Andalucía Cicloturismo

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Almuñécar – Pico Veleta, ruta para un estreno soñado.

La ascensión hasta el pico Veleta es única en Europa por la altitud que se alcanza y desnivel que se ha de superar.

La ascensión hasta el pico Veleta es única en Europa por la altitud que se alcanza y desnivel que se ha de superar.

Inaugurada el mismo año que nació la carrera -casualidades…- , la carretera del Pico Veleta lleva aguardando décadas para ser estrenada en La Vuelta Ciclista a España. Cierto es que en Sierra Nevada (ya en Prado Llano, ya en Hoya de la Mora como muy alto) han sido muchas las ocasiones en que la prueba ciclista nacional ha puesto la meta, pero contar con la carretera asfaltada más alta de Europa y no haberla transitado nunca es uno de los debes de la principal ronda ciclista española, como bien sabe su director, Javier Guillén.

Algunos de los puntos más deteriorados han sido recientemente reasfaltados.

El hasta hace poco deteriorado estado del asfalto, afortunadamente arreglado en sus peores tramos, hacía cada vez más difícil el ansiado estreno que, no obstante, tampoco había llegado cuando el camino estaba impecable. Además, el hecho de que se encuentre en una zona protegida como Parque Nacional también parece una traba difícil de subsanar, porque no parece que una caravana ciclista con todo lo que mueve, sobre todo coches y público, sea lo más indicado para el bienestar del ecosistema…
Sin embargo, algo debe haber cambiado -sospechamos que, sobre todo, el interés del organizador- cuando el Sr. Guillén anunció en una entrevista no ha mucho que estaban trabajando para acabar en la cima granadina.
Seguramente -más allá de lo meramente deportivo a lo que nos referiremos más abajo- un final en el Veleta tendrá defensores y detractores, pros y contras. En el segundo de los casos, el asunto de la ecología es el principal factor que se puede esgrimir, y no baladí ciertamente. Sin embargo, como explicaremos, es posible tomar medidas para minimizar los posibles daños que se puedan causar.
Entre los argumentos a favor, sin duda el económico es el que prima, ¿cómo no?
Sierra Nevada es una estación invernal de primer orden y la campaña de invierno dejará, suponemos, pingües beneficios. Pero las excelentes infraestructuras de que goza la estación están claramente infrautilizadas durante el resto del año. Pues bien, el ciclismo y el cicloturismo son una muy buena opción para su aprovechamiento: en el primer caso porque cada vez son más los pros que deciden hacer su preparación específica en altitud en la montaña granadina; en el segundo porque, con una buena promoción -y ninguna mejor en este sentido que La Vuelta, si se hacen bien las cosas- la carretera del Veleta se llenaría de cicloturistas en la época en que la carretera permanece abierta -abierta para los ciclistas, que para el tráfico de motor está cerrada desde Hoya de la Mora-. El mejor ejemplo lo tenemos en Asturias con L’Angliru y, más recientemente, en Los Ancares lucenses.
Siendo como somos siempre personas respetuosas con el medio que nos rodea -que no se trata sólo de ser limpio y respetuoso con el campo, sino con cualquier espacio- el caso es que podemos presumir -ni lo pretendemos- de ser expertos en cuestiones ecologistas, lo cual no nos impide suponer que el posible paso de la carrera por el Parque Nacional provoque diversos problemas de índole ecológica: el humo que genera el paso de la caravana ciclista y la basura que genera la masa social a su paso, por ejemplo.
Si el paso en vehículo de motor está prohibido desde la Hoya de la Mora, será por algo, desde luego. Ahora bien, también cabe reseñar que se trataría sólo de un día. Y ni siquiera de un día al año, porque tampoco iba a subirse todos los años a la cima del Veleta…
El otro aspecto, el de la basura, es de más difícil solución, sobre todo porque la educación de un pueblo no se puede cambiar de un día para otro. Ahora bien, sin ánimo de caer en el argumento fácil y demagogo de “si los esquiadores o los senderistas también abarrotan el monte e igualmente lo ensucian, ¿por qué no iba a celebrarse una prueba ciclista?” (excusa que sólo nos llevaría a corroborar que vivimos en una sociedad vergonzosamente sucia y maleducada) consideramos que, con un poco de imaginación, se pueden tomar algunas medidas para paliar el paso de la carrera: por ejemplo, en el marco de una campaña de respeto y cuidado del monte, ofrecerle a los aficionados un recuerdo de la etapa, un detallito, si llevan a determinado punto limpio cerca de meta o donde convenga una bolsa llena de basura recogida en el monte.
Se trata de un ejemplo similar al de uno de los patrocinadores de La Vuelta, Ecopilas, pero llevado al ejercicio práctico.
En el lado deportivo, habrá siempre quien cuestione si es necesario un final en alto para una carrera en la que si algo sobran son finales en alto.

Se suba por donde se suba, el ascenso hasta el Pico Veleta es especial en el amplio significado de la palabra.

Obviamente, las cosas se pueden observar desde distinta óptica y, sobre todo, se pueden examinar en su contexto. Es decir, puede tratarse de un magnífico final dependiendo del recorrido global o puede ser un mal final. Ahora bien, está claro que nunca será un final más: eso es imposible dadas las características únicas de este ascenso.
Cierto es que la etapa se puede diseñar de múltiples formas y las variantes para iniciar ascenso también puede ser distintas. Y no podemos decir que todas nos agraden por igual. De nuevo cuestión de gustos, pero como en Granada y alrededores hay montaña para componer una magnífica etapa de alta montaña -y en los últimos años La Vuelta presenta una o dos de este corte- no vamos a conformarnos con un final unipuerto por mucho que el “unipuerto” tenga más de 30 km. de largo. De hecho, tampoco vamos a proponer una subida al Veleta “directa”, sino que, inspirados en el diseño de nuestros colegas de la Plataforma Recorridos Ciclistas (PRC), proponemos un primer paso por Sierra Nevada para un posterior bucle que nos lleve a la cima del Veleta (o casi, que hasta arriba del todo no parece viable).

Después de tanta matraca es hora de detallar nuestra propuesta:

Puertos puntuables:

Collado de los Poyos del Pescado (Cabra Montés).

Cumbres Verdes (sin el primer kilómetro y medio).

Collado del Muerto “El Purche” (desde el cruce al Área Recreativa “Los Llanos”).

Sierra Nevada (hasta pk. 27 aproximadamente donde se ubica el cruce a Pradollano).

Pico Veleta (desde pk. 17, primer cruce hacia Granada, hasta fin de asfalto).

Mapa de la ruta:

Distancia: 161 km.
Dificultad: *****
Características: ruta lineal con poco más de 6.000 m. de desnivel acumulado, por lo que se hace necesario llevar un coche de apoyo. El descenso de Cumbres Verdes tal como lo proponemos puede estar a día de hoy impracticable para bici de carretera.
Fuentes conocidas: subiendo el primer puerto las hay. Así como también en varios de los pueblos que transitamos, estando ubicada la última en Güéjar Sierra. En la estación de Pradollano se suele encontrar algún bar abierto para el abastecimiento. Si no, en Hoya de la Mora, antes de la barrera que impide el paso a vehículos de motor.
Recomendaciones: a más de contar con un estado de forma óptimo, la elección de los desarrollos se nos antoja esencial. Preferible abusar de coronas bien dentadas y platos minúsculos.

Empezamos en Almuñécar, al nivel del mar, para acabar a casi 3.300 m. de altitud en 161 km. de recorrido, ascendiendo entre medias un total de cinco puertos, de los cuales tres serían de primera categoría y un par de ellos de categoría especial, para superar más de 6000 m. de desnivel acumulado. Alguna licencia -mínima- nos vamos a tomar, como ya explicaremos, por no decir que tampoco está muy claro el lugar donde ubicar la meta más allá de Borreguiles, problema que deberá resolver la organización de La Vuelta, si finalmente empeñan en llegar a la cumbre granadina.
De salida ascendemos el archiconocido Mirador de la Cabra Montés (o Poyos del Pescado), un primera sin grandes rampas, pero de sobrada dificultad para propiciar fugas de nivel e ir calentando motores. Su corto descenso y un largo falso llano nos llevan a la Zubia para subir hasta la urbanización de Cumbres Verdes, con sus cuatro duros kilómetros estrenados hace poco por La Vuelta a España (y años atrás por la Vuelta a Andalucía). Como su descenso no está asfaltado, requeriría de un arreglo, concretamente de unos tres kilómetros: si en Andorra asfaltaron Beixalís y Gallina para la causa, nosotros no queremos ser menos ;-). Si no, la supresión del puerto tampoco variará en gran medida el diseño de la etapa, más allá del desgaste que supone ascender el puerto, porque ni siquiera la diferencia de kilometraje es sustancial.
El descenso de Cumbres Verdes nos deja en las calles de Monachil, al pie mismo de la subida a El Purche (Collado del Muerto), cuyas rampas también son bien conocidas por los profesionales y los aficionados y que, además, siempre funciona bien en carrera.
El rápido descenso del Purche nos lleva a Pinos Genil, donde inmediatamente comienza el ascenso a Güéjar Sierra que, aunque no es gran cosa, da cierta continuidad entre puertos, se considere o no parte del ascenso a Sierra Nevada.
Por supuesto, la variante que hemos escogido para nuestra ruta es la más dura, la de Haza Llana, pero prolongándola hasta la cota 2.380, lo que supone un puerto de unos 18 km. al 8% de pendiente media donde serán los 5 km. iniciales al 11% de pendiente media los que marquen claramente la diferencia… Muchos HC de pasos en la península nos los hay con esos números.
La bajada por la estación y por la carretera “nueva” nos lleva otra vez hasta El Dornajo, punto donde reiniciaremos el ascenso hasta el Pico Veleta por el Collado de las Sabinas. El bucle, de 23 km., permite un margen superior a 40′ entre paso y paso, que se nos antoja suficiente para evitar cruces entre los primeros ciclistas y los rezagados.
La subida última, también de categoría especial, es muy constante en su pendiente siempre entre el 6 y el 8%. Sus números también son de quitar el hipo, ya que cuenta con algo más de 22 km. ligeramente por encima del 7% de pendiente media y, sobre todo, con 18 km. que van desde los 2000 m. de altitud hasta los 3.300. Pocas veces la palabra “especial” se ajusta tanto a un puerto. La meta la colocamos en el más alto del los remontes de la estación de esquí, donde se observa una pequeña explanada que podría permitir ubicar una meta de circunstancias (contando con los habituales espacios que se usan en cotas más bajas).

Donde llegan los últimos remontes, tal vez pueda habilitarse una meta. Se trata justo del punto donde desaparece el asfalto. El espacio allí no sobra, aunque siempre pueden usarse para el grueso de la parafernalia los que existen en cotas más bajas.

Ortofoto extraída de googlemaps.

Obviamente no conocemos los pormenores que hacen posible la instalación de toda la parafernalia que mueve una carrera ciclista, por lo que es posible que estemos proponiendo un final inviable. Quizás el Radiotelescopio del IRAM, arriba de Borreguiles, sea una propuesta más realista, claro que en ese caso nos quedaríamos por debajo de los 3.000 m. de altitud.

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Cumbres Verdes por La Zubia, el recto camino.

Estado del firme:***

Dureza:**

Volumen de tráfico:***

Consejos y sugerencias: el tráfico en la aproximación y en la travesía de La Zubia suele ser incómodo y peligroso, mientras que la carretera hasta la barriada de Cumbres Verdes queda expedita. Caso contrario, siempre puede ascenderse por el carril bici.

Rampa final de Cumbres Verdes a la salida de la urbanización.

A menudo, cuando los ciclistas nos topamos con una cuesta o con un puerto que escala a base de fuertes rampas, solemos emplear la hiperbólica expresión de “cortafuegos” para hacer referencia a su excesiva dureza. Pues bien, esta expresión se ajusta a la perfección con el ascenso al zubietico barrio de Cumbres Verdes, porque lo cierto es que la carretera sube por un cortafuegos o, por lo menos, es la impresión que da esa larga y anodina recta, apenas adornada con algún leve giro, que nos conduce hasta la salida de dicha barriada, allí donde el asfalto desaparece para dar paso a una pista que continúa terriza hasta las entrañas de Sierra Nevada.

Pueden imaginarse que éste no es precisamente uno de los ascensos que más nos han gustado en esta provincia. Por lo menos, así no podrá acusársenos de deshacernos en elogios en vano cuando con otros puertos cuando así lo hemos considerado oportuno.

El inicio lo hemos situado a las afueras de La Zubia, en una rotonda ovalada frente a un centro comercial en la carretera procedente de la capital. Desde este punto la pendiente irá aumentando casi imperceptiblemente hasta situarse en un cómodo 6% a la entrada del casco urbano.

Tras esta rotonda, siguiendo de frente, nos adentramos en la Cuesta Corvales, punto en que las rampas ganan inclinación.

Una vez aquí y siempre en línea recta, pasado el Parque la Encina, encontraremos bien indicada la carretera que nos conduce hasta Cumbres Verdes. Hay que notar que, la vía más directa, la calle Cruz de San Antón, no nos es posible tomarla, pues actualmente la dirección ascendente por ella está prohibida. Esto nos obliga, siempre siguiendo los carteles indicativos, a desviarnos algo más adelante por la Cuesta Corvales.

Aunque la primera de las vías es la más directa y, por supuesto, cuenta con buenas rampas, no hay que pensar que la alternativa suaviza un ápice. Simplemente, llegados a un cruce, nos veremos obligados a girar a la izquierda y encontramos un corto descenso hasta volver a empalmar con la carretera de Cumbres Verdes para, una vez aquí, continuar la subida a mano derecha, siempre adelante y en línea recta… literalmente.

Abandonada la población, nos introducimos en los límites del espacio protegido de Sierra Nevada. Desde aquí unos cuatro kilómetros a más del 10% nos aguardan.

Atrás hemos dejado casi sin percatarnos La Zubia, localidad de que dispondremos grandes vistas a la vuelta –que se realiza por el mismo camino de ida- como de toda la Vega granadina.

Se trata de una población vecina a la capital nazarí, cuyos orígenes remontan a la prehistoria, aunque el asentamiento más antiguo mejor atestiguado es romano. Del árabe, por su parte, parece proceder el topónimo Zubia, “lugar hacia donde corre agua” o “lugar de retiro”, si bien su etimología no está totalmente aceptada por los eruditos. Desde luego, la huella del antiguo reino de Granada es bien profunda en los alrededores de la capital y lo cierto es que, si no el pueblo al completo, Cumbres Verdes sí que parece un lugar de retiro, una barriada residencial.

Al reentrar en la carretera nos topamos con el carril bici, sin lugar a dudas una alternativa más agradable, ya que busca constantemente el abrigo del pinar, mientras que la carretera, como decíamos, remonta lo que parece un cortafuegos. Además, algo de curveo siempre provocará un descenso, por leve que sea, en la pendiente.

El caso es que, como nuestras bicicletas son de carretera y, todo hay que decirlo, nuestra locura por las cumbres a veces muda en masoquismo, optamos por la opción más dura y fea. En definitiva, nos quejamos de vicio.

Recta, pinar y La Vega al fondo. Es todo lo que hay.

En lo meramente “deportivo”, desde este punto, el puerto cuenta con unos números magníficos, de no ser porque su longitud nos impide considerarlo un coloso. En cualquier caso, cuenta con unos cuatro kilómetros a más del 10% de pendiente media, lo cual nos permite considerarlo como un primera categoría. Para una carrera o para realizar entrenamientos, nos parece óptimo. Ahora bien, cicloturísticamente hablando, si pueden ahorrárselo, mejor. En Granada hay mucho y bueno donde escoger.

Y es que, una vez empezamos a pelearnos con el puerto, el tú a tú se convierte en un “a ver cuándo se acaba esto, que me está moliendo la espalda”. Y, lo peor de todo, es la poca variedad del ascenso, que no nos ofrece ningún caramelo, ninguna bizcotela en forma de vista panorámica con que endulzar nuestro sufrimiento. Sólo hallamos rampas por encima del 10% en una recta infinita.

Una recta que parece no acabarse nunca debido, principalmente, a las constantes pendientes por encima del 10%.

Tras pasar por el primer desvío hacia la urbanización nos restará algo menos de un kilómetro hasta que se acaba el asfalto, justo en un mirador desde donde –aquí sí- gozamos de alguna panorámica. De hecho es perfectamente visible el tramo final del vecino collado del Muerto (El Purche), puerto con que podríamos enlazar de no ser porque un par de kilómetros y medio de pista nos lo impiden, ya que otra vertiente de Cumbres Verdes por el barrio de La Vega aún no está completamente asfaltada (y tampoco sabemos si alguna vez lo estará).

El collado del Muerto (El Purche) al fondo es perfectamente visible desde la parte final de Cumbres Verdes.

Así pues, una vez se acaba el asfalto, tan sólo nos queda dar la vuelta por donde acabamos de subir, tensar frenos y, ahora sí, disfrutar de las magníficas vistas de la Vega de Granada que nos ofrece esta bajada.

GALERÍA FOTOGRÁFICA.

Mapa: