Altimetrías

El Madroño, poniente sevillano.

Estado del firme:***

Dureza:*

Volumen de tráfico:*

Consejos y sugerencias: aunque no se trata de un puerto de entidad, conviene medir bien las fuerzas y estudiar bien la ruta que vamos a realizar para no padecer más de la cuenta.  

Bonito recodo del Corredor de la Plata por donde transita la carretera de El Madroño.

Casi cuatro son los kilómetros que nos llevan desde el Arroyo del Gallego hasta la cima de este puertecillo. Al cruzar el puente abandonamos la provincia de Huelva para adentrarnos en la de Sevilla por la comarca del Corredor de la Plata.

Concretamente nos dirigimos a la localidad más occidental de Sevilla, El Madroño, una pequeña población de apenas 400 habitantes que, ubicada sobre un cerro, culminará la cuesta que se inicia en el mencionado arroyo.

Al pasar el puente entramos en la provincia de Sevilla. Las rampas iniciales serán lo más duro de este puertecillo.

Nos incitan a pedalear por estos lares la tranquilidad de la comarca -reflejada en la casi total ausencia de tráfico durante el ascenso- y la severa belleza de unas achatadas lomas lucidas por algún rodal de pinos de reforestación que, por momentos, también jalonan las márgenes de la carretera.

Las rampas iniciales de subida serán también las de mayor dificultad con picos de hasta el 14% de pendiente, aunque concluido el primer kilómetro ya no nos encontraremos con más sobresaltos.

La arboleda adorna una carretera que, en cualquier caso, guarda cierto encanto.

De gozar de unas buenas panorámicas a nuestra derecha, el paso por un collado entrando en el segundo kilómetro nos lleva a cambiar de ladera y nos permite contemplar el trazado de la carretera algo más arriba. Las lomas, abancaladas por los trabajos de reforestación, se ven cada vez más cubiertas de matorral y arbustos odoríferos que le disputan el terreno a la arboleda.

La pendiente tiende claramente a la baja y algunos descansillos alternos nos animarán a imponer algo de ritmo para completar la subida. Con ligera pedalada nos situamos a los pies de El Madroño en un pequeño prado regado en invierno por las escorrentías de las lluvias.

Tras un primer collado (al fondo, a la derecha de la imagen), la carretera se abre a nuestra izquierda.

La pequeña localidad se divide en dos núcleos de población ligeramente separados y nosotros al entrar por el sureste alcanzaremos el que, según nos parece, se encuentra apartado del núcleo principal, aquél en que se ubican la iglesia (con advocación a San Blas) y la casa consistorial.

Al llegar a un cruce habremos coronado el puerto aunque la presencia de una antena ligeramente más elevada nos hace prolongarlo unos cuantos metros. Sin embargo, nos damos la vuelta para una obligada parada de repostaje. Cualquier justificación es buena para degustar las carnes de monte, la caldereta de cerdo, las migas o el típico “sopeao”.

Con el pueblo a la vista afrontamos cómodos los últimos metros.

Las fiestas de Las Cruces en mayo –principalmente, pero también en julio- son una muy buena excusa para perderse en el extremo más occidental de la provincia.

GALERÍA FOTOGRÁFICA.

Mapa:

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