Andalucía Cicloturismo

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Castillo de Santa Catalina, Alcázar del Santo Reino.

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Estado del firme:***

Dureza:*

Volumen de tráfico:****

Consejos y sugerencias: hay que tener muchísima precaución con el tráfico, sobre todo en la primera parte del ascenso, que transita por la ronda de circunvalación de la capital jiennense.

Bellísima entrada al recinto amurallado del Castillo de Santa Catalina.

El Castillo de Santa Catalina es probablemente, junto con la Catedral, uno de los más destacados emblemas de la capital jiennense. Su excepcional ubicación, en lo alto del cerro que domina la ciudad, lo ha convertido en privilegiada atalaya desde la que todo el que visita Jaén tiene la obligación de asomarse.

Hasta su fortaleza nos vamos a dirigir desde las calles de la ciudad. Podríamos haber dado inicio a la subida en el mismo río Guadalbullón, sin embargo nos persuadió de nuestras intenciones el hecho de tener que ascender por la circunvalación de la capital durante varios kilómetros que, por otra parte y a nuestro parecer, sólo añaden algo de kilometraje y el estrés de soportar el tráfico, pero ni dureza, ni belleza.

Por la circunvalación nos dirigimos hacia el castillo, que se enseñorea de toda la ciudad sobre su cerro.

Sí que hemos incluido un tramo de la ronda, el que desde la intersección –más bien rotonda- de la carretera de Los Villares nos lleva hasta el cruce del castillo. Se trata de un tramo no demasiado exigente y en el que hay que extremar las precauciones por el tráfico, más molesto que peligroso, según pudimos percibir.

Con la ciudad a nuestra derecha avanzamos durante un primer y cómodo kilómetro en que la pendiente apenas incomoda. Por momentos contemplamos el castillo que corona una de las estribaciones orientales del cerro Jabalcuz. Aunque elevado, en ningún momento tenemos la sensación de que la empresa nos vaya a exigir un excesivo esfuerzo.

Tomado el cruce hacia el castillo, encaramos una recta de fuertes rampas.

Llegamos a una vaguada a derechas y nos topamos con un descansillo que, a la postre, tendrá más de medio kilómetro, justo hasta el punto en que –por fin- nos desviemos a la izquierda para comenzar la que propiamente podemos considerar como subida al Alcázar Nuevo.

Tras el giro afrontaremos una larga recta en que la rampa superará el 10% con cierta facilidad. Adorna la carretera primero por el margen derecho, más arriba por ambos lados, una tupida masa de pinos que se ha apoderado del cerro junto con algunos almendros que lucen bellísimos en flor.

Una curva de vaguada a derechas pone fin a casi un kilómetro de recta y, de seguido, nos topamos con el cruce del hospital, que queda a nuestra izquierda.

Tras un área recreativa con un amplio aparcamiento, ganamos un último descansillo previo al asalto final de la fortaleza.

Nos aproximamos al tramo final de ascenso, justo antes de trazar la primera de las dos curvas finales.

Con unas espléndidas vistas de la ciudad, trazamos una herradura a derechas y la cuesta vuelve a empinarse. Al fondo, un robusto aunque elegante arco de piedra abre la puerta de entrada al recinto fortificado, punto donde la rampa alcanza su máxima inclinación.

Bajo el arco la cuesta alcanza el 17% de pendiente máxima.

Atravesado el arco, un nuevo giro a izquierdas nos sitúa frente al Parador Nacional del Castillo de Santa Catalina. El asfalto tornará empedrado, lo cual no nos va a impedir continuar nuestra marcha hasta el pie mismo del castillo, en el flanco oriental del recinto.

Los restos más antiguos del cerro datan de época ibérica, aunque el asentamiento con función militar se debe al cartaginés Aníbal, asentamiento que los romanos remodelaron según su conveniencia.

Con el Parador a nuestra derecha, seguimos recto camino hasta el pie de la torre de la Fortaleza Nueva.

Posteriormente los musulmanes realizaron la fortificación la parte alta del cerro y llevaron a cabo sucesivas ampliaciones. La llamada fortaleza Antigua conserva aún algunos de sus elementos en el edificio que es hoy día el Parador Nacional, mientras que la construcción actual, la de la Fortaleza Nueva, pertenece en su origen a época cristiana con las consecuentes reformas.

Detrás de la torre oriental, aunque hay que llegar a pie, encontraremos un mirador con una cruz desde donde se gozarán de las mejores vistas sobre la capital y su entorno: la Sierra Mágina y el olivar hasta donde perderse pueda nuestra mirada.

GALERÍA FOTOGRÁFICA.

Mapa:

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