Andalucía Cicloturismo

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Mesas de Villaverde, el impresionante Desfiladero de los Gaitanes.

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Estado del firme:****
Dureza:*
Volumen de tráfico:*
Consejos y sugerencias: recomendable, sin lugar a dudas, planear una bonita ruta por el entorno de los embalses y las sierras de Abdalajís y Huma, sin olvidar que nos encontramos muy próximos al Torcal de Antequera.

La cima de las Mesas de Villaverde desde las ruinas del bastión defensivo de Bobastro.

En un enclave sin par en la geografía malagueña nos encontramos para ascender la cuesta que nos encumbrará hasta las Mesas de Villaverde.
En las proximidades de El Chorro, pedanía de Ardales, junto a la presa del Tajo de la Encantada vamos a iniciar el ascenso suavemente hasta que, tomado el cruce que nos señala Bobastro, un puente nos sitúe en el franco ascenso.

Un primer kilómetro en descenso y no en muy buen estado como consecuencia de varios desprendimientos y las consiguientes obras de rehabilitación de la calzada, interminables al parecer, nos situarán junto a la fuente del Pilar. Subiendo suavemente y remontando las aguas embalsadas del Guadalhorce llegamos al Paraje Natural del Desfiladero de los Gaitanes.
Desde luego, impresiona ver el tajo que hiende la roca en dos partes, como rebanada por un gigantesco cuchillo.

Detalle del caminito del Rey antes de su reciente remodelación.

Pero más asombroso es, si cabe, el puentecillo que cuelga de un lado a otro de la piedra a considerable altura sobre el barranco. Ello se debe a que antaño el río se precipitaba en tan elevada cascada que por debajo de la misma pasaban incluso carros de tiro. Y, si observamos con más detalle, veremos el camino que cuelga, como por arte de magia, de la pared completamente vertical. Se trata del conocido como “Caminito del Rey”, un sendero que data de principios del siglo pasado y cuya construcción fue motivada por la necesidad que la sociedad hidroeléctrica encargada de explotar los saltos de agua del Gaitanejo y del Chorro tenía por unir ambos para facilitar el paso de sus operarios.
El nombre del camino, recientemente rehabilitado para el senderismo, se debe a que en 1921 vino a inaugurar la obra el propio rey Alfonso XIII, quien lo atravesó de un lado a otro.
La carretera va girando a la izquierda y tras de nosotros dejamos el impresionante desfiladero para adentrarnos hacia las Mesas de Villaverde. La carretera asciende muy suavemente, con descansillos, en pos de la ermita de Ntra. Sra. de Villaverde, cuya blanca construcción destaca en un paisaje rocoso y abundante en vegetación, data de época mozárabe en su origen, aunque ha sido reconstruida y ampliada en numerosas ocasiones. Antiguamente solían celebrarse allí las fiestas de moros y cristianos, una más que probable reminiscencia de las cruentas batallas entre árabes y españoles que tuvieron lugar allí hace ya más de once siglos.
En sus inmediaciones se encuentran varias tumbas de época romana y, lo que es más evidente desde la carretera, numerosas oquedades en la roca a modo de cuevas que actualmente se siguen utilizando para guardar ganado.
Pasado el arroyo Granadillo las paredes de roca nos envolverán por unos instantes, pues la carretera ha sido excavada en la misma ladera de la montaña a nuestra derecha, quedando el cauce de agua a la izquierda.
Pero pronto se va a poner interesante la subida. Un cruce a la izquierda nos indica la dirección que debemos tomar hacia las Mesas. Bajamos unos metros y comienza la verdadera subida, la que presentamos en la altigrafía.
La carretera ha sido recientemente reasfaltada, hecho que es de agradecer habida cuenta del lamentable estado en que se hallaban algunos tramos, pero la pendiente sigue siendo la misma… Y no está nada mal, pues vamos a afrontar algo más de dos kilómetros con rampas constantes al 10% cortadas por algún breve descansillo.
Tras un nuevo puente, el rampón inicial es probablemente el más duro de todo el puerto. Y es que, al llegar a una curva a izquierdas, casi de herradura, la rampa se dispara hasta el 15%.
Después de la curva la subida se llevará a cabo a media ladera, con las Mesas a nuestra izquierda, y con poca tregua para las piernas. El constante curveo nos permitirá admirar el grandioso paisaje que nos rodea.

Iglesia rupestre de Bobastro.

La dureza de este tramo concluye en un colladito, junto a una pista a izquierdas, que nos sitúa ya en la base de las Mesas de Villaverde. Y al punto, al llegar a unos pequeños aparcamientos y una casetilla, nos situamos a la altura de las ruinas de Bobastro, que merecen mención especial.
Aunque no es del todo seguro, prácticamente todos los expertos aceptan a día de hoy que las ruinas que aquí nos encontramos corresponden a Bobastro, fortaleza de Omar ben Hafsún, un muladí cuya impronta histórica fue enorme, comparada por algunos a la del Cid.
Pues bien, lo que nos encontramos son los restos de una iglesia rupestre de estilo mozárabe con preciosos arcos excavados en la roca, única en su género, junto a los vestigios de murallas y algunas otras edificaciones. Probablente la creación del Contraembalse de la Encantada en la década de los setenta acabó con bastantes restos arqueológicos de lo que fue esta ciudad fortaleza.
El sitio es estratégicamente perfecto ya que la elevación de las Mesas, formada por la unión de tres cerros escarpados, está rodeada de corrientes de agua por doquier. Y más si tenemos en cuenta que, antaño, con la ausencia de los embalses, en época de lluvias el perímetro debía quedar prácticamente inundado a modo de foso convirtiendo las Mesas en una isla.

Iniciamos la recta final del ascenso.

Sin embargo, ni la carretera ni la fortaleza acaban aquí. En efecto, continuamos la marcha y la cuesta de nuevo irá ganando consistencia. Aún nos quedan un par de tramos bastante duros: el primero, tras girar una curva de herradura a izquierda, en que la pendiente volverá a alcanzar el 15% de máxima; el segundo y último, ya en las Mesas de Villaverde, el tramo cementado –no en muy buen estado, por cierto-, que asciende junto al Contraembalse de la Encantada y que cuenta con pendientes también de doble dígito.

Tras la rampa de cemento, junto al Contraembalse de la Encantada. Ya estamos arriba.

Luego, algún repecho suelto y poco más nos restará hasta llegar al mirador en que se acaba la carretera y que nos muestra unas magníficas vistas del Valle del Guadalhorce y de las sierras circundantes.
Si subimos andando hasta la parte más alta de las Mesas nos encontraremos con los abandonados restos del que debió ser alcázar de Bobastro, bastión de Omar ben Hafsún, compuestos por sillares y restos abundantes de escombros. La fortaleza que durante decenios soportó el asedio constante de musulmanes es, a día de hoy, un ruinoso amasijo de piedras y polvo.

GALERÍA FOTOGRÁFICA.

Mapa:

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