes… Y, por su puesto, el Parque Natural de Las Ubiñas – La Mesa.

Comenzamos aquí el ascenso, dejando a nuestra izquierda la carretera que asciende el Puerto de Ventana.

Nosotros, en cambio, vamos a buscar la salida de Teverga en dirección a Somiedo por la remozada carretera del puerto de San Lorenzo, una ruta que, desde luego, tampoco nos va a decepcionar ni por su dureza, de la que ya hemos hecho referencia anteriormente, ni por su belleza, con unas excelentes panorámicas hacia el Cordal de La Mesa y la Sierra del Áramo entre otras.

Iniciamos el ascenso en el cruce -o, mejor, rotonda- con el puerto de Ventana, que queda a nuestra izquierda, con unas primeras rampas muy livianas. De hecho, podemos advertir que el puerto tiene dos partes muy bien diferenciadas: una primera, de cinco kilómetros, en la que la pendiente apenas sí supera el 10% en contadas ocasiones y que paulatinamente irá in crescendo hasta llegar al 7% de pendiente media a la altura de Quintanal y Villanueva; la segunda parte, tras un descansillo que hace las veces de bisagra, es una historia completamente diferente, ya que la carretera se sitúa muy pronto a la altura -e incluso por encima- de la crítica cifra del 10% y no la abandonará hasta prácticamente culminar el puerto. En general el ascenso es bastante rectilíneo, lo cual lo hace aún más duro en un plano psicológico, aunque en los últimos kilómetros dos pares de herraduras confieren cierto encanto al trazado de la carretera.

Las primeras estribaciones del puerto resultan más llevaderas.

Al poco de comenzar, nos topamos con la Colegiata de San Pedro de Teverga, quizás la obra de mayor importancia del Concejo, de un estilo a caballo entre el ramirense y el románico castellano. Parece que al principio, pese a que el pedaleo es ágil, cuesta remontar el valle y ganar altitud, sensación que, sin embargo, irá desapareciendo paulatinamente y de forma más palpable al aproximarnos a Quintanal.

Dejamos atrás Villanueva con su coqueta iglesia románica.

Prácticamente unida a Quintanal se encuentra Villanueva, cuya iglesia románica, monumento nacional desde 1921, despierta nuestro interés.
Precisamente cuando la pendiente se estaba poniendo seria, nos topamos con un descansillo a la par que notamos cómo la carretera se va encajonando cada vez más entre la vegetación y la montaña. Varios cientos de metros después comenzará la verdadera escalada camino de Tuiza, en primer lugar, y del puerto para concluir.

A media ladera, la rampa sube sin respiro. La visión es psicológicamente demoledora.

La carretera se va levantando hasta situarse mirando al cielo en una rampa contínua que nos parecerá interminable. Más adelante, frente a nosotros, a media ladera aparecerá el trazado perfectamente visible cuando la verdura que adorna la margen izquierda de la carretera lo permita. Algún clarete incluso nos desvela la posición del collado, aún demasiado alto y lejano como para producirnos alivio… más bien la sensación es la contraria.
Pasada una vaguada a izquierdas nos vamos a encontrar con un mirador exepcional del puerto y las sierras colindantes, excelente excusa para realizar una parada si empiezan a flaquear las fuerzas. La carretera corta literalmente la montaña, ya que el arreglo que se acometió años atrás conllevaba un ensanchamiento de la misma, sólo posible a costa de arrebatar la roca de la pared. Parece que hace un mundo que veíamos este tramo desde más abajo… Y es que con estas pendientes el avance es muy pausado, como si se detuviese el tiempo.

Al fondo ya divisamos el collado, aún lejano.

Con pedalada lenta, pero segura, nos encaramamos a la primera de las herraduras del puerto o, lo que es lo mismo, a la braña de Tuiza -con sus cabañas teitadas, como pallozas- y los dos kilómetros finales del puerto. La siguiente paella, no muy lejana, nos permitirá gozar de unas imponentes panorámicas de las sierras colindantes con la mole de la Sierra de Sobia en primer plano y, más atrás, de la Sierra del Áramo.
Al instante enderezamos rumbo oeste nuevamente y dejamos atrás estas excelentes panorámicas inmersos en las estribaciones de mayor dificultad de todo el ascenso. Dentro de este kilómetro, por encima del 12% de pendiente máxima hallaremos también la rampa más empinada que alcanza el 14%. De este dato podemos hacernos una clara idea de la continuidad de la cuesta, que en ningún momento concede tregua más que al final.
Aunque se adivina el collado, el curveo -más constante ahora que en cualquier punto del puerto- y el talud a nuestra derecha nos impiden atisbarlo con claridad. Nuestra sospecha, en cambio, no será del todo certera, pues aún debemos superar un par de curvas de herradura -la primera de las cuales descansa bajo el mismo collado- antes de ganarlo.

Sólo nos quedan un par de herraduras para coronar el alto, pero la pendiente no cejará hasta los últimos metros.

Pero la vista del mismo ahora sí que nos reconforta, pues ahora sí que vemos cercano el final del calvario, y los últimos metros nos invitan a recrearnos en el lugar y en el esfuerzo empleado para llegar hasta aquí. Un cartel nos indica la posición exacta, aunque el cambio de rasante está más claro que nunca.
En la cima, además, un pequeño apartadero, con un escénico mirador, nos permite relajarnos y contemplar la belleza del entorno. Otro cartel nos indica el recorrido del Camín Real de La Mesa, una antigua calzada romana, según parece, que unía estos territorios con Asturica Augusta (Astorga) para el transporte del oro desde las minas. El camino, que atravesaba justo por la cima del puerto de San Lorenzo, sufrió como mínimo dos restauraciones en los ss. XVI y XVIII.

Cartel del puerto en la cima, junto con el del Camin Real de La Mesa que atraviesa el alto.

Pocas veces encontraremos mejor simbiosis entre naturaleza, deporte y cultura.

GALERÍA FOTOGRÁFICA.

Mapa:

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