Andalucía Cicloturismo

La doble eme: rutas, altimetrías de puertos de Andalucía… Y mucho más.


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Al sur de Granada, Almuñécar-La Calahorra

Distancia: 220,1 km.

Dificultad: *****

Características: se trata de una ruta lineal de dificultad extrema, pensada más como una demostración de la dureza existente en la zona que como una etapa recomendable para un cicloturista. Sin embargo, es muy fácil extraer varias rutas menores más asequibles sirviéndose de los puertos empleados, como veremos en posteriores entradas del blog.

Fuentes conocidas: de todos los puertos que se ascienden tan sólo en La Ragua hemos visto fuentes. En cualquier caso, son varios los pueblos que se transitan donde podríamos abastecernos. Así, por ejemplo, en Lújar o en Murtas encontraremos fuente, por no mencionar bares y restaurantes.

Recomendaciones: cualquier valiente (mejor dicho, loco) que se atreva con semejante ruta debería, como mínimo, contar con un coche de apoyo.

Descenso del Haza del Lino por Polopos en plena Sierra de la Contraviesa.

Principales dificultades en orden de paso:

Collado de Ítrabo.

Alto del Conjuro.

Haza del Lino.

Venta de Sorvilán.

Venta del Chaleco.

Puerto de la Ragua.

Varios meses atrás, tal vez más de un año, presentábamos en la revista Desde la Cuneta un artículo sobre la provincia de Granada y una serie de puertos que adecuadamente dispuestos en ruta se enlazaban a la perfección para confeccionar una etapa de alta montaña.
Queremos mostrar ahora en nuestro blog una etapa que fácilmente podría equipararse con cualquier reina del Giro o del Tour, todo ello como una prueba más de que también en el sur de España hay montaña… y de la buena.
Es cierto, como detallaremos más abajo, que transitamos varios kilómetros sin asfaltar (menos de 7 km. en total), aunque también podríamos trazar una ruta alternativa que, ligéramente más suave, provocaría que el pelotón profesional acabara declarándose en huelga… Pero vayamos, sin más demora, a detallar la ruta.

El acueducto romano de Torrecuevas (Almuñécar), al poco de comenzar la ruta.

Comenzaríamos la etapa en la ciudad costera de Almuñécar, uno de los principales destinos turísticos veraniegos de la provincia de Granada, en plena “costa tropical”.
Como mero desgaste -o de puro vicio, si se quiere- vamos a ascender, en primer lugar el Collado de Ítrabo, un puerto muy cortito y con un inicio muy suave compartido con el famoso Mirador de la Cabra Montés. Precisamente al abandonar la “carretera de la Cabra” las cosas cambian y la cuesta se vuelve mucho más exigente durante los cuatro kilómetros que hay hasta el alto.

El Collado de Ítrabo con las Sierras de Tejeda y Almijara como telón de fondo.

El descenso, irregular, nos lleva primero por Itrabo y luego por Molvízar camino nuevamente de la costa. Destaca, en el paisaje, el hermoso pueblo de Salobreña encaramado a un cerro con sus blanquecinas casas y sus apretadas techumbres, vestigio del pasado musulmán de la comarca.
Una vez que llegamos a la antigua N-323 disfrutaremos de unos cuantos kilómetros llanos, prácticamente los únicos de toda esta ruta.
Seguimos en dirección sur hacia la costa y la N-340 para, una vez allí, girar hacia la izquierda en dirección a Motril. Precisamente hasta esta importante localidad costera nos vamos a desviar al poco para evitar, así, realizar un mayor número de kilómetros por una carretera que soporta un gran volumen de tráfico, sobre todo en los meses estivales.
Ya en Motril buscaremos la carretera que nos conduce hasta El Puntalón, en cuyas inmediaciones daremos por iniciada la segunda dificultad de la ruta, el Alto del Conjuro.
Más largo que el anterior ascenso, aunque sin rampas tan duras ni mantenidas, el Alto del Conjuro es uno de esos puertos que podríamos considerar traicioneros, pues aunque carece de kilómetros completos de verdadera entidad, no es menos cierto que cuenta con un asfalto muy rugoso, de esos que impiden deslizar la rueda y dan la sensación de que alguien nos agarra y no nos quiere dejar subir.

A punto de coronar el Alto del Conjuro con la Sierra de Lújar en primer término y las cumbres de Sierra Nevada a su espalda.

En cualquier caso, tomándolo con calma, nos permite gozar de unas excelentes vistas del mar de Alborán y, una vez nos desviemos hacia Lújar, de toda su sierra, de la Contraviesa e incluso de algunas cumbres de Sierra Nevada.
Su descenso, cortado por un repecho, nos conduce, como decíamos, hasta Lújar. Esta vertiente del puerto es quizás la más atractiva de las tres, sobre todo al atravesar una zona abundante en vegetación poco antes del pueblo. La travesía es estrecha y empinada. Una parada para abastecernos de agua en su fuente es más que recomendable, sobre todo porque el siguiente puerto es de los de sudar la gota gorda.
Salimos de la pequeña población por una carretera recientemente remozada camino ahora de Castell de Ferro. No obstante, no llegaremos a la localidad costera, sino que a unos seis kilómetros de la misma nos encontraremos, cruzado un puente, con el desvío hacia Rubite, pequeña población serrana por donde ha de continuar nuestra ruta.
La subida a Rubite forma parte de un puerto más largo que no es otro que el Haza del Lino, siendo ésta una de sus vertientes más duras (la de mayor dificultad, a nuestro juicio, de cuantas están completamente asfaltadas en la actualidad).
Pero es el ascenso hasta el pueblo lo más complicado del tercer escollo de nuestra ruta, ya que cuenta con casi ocho kilómetros continuos cercanos al 9% de pendiente media. Y aunque no encontraremos rampas imposibles, si que habremos de superar alguna punta de hasta el 15%.
Un breve descanso nos sitúa a pie del pueblo, mas lo vamos a esquivar girando a la izquierda para seguir hasta el Haza del Lino, como decíamos.

Sucesión de curvas de herradura tras Rubite (en primer término) en pleno ascenso del Haza del Lino.

Después de un primer kilómetro exigente, la pendiente dará tregua y nos permitirá regocijarnos con unas impresionantes panorámicas del pueblo, la costa y la sierra a base de trazar un buen número de curvas de herradura.
Llegados a un cruce, giraremos a la derecha buscando Albuñol para, tras poco más de tres kilómetros, alcanzar la cumbre del puerto y en descenso llegar hasta la venta del Haza del Lino, donde una parada para reponer fuerzas es obligatoria, como obligatorio será también asomarse al mirador de Baldomero para contemplar unas excelentes vistas de la costa granadina e incluso, en días despejados, de la africana.
Se encuentra la venta en una encrucijada de caminos que nos presenta dos opciones. Nosotros para continuar con nuestra ruta escogemos seguir en dirección a Albuñol, aunque no vamos a llegar hasta allí de forma directa, sino que antes vamos a dar un nuevo rodeo por la costa para afrontar la cuarta dificultad de la ruta.
Así, nos desviaremos hacia Polopos, localidad famosa por sus caldos, al poco de tomar el cruce para seguir descendiendo hacia la costa, concretamente, hacia Castillo de Baños. El descenso, por carretera estrecha y empinada, es bastante técnico e incluso peligroso, ya que no cuenta con protecciones de ningún tipo.
Llegados a Castillo de Baños, giraremos a la izquierda en dirección a Almería por la N-340 para buscar La Mamola y, poco después, Los Yesos.
A la entrada de Los Yesos será cuando nos desviemos a la izquierda para afrontar la cuarta dificultad del día, el ascenso a Venta de Sorvilán.
Lo cierto es que actualmente este puerto no se puede pasar en bicicleta de carretera porque los dos primeros kilómetros están de tierra y, por desgracia, en mal estado. Si hemos optado por incluirlo en esta ruta es básicamente porque, una vez acabada la pista de tierra y de forma sorprendente aparece ante nuestros ojos una carretera perfectamente asfaltada de unos seis metros de ancho. Es decir, falta por asfaltarse el tramo inicial y realmente está previsto que se haga, lo que no sabemos es cuándo. Tal vez, una vez que se acabe con la obra de la autovía del Mediterráneo se resuelva el “misterio”.
De hecho, al poco de comenzar el puerto, se atraviesa por la mencionada autovía en obras con unas rampas de bastante entidad. Y es que este puerto tiene unos primeros siete kilómetros de aupa, con un porcentaje medio superior al 9%. Incluso una simpática rampa inicial al 19% se aviene a saludarnos.

Exceptuando el tramo inicial, de tierra, la carretera de Sorvilán presenta un estado impecable y un panorama excepcional del Mar de Alborán.

Al transitar un colladito, en la llamada “Era de los carpinteros”, la pendiente bajará y nos permitirá disfrutar de la segunda mitad del puerto, más suave, que nos deja a la entrada de Sorvilán.
Justo a la entrada del pueblo decidimos girar a la izquierda por la antigua carretera -más estrecha, pero asfaltada- que, viniendo a salir igualmente a la carretera de Albuñol, lo hace a mayor altitud, justo donde se sitúa la antigua venta de Sorvilán, hito que usamos para nombrar el puerto.
Una vez allí, por fin, ganamos un nuevo, largo y merecido descenso, aunque esta vez por buena carretera enfilando -ahora sí- rumbo fijo a Albuñol.
El suave descenso invita a dejarse caer cuesta abajo y a pedalear sólo en algún punto en que la bicicleta pierde algo de inercia. Precisamente al salir de Albuñol, uno de las localidades de mayor importancia de la Contraviesa, y ganar la zona baja de la rambla de Albuñol el descenso torna falso llano, aunque siempre favorable. Si el viento no sopla en contra, lo cierto es que la bicicleta parecerá rodar sola.
Obviando el cruce con la N-340 continuamos en dirección a El Pozuelo, pequeña población situada en el lado de la rambla opuesto a La Rábita. Cuando la pendiente favorable se hace imperceptible, tras un giro a izquierdas, nos vamos a encontrar con el cruce hacia la penúltima y más temible dificultad de la jornada, el ascenso a Venta del Chaleco por El Collado, uno de los puertos de paso de mayor dureza que existen en la península.
En el mencionado cruce giramos a la izquierda por lo que en su momento fue la antigua nacional, tal vez una incorporación, que hoy simplemente nos sirve para acceder hasta el verdadero pie del puerto, varios cientos de metros más adelante, aunque la carretera ya viene picando ligeramente desde la costa.
Cuando tenemos la sensación de que no encontraremos salida por esta carretera, observamos a nuestra derecha un túnel que atraviesa bajo la nueva nacional… Por ahí hemos de seguir nuestro rumbo en lo que resultará, a buen seguro, un auténtico infierno.

Duras rampas de Venta del Chaleco, uno de los puertos de paso más duros de la península.

El puerto lo tiene todo: longitud, desnivel, rampas, belleza… incluso varios tramos cementados y otro de tierra de poco más de 2,5 km. de largo (aunque en este caso podremos transitar perfectamente, ya que el piso se encuentra en buenas condiciones).

Tramo de tierra junto a los típicos viñedos de la Contraviesa. No faltará de nada en esta ruta.

Lo peor, sin duda, será la primera mitad en que se suceden los kilómetros por encima del 10% con algunos más livianos. Además, el cemento y las rampas superiores al 20% harán estragos.
La segunda mitad del puerto, pese a los descansillos más largos y las pendientes menos demoledoras terminará, por la acumulación de esfuerzos, de vaciar las fuerzas que nos queden. Pero, lo que aún es peor, hay que recordar que todavía resta un morlaco de aupa.
Llegamos a las ruinas de la Venta del Chaleco, tras coronar unos cientos de metros antes, y giramos a la derecha en dirección a Murtas para afrontar el descenso de este grandísimo coloso que acabamos de superar. Dicho descenso, con frecuencia cortado por algún repecho, es también largo y por momentos revirado, pero será su irregularidad el factor más relevante del mismo al impedirnos recuperar fuerzas de cara al eterno puerto final.
Además, para evitar el llano, tras un par de cortos repechos previos a Ugíjar, nos vamos a desviar por una pequeña cota que dejamos sin puntuar -que no sea por trampas y encerronas- entre la anterior localidad y Cherín, punto de inicio del puerto de La Ragua.

El puerto de la Ragua presenta una apariencia “alpina” en su zona más alta. No en vano, supera los 2.000 m. de altitud.

Ya estrenado en el profesionalismo hace unos años, este collado de más de 2.000 m. de altitud y 1.500 m. de desnivel para unos 25 km. es la última gran dificultad de nuestra “ruta divertimento”. Sus pendientes siempre constantes y más empinadas en la parte inicial que en la final sirvieron de desgaste para una grandísima de la Vuelta a España etapa que acababa en Sierra Nevada por El Purche. Aquí sus rampas, en cambio, deberían cobrarse las víctimas de una tremenda maratón que con este ascenso superaría ampliamente los 6000 m. de desnivel acumulado.
Concluir en su cima, en la pequeña Estación de Esquí de Fondo de la Ragua, es una buena opción por aquello de la promoción turística y la comodidad logística. Además, ahí la etapa se quedaría en 205 km. prácticamente. Es decir, tampoco estaríamos hablando de una kilometrada de otra época.
No obstante, preferimos añadir el descenso -que cuenta con tramos bastante técnicos- y colocar el final de esta hipotética etapa en el Castillo de La Calahorra. Una impresionante construcción de época renacentista (de hecho es la primera construcción civil renacentista en España) que se ubica sobre un cerro perfectamente visible desde toda la comarca del Marquesado de Zenete.
La subida al castillo, que es propiedad privada, se encuentra sin asfaltar en su totalidad, aunque se trataría simplemente de unos 2 km. de longitud.

El castillo de La Calahorra (Laroles), monumento donde damos por concluida la ruta.

Desde luego, la austera belleza del monumento serviría de perfecto colofón para una etapa de dimensiones colosales dentro Andalucía, una ensoñación nuestra que simplemente viene a corroborar que también en el sur es posible diseñar etapones de alta montaña.

GALERÍA FOTOGRÁFICA.

Mapa:

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Peña Escrita, la animalada.

Estado del firme:***

Dureza:*****

Volumen de tráfico:**

Consejos y sugerencias: plato muy chico, corona muy grande… y a sufrir. Puesto que la bajada se realiza por donde se ha de subir, es conveniente una adecuada puesta a punto de los frenos, si no queremos llevarnos un susto innecesario.

Con un kilómetro al 16,5% de pendiente media entre otros de considerable dureza, Peña Escrita es con diferencia el puerto más extremo de Andalucía.

Pocas son las provincias españolas que pueden presumir de la riqueza paisajística y climática de que goza Granada: desde la franja desértica que linda con Almería, hasta Sierra Nevada, pasando por la costas mediterránea y tropical con sus playas, acantilados y calas de ensueño, olivo en el poniente, vergel alpujarreño, llanura en la vega, nieve en sus altas cumbres y, sobre todo, montaña, mucha montaña por doquier. Esta diversidad convierte Granada en una de las provincias más afortunadas de nuestro territorio y en una de las más apetecibles para los cicloturistas.

Los cultivos tropicales predominan en el inicio del ascenso.

En esta ocasión nos centraremos en ese privilegiado rincón del sur de la provincia en que se ubica Almuñécar. Allí, desde la costa tropical emerge la Sierra de la Almijara con continuos entrantes y salientes, con profundas ramblas y barranquillos: un terreno abrupto que ha sido modelado por el hombre para sacarle el máximo provecho. Al final del breve curso de sus ríos son comunes los invernaderos, que afean el paisaje marítimo a lo largo de toda la costa oriental andaluza, pero que proporcionan una de las principales fuentes de ingresos para sus habitantes. Río arriba, el valle se encaja entre empinadas laderas abancaladas con cultivos típicamente tropicales como chirimoyos, aguacates, kiwis o maracuyá al amparo de un microclima tan propicio como sorprendente en estas latitudes.

En este entorno de excepción se ubica un ascenso como pocos en nuestra geografía: Peña Escrita. Se trata de la carretera que, desde la sexitana barriada de Torrecuevas, trepa hasta las instalaciones de un zoológico y que, desde luego, sacará a relucir nuestra faceta más animal. Y es que no son muchos los puertos peninsulares como éste que admitan parangón con el inhumano Angliru por la dureza,longitud y la continuidad de sus rampas.

La comparación de sus rampas con las del mítico Angliru no es cosa baladí.

Un inicio irregular, aunque fragoso, abre nuestro apetito durante un primer kilómetro en que las pendientes, aún entre las calles de Torrecuevas, se disparan hasta rozar el 20%. Suerte de descansillos que nos conceden tregua antes de la verdadera traca. En plena bajada, tras pasar bajo la autovía, nos llama la atención una espiral que se retuerce en la ladera a modo de rosca de tornillo… sí, sí, por ahí hay que trepar.

Abandonada la barriada de Torrecuevas, donde se inicia el ascenso, nos topamos con una espectacular sucesión de herraduras con fuertes pendientes.

Tras pasar el puentecillo sobre el arroyo Seco las rampas se sitúan ya por encima del 20% como si nada a la par que comienza la sucesión herraduras ya a izquierdas, ya a derechas, hasta sumar un total de siete revueltas. Y, aunque la primera rampa es la más brutal, no debemos obviar que los números del kilómetro arrojan una pendiente media del 13,3%.

En pocos kilómetros abandonaremos los bancales y los cultivos tropicales.

Entre bancales continuamos el ascenso por rampas que rara vez flojean y que, cuando lo hacen, apenas sí nos dejan espacio para recuperar el resuello: no ralean picos del 20% e incluso más. Será tras salir de una doble herradura cuando la pendiente media de la subida descienda notablemente. Y, aunque las rampas de doble dígito siguen incomodando, los descansillos acaban por imponerse.

Abandonamos los cultivos tropicales a la par que ganamos la cuerda de la montaña por la que vamos a crestear durante los siguientes kilómetros.

Continuos descansillos alternan con duras rampas en un punto intermedio del ascenso.

En estas alturas de la subida la cuesta ha tornado irregular, con constantes repechones de fuerte pendiente y descansillos. La vegetación tropical abandona el margen de la carretera, quedando los bancales en las laderas vecinas, sólo algunos chalets y albercas jalonan nuestro camino hacia el zoológico.

Frente por frente una rampa de 200 m. mantenida al 20% de media con puntas del 24%…

Pero pronto, la visión frente a nosotros de la carretera ascendiendo recta por una ladera nos produce un escalofrío. El susto no será en vano, ya que se trata de un tramo de poco más de 200 m. en que la pendiente no baja del 20%… Suerte que luego nos topamos con un último falso llano previo a la traca final, porque el repechito nos dejará mermadas las fuerzas de cara a los últimos 4 km.

Aunque parezca mentira, todo lo anteriormente ascendido no era más que un aperitivo. Tras un último descansillo nos espera la traca final.

La pendiente irá in crescendo en el siguiente kilómetro hasta alcanzar nuevamente la inhumana cifra del 20%, pero en esta ocasión, además, lo hará de forma mantenida durante un kilómetro completo. La elección del desarrollo torna esencial llegados a este punto: echaremos mano del piñón más grande que hayamos montado y, con todo, se nos antojará corto.

El rústico portón es la puerta de un infierno que no necesita de canes de tres cabezas que la custodien.

El portón de “Peña Escrita” además de entrada del parque zoológico marca el inicio de ese devastador km. al 16,5 %. El abrupto paisaje, la roca escarpada, se hallan en perfecta consonancia con la cuesta, si bien, apenas podremos apartar la mirada de la carretera mientras nos esforzamos por mantener el equilibrio para no acabar con los huesos en ella, ya que la velocidad que desarrollamos supera con dificultad los 5 km/h.

Las crueldad de las rampas ponen a prueba nuestras fuerzas y nuestra habilidad sobre dos ruedas.

La puntilla nos la hundirá el hormigón, que viene a sustituir el asfalto en los dos últimos kilómetros, aunque la pendiente en un tramo intermedio se vuelve algo más humana: a estas alturas consideraremos descansillo una rampa del 10%.

Tras un “descanso” al 10% en un tramo ya con el firme hormigonado, el ascenso se recrudece.

Sin embargo, pasado el cartel indicativo del “Mirador de los Leones” la fiereza del puerto vuelve a mostrarse en su máxima expresión dándonos un buen zarpazo con una rampa a más del 20%.

La rampa de irregular hormigón no ceja hasta que se acaba la carretera.

Nuestras fatigadas piernas, nuestros brazos en tensión, nuestra sufrida espalda, todo nuestro ser en definitiva, tienen el único objetivo de doblegar el puerto o, por el contrario, caer extenuados en el intento. Y ahora ya rozamos ese objetivo con los dedos de la mano.

Última herradura tras el Mesón Cantalobos justo antes de culminar en la casa “El Jaral”.

Tras varias herraduras alcanzamos el Mesón Cantalobos y por unos momentos pensamos que ya está todo hecho, hasta que nos percatamos de que a nuestra izquierda el cemento sigue remontando la montaña… Unos últimos cientos de metros a más del 15%, una última herradura a derechas, la pista de despegue de parapentes y allí, junto a una casetilla, la carretera muere, sin salida alguna, a casi 1.200 m. de altitud. Insípido postre para un menú tan sabroso.

Grandes vistas en un descenso en el que cualquier precaución es poca.

Las vistas, eso sí, no defraudan: la Almijara, con la carretera de la Cabra Montés rayando la montaña, el Mediterráneo, Sierra Nevada, la Sierra de Lújar… Y al bajar, si los frenos aguantan, podemos entretenernos en la visita al zoológico. Desde luego, no se le puede pedir más a un puerto.

GALERÍA FOTOGRÁFICA.

Mapa: