Estado del firme:****
Dureza:*
Volumen de tráfico:*
Consejos y sugerencias: recomendamos afrontar la subida tras una ruta que, partiendo y acabando en Córdoba incluya la subida a las Ermitas, el puerto del Aire por el puente del Arenal y el paso por Villaviciosa de Córdoba. A ser posible evitar los rigores del estío.
Aún por descubrir para la gran familia cicloturista está el cordobés valle del Guadiato, auténtico vergel de Sierra Morena. La zona quizás no cuente con colosos como los de provincias no lejanas, pero acumula tal cantidad de puertos “menores” que un paseo puede convertirse en una auténtica emboscada, sobre todo si no somos buenos conocedores de la ruta y subestimamos su entidad.
Artafi es un puerto histórico, como otros muchos de la zona, que comunicaban la Sierra Morena con el Valle del Guadalquivir. Camino otrora de pastores, cabreros, mercaderes y estraperlistas, también lo fue para milicianos durante la Guerra Civil -cuando las vías de comunicación eran objetivo prioritario- lleva décadas asfaltado para disfrute y uso de cordobeses y amantes de la sierra.
Lo primero que nos sorprende al iniciar este precioso ascenso es la cantidad de agua que lleva el río incluso en fechas estivales: resulta agradable ver tanto caudal en una tierra calurosa como esta; en segundo lugar, el valle en sí: su vegetación de ribera, los riscos cercanos, la tranquilidad que este apacible entorno nos inspira.
Tras el revirado y técnico descenso de Los Boquerones, también llamado puerto de San Bernardo, cruzamos de inmediato el puente y comenzamos el ascenso. No es un puerto traicionero, sino que cuenta con rampas constantes suaves siempre rondando el 6% y llegando excepcionalmente al doble dígito.
Seguimos, al principio, la dirección del río hasta torcer la primera curva de herradura con alguna rampa suelta al 9% y, una vez tomada, vemos al frente el trazado de la carretera hasta la siguiente loma y percibimos la altura ganada sobre el valle que, a nuestros ojos, cada vez resulta más grandioso. Si el calor nos lo permite iremos aumentando nuestro ritmo de ascenso, aunque casi es mejor tomárselo con tranquilidad para disfrutar del puerto lo máximo posible, ya que cada curva propicia una nueva y diferente mirada a nuestro entorno.
Continuamos entusiasmados nuestro pedalear a medida que nos vamos adentrando en una extraordinaria foresta ya en los tres últimos km. que, de repente, nos impedirá divisar el paisaje del que nuestros ojos venían gozando hasta el momento. Incluso el aroma de un pinar cercano romperá en algún tramo el predominio de la dehesa. Hasta tal punto llega a espesarse la vegetación entre zarzas, arbustos y arboleda que llega a techarnos por completo durante unos cientos de gratísimos y sombreados metros: permítannos que estemos sorprendidos ante un derroche de humedad tal en plena época estival y en una tierra abrasada continuamente por el sol. Admirable de ver.
Entre la gozosa umbría y un suave descenso de la pendiente en el penúltimo kilómetro da gusto continuar y casi no nos damos cuenta de que la carretera sigue ascendiendo hasta que en un claro, que se abre de repente, coronamos el puerto en cuya cima, a nuestra izquierda, encontraremos un panel con información sobre el ascenso y el nombre del puerto.
GALERÍA FOTOGRÁFICA.









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