Altimetrías

Sierra de la Plata, cultura, naturaleza, playa… Cicloturismo.

Estado del firme:**

Dureza:*

Volumen de tráfico:*

Consejos y sugerencias: el emplazamiento de esta subida es ideal para planificar un día de playa con la familia y aprovechar para una breve escapadita ciclista. Además es absolutamente recomendable realizar la visita a una de las ciudades romanas mejor conservadas de la Bética, Baelo Claudia. Por otra parte, hay que tener en cuenta siempre el “factor” viento.

El marco incomparable de la ensenada de Bolonia con su impresionante playa, la duna que trepa por los camarinos, el azul del Atlántico y las costas africanas como telón de fondo.

El modesto ascenso a la Sierra de la Plata se presenta como un puerto de características muy especiales, habida cuenta del singular entorno que lo rodea y de la diversa oferta turística que en sus inmediaciones podemos encontrar. Tal es así, que nos vemos “obligados” a detenernos en detallar los principales atractivos de que nos es posible disfrutar si nos acercamos a Bolonia.
En el plano cultural, la oferta principal es la famosa ciudad romana de Baelo Claudia, próspera entre los ss. II a. C. y III d. C. en que fue víctima de la piratería y, sobre todo, de un terremoto que la destruyó gran parte, si bien no fue despoblada totalmente hasta el s. VII.

En la parte inferior de la foto se pueden apreciar algunas columnas de los edificios de la antigua Baelo Claudia, así como el teatro.

Afamada en la antigüedad por la factoría de salazones de pescado y de la famosa salsa “garum”, el yacimiento arqueológico ha sacado a la luz unos restos muy bien conservados de los elementos que eran habituales en la estructura urbanística de una ciudad romana, de ahí, el especial interés e importancia de Baelo: muros, templos, foro, calles pavimentadas, casas, tabernae, curia, basílica, factoría de salazón… entre los que quizás cabe destacar el imponente teatro con capacidad para unas 2.000 personas. Además, en el centro de recepción de visitantes (a la par que museo) encontraremos detalladas explicaciones y recreaciones del conjunto que servirán para que terminemos de hacernos una idea completa de cómo era la ciudad en su esplendor.
Sin embargo, como suele ocurrir, la actividad humana está atestiguada en la zona miles de años antes de que los romanos fondearan sus barcos en esta costa, tal es el caso de las pinturas rupestres de la Cueva del Moro, junto a la cual transitaremos en nuestro ascenso (de hecho, podemos parar en el mirador que lleva su nombre), de 20.000 años de antigüedad encuadradas dentro del denominado “arte sureño”. Dentro de las distintas pinturas de corte animalista y naturalista destaca la ingente imagen de una yegua encinta.

Junto al “mirador de la Cueva del Moro” observamos (parte superior izquierda de la imagen) lo que parece la entrada de la propia cueva en la que existen pinturas rupestres del paleolítico.

También en la Sierra de la Plata, concretamente en su máxima altura, se encuentra el yacimiento arqueológico de la Silla del Papa, donde los arqueólogos sitúan el asentamiento prerromano -probablemente púnicoturdetano a tenor de la inscripción de unas monedas encontradas y de la etimología del nombre Bailo– que dio origen a la posterior Baelo romana. Las excavaciones, que aún se encuentran en una etapa embrionaria, a más de los restos del oppidum prerromano, ha sacado a la luz una pequeña iglesia visigótica (ss. VI-VII).

Algo más abajo en las faldas de la montaña, al norte de la ensenada donde se encuentra Baelo, una curiosa piedra ha llamado la atención de arqueólogos y estudiosos, la Peña Sacra de Ranchiles, conocida como “piedra de la escalera”. Una roca con una escalera tallada que probablemente se utilizó para la realización de sacrificios rituales. El parecido con otras peñas similares (németon) de origen celta hace pensar en la presencia de este pueblo en la zona (el historiador Plinio habla de los Celtici) de forma directa o indirecta. Bolonia es, pues, un claro ejemplo del “babel” que había poblado la península en la antigüedad.

La duna de Bolonia está indicada como Monumento Natural dentro del Parque Natural del Estrecho.

El marco en que se ubican todos estos vestigios que acabamos de comentar nos obliga ahora a tratar sobre sus bondades, ya que nos encontramos dentro del Parque Natural del Estrecho, espacio de especial interés por la migración de aves y mamíferos marinos, por una gran variedad de hábitats naturales, entre los que vamos a destacar el más evidente para nosotros, la Duna de Bolonia, que con sus 30 m. de alto y más de 200 de ancho está considerada como Monumento Natural, una joya que podremos observar bajando hacia El Lentiscal, inicio del puerto, y ya en diversos puntos de su carretera, a más de los miradores habilitados.

La playa de Bolonia está considerada como una de las mejores de toda España. Aquí podemos observarla desde lo alto de su duna de doradas arenas.

Y finalmente cabe reseñar el aspecto lúdico turístico de la que es considerada una de las mejores playas de España. Bolonia, con sus arenas blancas y sus aguas cristalinas, alejada de la invasión urbanística de otros lugares costeros, concede al turista una oferta que va desde el simple y mero relax de toda playa, hasta la práctica de deportes acuáticos -como el surf o el windsurf- o la degustación de su gastronomía, donde destaca el afamado atún rojo de almadraba.

Precisamente juunto a la playa, de hecho si vamos en coche tenemos aparcamiento allí mismo, pasando la pedanía tarifeña del Lentiscal vamos a comenzar el ascenso a la Sierra de la Plata.

El inicio de la subida se sitúa al atravesar el puentecillo. Frente a nosotros apenas sí se aprecia lo que parece un radar meteorológico en la cima del la montaña.

Lo cierto es que realmente, tras cruzar un puentecillo, nos vamos a encontrar con un primer repecho en que pronto, a nuestra izquierda, dejaremos la entrada al centro de recepción de visitantes de Baelo Claudia, pero que no durará más que un kilómetro antes de volver a descender casi hasta la misma cota inicial. Si nos hemos decidido a incluirlo como parte del puerto es que la rampa con que nos toparemos tras el mencionado cruce, un 13% mantenido y “en frío”, nos dejará las piernas temblando…

Coronamos un primer repecho y observamos buena parte del trazado inicial de la subida.

Un rápido y no menos empinado descenso nos deja ya al comienzo franco de la subida que, por el momento, se va a dejar hacer. Transitamos junto a algunos chalets por buena carretera hasta que sin previo aviso el piso empeora, sobre todo una vez que sorteamos el cruce a derechas que nos lleva a Molino de Carrizales, El Realillo y La Gloria, caseríos todos situados en las faldas de la Sierra de la Plata, el mismo camino que por donde iríamos hacia la Silla del Papa.

Llegados a este cruce hemos de seguir por la izquerda, siendo que por la derecha nos dirigiríamos tras un tramo de toboganes hacia las faldas de la Silla del Papa.

Paneles indicativos señalan la presencia de los miradores, así que a pesar del estado del firme y la advertencia de que la carretera no tiene salida hacia el otro lado de la sierra -donde se encuentran Zahara de los Atunes y, algo más lejos, Barbate-, seguimos ascendiendo con la confianza de no habernos equivocado de camino.

Y, si por algún azar nos quedaban dudas, vemos cómo tras una recta las rampas se van a disparar situándose rápidamente en torno al 10% constante.

Fuertes rampas que se encabritan. Entre la arboleda afloran las grises calizas características de estas sierras.

Abandonadas las últimas edificaciones reparamos en el entorno: entre la vegetación, sierra arriba, se encrespan unas calizas grises que son, tal vez, las responsables del nombre de esta sierra, habida cuenta de que no han aparecido restos de minas argentíferas en la zona. A nuestra izquierda la dorada lengua de tierra que forma la duna parece lamer una loma repleta de camarinas, planta perfectamente adaptada a este hábitat y que da nombre al pequeño cabo, la Punta del Camarinal, que tenemos a nuestros pies. Un intenso mar azul continúa el horizonte hasta las costas africanas, perfectamente visibles habitualmente.

El mirador del Camarinal es una buena excusa para darse un respiro.

Como siempre, el panorama no hace sino mejorar a medida en que ganamos metros de altitud. La presencia del primer mirador invita a hacer una parada ya sea a la ida o a la vuelta.

Al poco, tras torcer una herradura abierta a derechas la cuesta concede una ligera tregua, el mar queda a nuestras espaldas y la montaña tapa nuestro más inmediato campo de visión. Tras una zona rectilínea atisbamos un tramo de curveo en que la pendiente se va a disparar alcanzando puntas de hasta el 18%.

Tras una larga recta, una zona de curveo en que la carretera se adentra entre la caliza a base de fuertes pendientes.

Este trecho, no muy largo afortunadamente, viene a concluir justo en el mirador de la Cueva del Moro, es decir, a los pies del emplazamiento en que se encuentran las pinturas rupestres arriba mencionadas. Una imponente pared caliza pende a nuestra izquierda, mientras que a la derecha las vistas hacia la ensenada de Bolonia -incluso de las ruinas romanas- son soberbias, dominándose buena parte del Estrecho de Gibraltar desde la punta de Tarifa hasta el Jebel Musa.

Desde el “mirador de la Cueva del Moro” gozamos nuevamente de una impresionante panorámica del sur del continente europeo.

Tras varios cientos de metros de descenso, continuamos una cuesta que ahora se deja pedalear salvo en puntos muy concretos. Eucaliptos y pinos cierran los márgenes de la carretera que tan buenas vistas nos venía ofreciendo. Una herradura a izquierdas propicia un nuevo cambio en el sentido de la marcha y ofrece otro corto descansillo. Al poco nos topamos con una barrera: zona militar.

Para sortear la doble barrera, primero la de la izquierda de la imagen, luego la de la derecha, habremos de desmontar de nuestra bicicleta.

Desmontamos y vadeamos tanto ésta como otra barrera que nos vamos a encontrar inmediatamente tras un cruce en que giramos a la derecha. La verdad es que, aunque el paso está prohibido, nunca nos han puesto problemas. Imaginamos que la prohibición es más bien para vehículos a motor y que el tránsito de ciclistas no es especialmente molesto.

Tras el giro, una larga recta se tuerce y se empina hacia nuestra izquierda donde una pequeña antena despunta entre la verdura. Poco antes de coronar la panorámica se abre hacia el poniente como para completar la visión que habíamos obtenido kilómetros atrás.

Punto final del ascenso. Bajaremos por el mismo itinerario.

Al pie de las antenas se acaba la cuesta y, ahora sí, tal vez sea momento de pensar en degustar un buen atún encebollado acompañado de algún caldo de la tierra… ¡Nos lo hemos ganado!

GALERÍA FOTOGRÁFICA.

Mapa (hasta la barrera y el cruce final):

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