Altimetrías

Puerto de las Palomas (por Zahara), balcón de la Sierra de Grazalema.

Estado del firme:****

Dureza:**

Volumen de tráfico:**

Consejos y sugerencias: nos parece muy aconsejable para quienes ascienden este puerto por primera vez prestar atención al entorno y disfrutar con el escénico trazado que nos ofrece.

Uno de los grandes clásicos del cicloturismo andaluz pese a haberse ascendido en contadas ocasiones por carreras profesionales, el Puerto de las Palomas no deja indiferente a nadie que lo haya escalado o simplemente que lo haya transitado. Su parte final con la sucesión de herraduras colgadas de la ladera de la montaña ofrecen el mejor mirador posible de la Sierra de Grazalema, un precioso balcón desde donde no podremos dejar de asomarnos.

Sin lugar a dudas, de las distintas posibilidades de ascenso al puerto, nos quedamos con la clásica vertiente de Zahara de la Sierra. Es preciso indicar que antaño ésta comenzaba en el puente sobre el río Guadalete, si bien, la construcción de la presa nos ha privado de aquel antiguo inicio y casi todos los cicloturistas toman como referencia para éste el cruce hacia Gaidóvar y hacia Prado del Rey, prácticamente contiguos.

Duras rampas de inicio al poco del arroyo Bocaleones.

No obstante, nosotros hemos optado por colocar el inicio del puerto en el arroyo Bocaleones, como si viniéramos de Prado del Rey, ya que es el punto más bajo que hemos encontrado -sin que tengamos que recorrer por ello un largo falso llano- y así, además, recuperamos en cierta medida el tramo de que nos hemos visto privados por el embalse de Zahara y el Gastor.

Comenzamos la subida, pues, en el puente sobre el arroyo y pronto el camino torna ascendente, aunque de manera engañosamente suave. Y decimos “engañosamente” porque, tras medio kilómetro sin sobresaltos, una recta se levantará literalmente ante nuestros ojos de forma tan abrupta como inesperada. A nuestra derecha, imponente, se yergue la peña en la que descansa, coronada por el castillo, la villa de Zahara de la Sierra mientras nos batimos con rampas del 12% y hasta del 15%.

Impresiona a la vista el pueblo de Zahara, uno de los más hermosos de Andalucía.

Llegamos al cruce y giramos a la derecha ya por la carretera del puerto propiamente dicha, cuando aparecen las primeras urbanizaciones de Zahara. Realmente a través de ellas podríamos atrochar, aunque es más recomendable, si queremos hacer algo de turismo por la villa, esperarnos al siguiente cruce y adentrarnos en su travesía para volver a salir más tarde y sin dar rodeos, a la carretera del puerto.

Zahara está declarada Conjunto Histórico Artístico desde 1983 representando un perfecto maridaje entre historia, monumentalidad y entramado urbano. No en vano es considerado uno de los pueblos más hermosos de Andalucía, que ya es decir.

Una vez dejado atrás el pueblo, estabilizadas las pendientes en torno al 5-6% -salvo algún pequeño tramo-, el ascenso se caracteriza por el curveo constante a media ladera y las vistas a la izquierda del ya mencionado embalse de Zahara-El Gastor en cuyo tornasolado color, frecuentemente turquesa, se pierden nuestras miradas.

Al levantar la mirada es fácil ver los característicos malecones encalados delimitando el trazo de la carretera en la ladera de la montaña… Por allí hay que subir.

Los blancos malecones del puerto marcan el trazado de la carretera en la ladera de la montaña.

Bien entrado el kilómetro séptimo y tras una corta bajada, nos vamos a encontrar con el desvío a uno de los espacios naturales más importantes de esta zona, La Garganta Verde, tajo horadado por el agua y refugio habitual de rapaces por donde caminando podremos contemplar la denominada “Ermita de la Garganta”, la más sobrecogedora de sus hendiduras.

Pasado el desvío –aprovechamos también aquí para beber de una de las pocas fuentes que hemos encontrado junto a la carretera-, tras el descansillo del puerto de los Acebuches, nos vamos a introducir en la segunda y más interesante mitad del ascenso. Por unos momentos podremos contemplar a nuestra derecha la magnífica extensión forestal que constituye el denominado “pinsapar” en la ladera norte de la Sierra del Pinar. El pinsapo, como es bien sabido, es un tipo de abeto autóctono de la Serranía de Ronda y la Sierra de Grazalema, estando emparentado con una especie del norte de África. Esta reliquia, protegida como no podía ser de otra manera, es uno de los principales atractivos del Parque Natural y, por suerte, encontraremos ejemplares de pinsapo en la parte alta del puerto, junto a la carretera, así que allá vamos.

En la ladera de la Sierra del Pinar, al fondo, crece el famoso bosque de Pinsapos, abeto característicos de estas sierras.

La pendiente aumenta levemente en esta parte final para no cejar, excepto en algún falso llano puntual, a la par que empezamos a gozar de unas espectaculares vistas del norte de la provincia gaditana, e incluso del sur de la de Sevilla, con pueblos blancos que se asoman sobre sus respectivos oteros: Olvera destaca, por su tamaño y su castillo, por encima del resto, aunque también puede verse al pie de la Sierra del Tablón los restos de la torre de Pruna; más cerca, en la ladera del Mogote de Líjar, descansa Algodonales bien regada por innumerables fuentes.

A la izquierda de la imagen vemos la hendidura de la Garganta Verde, mientras que detrás del embalse se muestra la Sierra Norte de Cádiz.

En nuestro pedalear, un par de giros a derechas casi consecutivos nos permiten adentrarnos en la montaña y toparnos, de bruces, con los denominados “Balcones de las Palomas”, esas herraduras encaramadas en pared de roca, prácticamente vertical, que nos hacen plantearnos cómo diablos a alguien se le puede ocurrir trazar por ahí el paso de una carretera.

Ya vemos los famosos “balcones” inmersos en el tramo más duro que nos resta.

Nos hallamos en el que es probablemente el kilómetro con mayor pendiente del puerto –culminado con rampas constantes al 10 y 11%- y el que se trata, tal vez, del momento clave de todo el ascenso, ya que cuando más trabajo nos está costando dar pedales, el puerto se nos muestra al completo dándonos las pistas de cuánto nos queda por recorrer… Si nos hemos vaciado demasiado hasta llegar a este punto, el final puede hacérsenos muy largo. Sin embargo, si tenemos paciencia y la mente fría, nos dispondremos a disfrutar del momento que hace de éste uno de los puertos más bellos de la geografía peninsular.

Damos inicio al tramo más escénico del puerto.

Tras un corto falso llano, al poco de retomar las rampas ascendentes, una herradura a derechas con fuerte pendiente da inicio a este bellísimo tramo para el que nos quedamos sin adjetivos. El cambio en el sentido de la marcha y el culebreo de la carretera nos van a permitir contemplar tanto una buena parte del trayecto superado como lo poco que nos resta hasta la cima del puerto. Hasta tal punto se retuerce la carretera que incluso llegamos a dudar, al verla frente a nosotros,  por que punto habremos de pasar primero.

La carretera se retuerce por la ladera de la montaña. Al fondo, en el centro, atisbamos el pequeño bosquete de pinsapos.

Al ganar una curva de vaguada a derechas, mediado el undécimo kilómetro, aparecen a nuestra izquierda –tal vez hayamos pasado por alto algún ejemplar aislado- un pequeño rodal de pinsapos al que antes hacíamos mención. Los pinsapos, aunque raleando en la empinada ladera, no nos abandonarán ya durante toda la subida. Son tan fáciles de reconocer como que asemejan en su forma al típico árbol de navidad.

Concede tregua la pendiente a medida en que rodeamos un escénico cerro con una panorámica excepcional. Al salir vemos, en primer lugar, la última curva de herradura y, en segundo, la penúltima –ya inminente- situada justo bajo el collado en que se ubica el puerto.

Sabedores de que ya no se nos va a poder resistir, este último kilómetro largo lo vamos a disfrutar de lo lindo… ¡Las cámaras de foto echarán humo!

Nos aproximamos a la última herradura

Y es que la última paella de este puerto es de las que no se olvidan en mucho tiempo. Aunque en esta parte final las rampas vuelven a apretar, pedalearemos hasta la cima casi ajenos al esfuerzo completamente embebecidos por la grandiosidad del lugar. Una vez arriba, serán de rigor la foto junto al cartel del puerto –cuya altitud, por cierto, es errónea- y asomarse al mirador de la cima, aunque haya que caminar unos pasos hasta allí.

En las últimas esribaciones del puerto observamos una buena parte del trayecto recorrido con un telón de fondo excepcional.

Repetir el ascenso será simplemente una cuestión de tiempo.

GALERÍA FOTOGRÁFICA.

Mapa:

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