Andalucía Cicloturismo

La doble eme: rutas, altimetrías de puertos de Andalucía… Y mucho más.


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Collado de la Sanguijuela, el segundo peldaño.

Estado del firme:***

Dureza:*

Volumen de tráfico:*

Consejos y sugerencias: como con cualquiera de estos puertecillos de poca dificultad, conviene no confiarse si se hace en ruta larga y, sobre todo, bajo el sol estival.

En su zona alta el collado de la Sanguijuela nos ofrece unas espléndidas vistas de la comarca del Corredor de la Plata.

Cualquier tachuela, por pequeña que sea, es bien recibida en una provincia tan falta de montaña como la de Sevilla y si, además, la subida es agradable y nos deleita con cierta belleza, como es el caso, miel sobre hojuelas.

Nos encontramos en la comarca del Corredor de la Plata, en la franja más occidental de la Sierra Morena hispalense. Hasta el inicio del puerto habremos de llegar desde la localidad de El Madroño cuyo municipio se extiende también a la aldea de Juan Antón por la que habremos de transitar.

Atravesaremos una de las poblaciones que forman el municipio de El Madroño, Juan Antón.

Pues bien, si El Madroño se encuentra en lo alto de un cerro sobre una altitud próxima a los 300 m., el presente ascenso se sitúa casi 200 m. por encima, lo que implica que nos situamos en un siguiente escalón de altitud para lo que son estas sierras de perfil bajo y, por consiguiente, que desde la parte alta del puerto dominaremos una panorámica bastante amplia.

Por lo demás, el puerto es largo para lo que se estila por estos Lares, aunque de poca pendiente, como es de suponer. Bien es cierto que se trata de una subida bastante irregular desde inicio y en ese sentido puede resultar engañosa.

Como casi siempre, situamos el inicio en un puente.

Al pasar el río, curva a derechas seguida de curva a izquierdas, nos vamos a encontrar con una primera rampa que alcanza el 8% y, al punto, se sucede un descansillo: el inicio del puerto es el resumen perfecto de lo que será el resto, tratándose el primer kilómetro, además, del más duro de todo el ascenso.

El paisaje se compone de lomas aplastadas por la erosión y repobladas de pinar y eucalipto, donde escasea la vegetación autóctona de dehesa y monte bajo. Desgraciadamente se trata de una zona castigada duramente por los incendios, lo que ha variado sustancialmente el aspecto del entorno.

Característico paisaje de lomas achatadas y rala vegetación.

Llegamos a Juan Antón, una de las villas que forman el municipio de El Madroño, coronando al alimón un repecho. Tras una corta bajada proseguimos por una cómoda zona de suave subibaja hasta el cruce de El Álamo y Villargordo, punto éste en que la carretera vuelve a picar para arriba con algo de más intensidad. A media ladera, en un cerro, se muestra el trazado de la carretera en el que será el punto más escénico de toda la subida.

Antes del cruce hacia Villargordo y El Álamo, contemplamos buena parte del tramo final de ascenso.

Alcanzamos un altillo en curva a izquierdas y, de hecho, podríamos dar por concluido el puerto a esta altura. Sin embargo, la presencia de una antena sobre un cerrillo próximo nos pone alerta sobre la posibilidad de alcanzar una mayor altitud. Tras un postrer descansillo, retomamos el ascenso suavemente y llegamos al pie de la antena comprobando que, desgraciadamente, el firme no está para meterse en faena. Sin embargo, hasta ese punto hemos superado por unos metros la cota anterior: la cima del puerto, pues, la prolongamos hasta allí.

GALERÍA FOTOGRÁFICA.

Mapa:

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El Madroño, poniente sevillano.

Estado del firme:***

Dureza:*

Volumen de tráfico:*

Consejos y sugerencias: aunque no se trata de un puerto de entidad, conviene medir bien las fuerzas y estudiar bien la ruta que vamos a realizar para no padecer más de la cuenta.  

Bonito recodo del Corredor de la Plata por donde transita la carretera de El Madroño.

Casi cuatro son los kilómetros que nos llevan desde el Arroyo del Gallego hasta la cima de este puertecillo. Al cruzar el puente abandonamos la provincia de Huelva para adentrarnos en la de Sevilla por la comarca del Corredor de la Plata.

Concretamente nos dirigimos a la localidad más occidental de Sevilla, El Madroño, una pequeña población de apenas 400 habitantes que, ubicada sobre un cerro, culminará la cuesta que se inicia en el mencionado arroyo.

Al pasar el puente entramos en la provincia de Sevilla. Las rampas iniciales serán lo más duro de este puertecillo.

Nos incitan a pedalear por estos lares la tranquilidad de la comarca -reflejada en la casi total ausencia de tráfico durante el ascenso- y la severa belleza de unas achatadas lomas lucidas por algún rodal de pinos de reforestación que, por momentos, también jalonan las márgenes de la carretera.

Las rampas iniciales de subida serán también las de mayor dificultad con picos de hasta el 14% de pendiente, aunque concluido el primer kilómetro ya no nos encontraremos con más sobresaltos.

La arboleda adorna una carretera que, en cualquier caso, guarda cierto encanto.

De gozar de unas buenas panorámicas a nuestra derecha, el paso por un collado entrando en el segundo kilómetro nos lleva a cambiar de ladera y nos permite contemplar el trazado de la carretera algo más arriba. Las lomas, abancaladas por los trabajos de reforestación, se ven cada vez más cubiertas de matorral y arbustos odoríferos que le disputan el terreno a la arboleda.

La pendiente tiende claramente a la baja y algunos descansillos alternos nos animarán a imponer algo de ritmo para completar la subida. Con ligera pedalada nos situamos a los pies de El Madroño en un pequeño prado regado en invierno por las escorrentías de las lluvias.

Tras un primer collado (al fondo, a la derecha de la imagen), la carretera se abre a nuestra izquierda.

La pequeña localidad se divide en dos núcleos de población ligeramente separados y nosotros al entrar por el sureste alcanzaremos el que, según nos parece, se encuentra apartado del núcleo principal, aquél en que se ubican la iglesia (con advocación a San Blas) y la casa consistorial.

Al llegar a un cruce habremos coronado el puerto aunque la presencia de una antena ligeramente más elevada nos hace prolongarlo unos cuantos metros. Sin embargo, nos damos la vuelta para una obligada parada de repostaje. Cualquier justificación es buena para degustar las carnes de monte, la caldereta de cerdo, las migas o el típico “sopeao”.

Con el pueblo a la vista afrontamos cómodos los últimos metros.

Las fiestas de Las Cruces en mayo –principalmente, pero también en julio- son una muy buena excusa para perderse en el extremo más occidental de la provincia.

GALERÍA FOTOGRÁFICA.

Mapa: