Andalucía Cicloturismo

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Puerto de Alájar por Linares de la Sierra: joya onubense.

Estado del firme:****

Dureza:*

Volumen de tráfico:**

Consejos y sugerencias: es recomendable, a más de realizar una ruta por la Sierra de Aracena, detenerse en visitar la Peña de Arias Montano.

Últimos metros del Puerto de Alájar poco antes del mirador de su cima.

Linares de la Sierra es uno de esos pueblecitos serranos que enamoran con un simple paseo. Poco más de 300 habitantes, casas blancas, calles decoradas de manera peculiar con empedrados, los denominados “llanos” o “cuadros”, en la entrada de cada casa. En su arquitectura destaca el coso taurino, adosado a la Iglesia de San Juan Bautista (S.XVIII) e incrustado en la estructura urbanística como una plaza más de la localidad.

Linares de la Sierra, pueblo de visita bien merecida.

Escoltado por el Norte por la sierra que recibe su nombre, Linares descansa en lo profundo de un valle, como si quisiera escabullirse –inútilmente- de los numerosos visitantes que, atraídos por su merecida fama, acuden a pasear por sus recovecos y empinadas callejuelas.

Abandonamos el pueblo en un kilómetro de los que dejan huella. Rampas de doble dígito salpican la carretera que se apresura rauda en busca del cruce con la HU-8105. Un pinar flanqueará nuestro ascenso durante estas primeras estribaciones que, después del cruce, dará paso al tan característico encinar de las sierras onubenses.

Un primer kilómetro muy duro será la mayor dificultad de este “doble” ascenso.

Entre tanto, a nuestra izquierda dominamos el valle con una amplia visión sobre las colinas cercanas. El típico paisaje de la Sierra de Aracena consiste tan sólo en una sucesión de lomas que se pierden en el horizonte buscando la planicie del mar o bien la continuidad de otras lomas que parece no tener fin.

Donde los incendios no han hecho estragos, predomina la dehesa y el castaño, mientras que el pino de repoblación y el monte bajo dominan comúnmente las zonas damnificadas por el fuego devastador.

Pasamos junto a una fuente fuera de servicio antes de coronar el puerto de Linares.

Desde el cruce, la pendiente ha descendido notablemente hasta situarse próxima al 6% y así, sin sobresaltos, se mantendrá hasta que tomemos la cima del puerto de Linares, junto a un mirador que, honestamente, no merece la pena visitar, pues no nos ofrece ningún cuadro reseñable. Más bien parece que desde allí salga un sendero para disfrute del caminante. Señalados quedan ambos hitos para quien pueda interesar.

La vegetación cubre literalmente la carretera en el tramo favorable hacia Alájar.

El descenso es corto y rápido, pero lo que más nos llama la atención es la abundante vegetación que, por momentos, llega a cubrirnos. Especialmente espléndida se muestra hasta llegar a una vaguada a izquierdas, a partir de la cual las curvas dan paso a una zona más abierta y rectilínea que nos sitúa, primero, en el cruce hacia el pueblo de Alájar e, inmediatamente después, en el que hemos de tomar camino de Fuenteheridos, previo paso por el puerto de Alájar.

Retomamos el ascenso hacia la Peña de Arias Montano y el puerto de Alájar. En la curva la pendiente vuelve a ser exigente.

Tras la intersección, en la que enlazamos con la vertiente procedente del pueblo de Alájar, continúa el ascenso con una primera curva en herradura en la que la pendiente alcanza el 11% y que vendrá seguida por otras dos más. Precisamente en la tercera se sitúa la Peña de Arias Montano.

Este lugar parece haber estado reservado para la meditación y el descanso desde hace siglos, como muestra la constante presencia de ermitaños en la zona. Tal es la importancia del enclave que incluso el nombre de Alájar significa en árabe “piedra”. Pero la actual nomenclatura le viene dada por mor del humanista Benito Arias Montano, quien se retiró a este lugar buscando la paz y sosiego necesarios para un profundo estudio de las sagradas escrituras.

Ermita de Ntra. Sra. de los Ángeles en la Peña de Arias Montano.

En la Peña encontramos, entre otros monumentos, la ermita de Nuestra Señora de los Ángeles, de origen medieval, que guarda la imagen de la patrona de la sierra. Y un bellísimo mirador con vistas a la sierra y a Alájar. Pese a que la fuente que hay en el cruce está seca, una vez nos desviamos unos cuantos de metros buscando la ermita, encontraremos otra con varios caños bien fresca. Además, existe un área recreativa y un restaurante.

Coronamos el puerto. A la izquierda, el mirador.

Precisamente por la Sierra de los Ángeles, continuación meridional de la de Linares, ascendemos en pos del puerto. Llevaremos dirección norte durante casi un kilómetro –algo más exigente que el anterior- hasta que una última herradura nos haga torcer la marcha. Si la panorámica en el puerto de Linares era bella, ahora va a resultar excepcional, culminándose en la cima del puerto con un nuevo mirador en el que la parada resulta obligatoria y desde el que contemplaremos el pueblo de Álajar, las sierras circundantes e incluso la costa onubense en días despejados.

GALERÍA FOTOGRÁFICA.

Mapa:

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El Cabezo (Aracena), “HAC ITVR AD ASTRA”.

Estado del firme:*****

Dureza:*

Volumen de tráfico:*

Consejos y sugerencias: la carretera desde el embalse de Aracena hasta el propio pueblo es una cuesta de cómodo ascenso, sólo el repecho final hasta la antena de El Cabezo cuenta con rampas serias de verdad, además de un asfalto en malas condiciones, por lo que hay que cuidarse de no perder el equilibrio.

Magníficas vistas del Cerro del Castillo (Aracena) desde la carreterilla final de El Cabezo.

Sus engalanadas callejuelas y monumental estampa, ese cálido paisaje y amable paisanaje, su rica y distinguida gastronomía encarnan todos la esencia del “por aquí se va hacia las estrellas”, lema que blasona su escudo en latín, tanto cuanto su elevada posición en el enclave geográfico de la Sierra Morena onubense. Y si, por añadidura, afirmamos que el más admirado de todos los cielos se guarda como un tesoro en las entrañas de su castillo, no podemos estar refiriéndonos más que de Aracena, la capital del “Principado de las maravillas”.

Ni que decir tiene que en las siguientes líneas os vamos a presentar uno de los accesos a la localidad que confiere su nombre a las sierras que la rodean, montañas que conforman, por su especial relevancia botánica y faunística, uno de los Parques Naturales de la provincia y destacado hábitat de una de las principales fuentes económicas de la región, el cerdo ibérico.

Primeras estribaciones del puerto tras pasar la cola del Embalse de Aracena.

Comenzamos el puerto plácidamente en el puente que desde 1970 atraviesa las aguas del Rivera de Huelva en la cola del embalse de Aracena. La dehesa, el bosque autóctono de estas sierras, predomina en esta parte del Parque Natural merced a su aprovechamiento histórico por medio de la ganadería –carne y leche-, la caza, el corcho, el carbón y la apicultura, entre otras artes. Su diversidad es, pues, su esencial fuente de riqueza y su mantenimiento, por tanto, la prioridad de sus habitantes durante siglos.

En los siguientes kilómetros disfrutaremos de un paisaje integrado por un bosque mixto con preponderancia de encinas –su bellota es el alimento básico del cerdo ibérico- sobre alcornoques, quejigos y robles melojos.

Pronto giramos a la derecha en busca de Aracena por una carretera de constante tobogán y que, desde hace muy poco, cuenta con un nuevo y flamante asfalto para nuestro disfrute.

Asfalto impecable hasta llegar al pueblo.

Transcurrirán varios kilómetros sin apenas sobresaltos hasta que llegamos a la aldea de Carboneras. La población se ubica en torno a la iglesia de San Antonio, emplazada donde, según dicen, se aparecía por las mañanas el Santo, de modo que se acabó abandonando el antiguo asentamiento en que se situaba la aldea en la baja Edad Media por el actual. Ni que decir tiene que la iglesia, de estilo marcadamente mudéjar, es el más destacado –por no decir único- monumento del caserío.

En plena travesía de la pedanía de Carboneras por una callejuela empedrada.

Tras un fuerte repecho la travesía torna descendente por una calle empedrada hasta que, a la salida de Carboneras, cruzamos un arroyo y encontramos, por fin, un tramo serio de ascenso. Hasta Aracena restan poco más de 3,5 km. de, ahora sí, constante subida.

Entre cerradas laderas, rala vegetación, la carretera enfila rectilínea sentido sur, hacia el pueblo. De inicio se suceden las rampas entre el 8-10% de pendiente sin tregua, aunque la tendencia a medida en que nos acerquemos a la N-433 es decreciente.

Los últimos kilómetros hasta Aracena serán de constante subida.

Un último repunte de la carretera nos deja en una primera rotonda con salida hacia Portugal –que obviamos- y en una posterior que nos introduce de lleno en Aracena donde podríamos dar por acabado el puerto y disfrutar de los múltiples encantos de esta “capital” serrana que otrora llegara a ostentar incluso el título de “Principado de Aracena” junto con territorios aledaños a cargo del Conde de Altamira.

Fruto de una historia milenaria y de profundas raíces en la prehistoria, Aracena es un crisol de culturas que se manifiesta en un sinnúmero de monumentos de diversa índole y variado estilo: el castillo de origen almohade, iglesias gótico-mudéjares, renacentistas, edificios civiles góticos, renacentistas, barrocos… que merecen a todas luces un paseo por sus calles y una visita detenida, dejando a un lado por unos momentos nuestra bicicleta.

Sin embargo, aparcamos la excursión momentáneamente, para rematar la ruta ciclista, ya que en las proximidades de la N-433 encontramos una antena –de cota más alta que la que tiene la entrada del pueblo- hasta la que trepa una carreterilla estrecha y, en este caso, en mal estado por desgracia, sobre todo al inicio: se trata del paraje conocido como El Cabezo.

Aunque la dura rampa inicial de El Cabezo se encuentra muy deteriorada, el resto no plantea más problemas que la fuerte pendiente.

Para llegar allí habremos de continuar en dirección Sevilla y, al poco, ya en la N-433, atravesar la carretera –hay que cuidarse muy mucho del tráfico- para poder prolongar el ascenso. Aunque en lamentable estado, la fotografía de Aracena que nos deja su descenso es inmejorable: frente por frente sobre el cerro del castillo, erigida sobre las ruinas de una antigua fortaleza islámica, admiramos los restos de una fortificación probablemente templaria, dentro de la cual se conserva una iglesia gótica-mudéjar –obra también de los templarios- de los ss. XIII-XIV, a cuyos pies se esparce el caserío de Aracena y, aunque no se muestra a la vista, bajo las centenarias ruinas de la fortificación se encuentra la “Gruta de las Maravillas”, caverna de origen natural con más de un kilómetro de longitud y con distintas salas, lagos y -¿cómo no?- estalactitas y estalagmitas que conforman unos techos de soberbia figura verdaderamente admirables. En el antro, según la leyenda popular, un duende y una molinera ocultaron sus amores, unos galanteos que desde 1914, año de su apertura al público, buscan sin recompensa cuantos visitantes se adentran en sus entrañas. Impera ya, pues, aparcar la bici y dejarse llevar por los encantos de Aracena… hasta las estrellas.

GALERÍA FOTOGRÁFICA.

Mapa: